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| Los profesores de la sección 9 acusaron a la dirigencia del SNTE de haber elegido de antemano a una dirigencia afín. Foto: Saúl Castillo.
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“¡A los charros sacaremos!”, fue la consigna. A punta de mazos, picos y barretas, profesores de la sección 9 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) abrieron la puerta de las instalaciones sindicales de dicha sección, en la calle Belisario Domínguez, y desalojaron a 155 maestros de las secciones 36 y 11, quienes se encontraban parapetados en el inmueble.
Son las 17: 08 horas. La puerta metálica cede. “¡Vamos a tomar nuestro edificio, vamos por ellos!”, gritó uno de los profesores.
Adentro, en el primer piso, 125 personas se habían encerrado bajo candado. “Somos profesores de la sección 36, del Estado de México”, esgrimían. “Son golpeadores”, los acusaban los profesores liderados por el profesor Francisco Nicolás Bravo, recién nombrado secretario general de la sección 9.
La escisión se había producido horas antes. A las diez de la mañana en el Hotel Holiday Inn, marcado con el número 1507 de Calzada de Tlalpan, había comenzado el 23 Congreso Extraordinario mediante el cual se elegiría a la plantilla dirigente de la sección 9.
Los profesores de la sección 9 acusaron a la dirigencia del SNTE de haber elegido de antemano a una dirigencia afín.
Y cerca de las 14 horas se tomó la resolución final. Un Comité Seccional alternativo, el cual más adelante elegiría si la escisión se profundiza: hablaron de conformar un nuevo sindicato entre los cerca de 38 mil maestros de educación básica, preescolar y de educación especial del Distrito Federal.
Allí se tomó la otra determinación. “Vamos a recuperar nuestro edificio”, dijo una voz. Todos asintieron y a las 16: 02 horas arribaron cerca de 300 profesores ahora disidentes a la sede sindical de Belisario Domínguez.
Salieron a relucir los picos, mazos y barretas. Elementos de la Secretaría de Seguridad Pública tenían la orden clara y precisa: no intervenir. Nunca lo hicieron.
A las 17: 58 horas los hombres atrapados en el interior deciden claudicar y abandonar el edificio. Se hace un cero de profesores. Uno a uno los 125 profesores, “golpeadores” acusaban a los de la sección 9, quienes comenzaron a salir en medio de una valla humana.
Antes se había negociado. “Respetaremos su integridad física”, decía Francisco Nicolás Bravo.
Comienzan las mentadas de madre. El coro de “¡traidor, traidor!” acompaña a los 125 hombres.
Lo mismo se repite en el segundo piso. Allí otros 30 hombres que dijeron pertenecer a la sección 11 abandonan las instalaciones.
“Recuperamos nuestro edificio”, dice una voz triunfadora. Afuera, en medio de la incipiente lluvia, los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública federal resguardan a los supuestos traidores.
“Este es un asunto sindical, no queremos fotos”, increpa un profesor a un elemento de seguridad. El hombre vestido de azul baja la cámara fotográfica y asiente. No más fotos oficiales.
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