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Parado en un camellón, Antonio espera cruzar la calle para dirigirse a trabajar a uno de esos tianguis que puntean cualquier ciudad mexicana en un día determinado. De pronto, con el estruendo típico del caucho rayando el pavimento, dos judiciales se bajan de un Stratus y lo meten al auto en medio de amenazas cumplidas de violencia física y del soez léxico ministerial.
En el camino, quién sabe a dónde, aterrado, desorientando, angustiado, Antonio pregunta el motivo de la detención. Por respuesta… Usted se imagina. ¿Destino final? Un reclusorio. Ahí, en las audiencias respectivas ante un juez penal, una mecanógrafa, diestra incuestionable en el manejo del español o dueña de la más palmaria ignorancia, le denomina el “externante”.
Así no empieza EL EXTERNANTE, que es la extraordinaria relatoría fílmica de Roberto Hernández y Layda Negrete sobre la pesadilla de Antonio y su familia; pero así empezó la historia real que la película retrata y denuncia y que mi esposa y yo pudimos presenciar el sábado pasado.
Filmada a lo largo de dos años en uno de los lugares más inaccesibles para una cámara (un reclusorio y sus juzgados penales), la película es una narración a cargo del propio acusado y Hernández y Negrete lo siguen a él por el reclusorio y en el juzgado y, a su familia, amigos y vecinos, en la lucha contra la arbitrariedad: una sentencia de 20 años de prisión por un homicidio que se le imputa, al parecer injustificadamente.
Por ser abogado, pensé que la película sería un retrato costumbrista de las vicisitudes de la profesión y me anticipé recordándole a América que en este país, Franz Kafka, autor de EL PROCESO, sería notario público o cronista de la ciudad. ¡Grata y mayúscula fue mi sorpresa por lo que vi! Verdaderamente magistral, la forma de contar la historia, de presentar a los personajes, de exhibir la perenne estulticia del Poder Judicial, la impunidad sempiterna de la policía judicial, la inepta soberbia del Ministerio Público (que no sé por qué se llama “representación social”) y las condiciones infrahumanas de la vida en reclusión, me metió de lleno a la pantalla y pasé esas dos horas apretando el estómago por el coraje y la mano de mi esposa por la angustia.
Me indigné con la cantidad de violaciones cometidas en agravio de Antonio, no sólo desde la aprehensión misma, obviamente producto del azar y no de la investigación, sino a lo largo de los DOS procesos penales de primera instancia seguidos en su contra (uno nulo y otro en reposición del primero).
Los personajes, memorables por verídicos, son literalmente, de película. Un juez procaz que al parecer ayuda al único y falso testigo; un agente del Ministerio Público que dice ensoberbecido que “su chamba” es acusar (y no investigar); unos policías de narco-corrido que en presencia del juzgador amenazan envanecidos al defensor y, naturalmente, (para mi regocijo cuando menos) un abogado quijotesco que, con lo que puede, los combate a todos (¿o al sistema entero?) y que encarna el axioma “El derecho se sabe; la justicia se siente”.
Por inesperado, no le cuento el final para que vaya al cine, destino de toda buena película, pero debo confesar que agradecí a Felipe Gómez, el editor en jefe, que la música de salida sea una canción alegre de un conjunto grupero muy popular.
EL EXTERNANTE es una denuncia estrujante pero acuciosa del estado en el que se encuentra el sistema de justicia penal mexicano, con todo y la reforma constitucional de junio pasado (que en ciertas materias agravará la situación, por haber liberado a las policías del mando del MP y suprimir el careo, por ejemplo).
Aunque aún está en “obra negra” y aborda un caso particular para hacer una denuncia general sobre el caso mexicano, la película tiene ya valor universal pues lo que muestra no es exclusivo ni de este país ni de este hemisferio y lo veremos cuando gane premios de la crítica en los respectivos festivales (empezando por los de Morelia y Guadalajara) y Roberto y Layda pasen a ser “rock stars” de la denuncia social y del cine mexicano.
Hernández y Negrete son abogados, y eso en vez de ser el defecto perfecto, es la virtud indispensable que subyace al ineludible éxito de EL EXTERNANTE. Ambos entienden como nadie los recovecos de la averiguación previa, del juicio penal y del derecho penitenciario, pero cuentan con dos ventajas adicionales: primera, el apoyo de enormes patrocinadores como The William and Flora Hewlett Foundation, Ernesto Canales Santos y RENACE ABP, la beca Gucci-Ambulante (de Gael García y Diego Luna) y el prestigioso fondo holandés Jan Vrijman. Segunda, el don de “poner en español” simple y llano pero con elocuencia, que el sistema de justicia mexicano está en su más oscuro momento y que precisamente por eso (me da la impresión) está a punto de amanecer, siempre y cuando no nos quedemos callados y hagamos algo ya, como una excepcional película sobre el tema o algo así, como escribir sobre ella e ir a verla cuando llegue a las salas de cine.
sergioj@gonzalezmunoz.com |