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La carretera “verde” y mi abuelita en avioneta

David Gutiérrez Fuentes | Opinión
Jueves 31 de Julio, 2008 | Hora de creación: 00:00| Ultima modificación: 01:44

ESTÁBAMOS A FINALES DE MAYO y Calderón se pavoneaba por Centroamérica pronunciando palabras a propósito de la desigualdad que implica en términos económicos luchar contra el calentamiento global desde el tercer mundo. Días después la ONU le entregó al Presidente un Reconocimiento Global de Liderazgo por su materia en defensa ambiental. Para Rippley. El hecho es que no pasaron ni dos meses, las aguas se calmaron y en la Gaceta Oficial de la Semarnat se oficializó lo que era por todos conocido: la autorización para construir una autopista que vendría a fraccionar todavía más al Gran bosque de agua con los inminentes peligros que esto traerá para nuestro depauperado entorno ecológico.
Los estudios histórico-ambientales del doctor Francisco Romero, del Departamento del Hombre y su Ambiente de la UAM-Xochimilco, establecen un análisis comparativo desde la década de los cincuenta hasta la actualidad. A partir de esta línea de investigación podríamos decir que la primera gran división de esta reserva la propició la autopista México-Cuernavaca, inaugurada en 1952.
Para nadie es un secreto el agotamiento natural de la zona hacia ambos lados de la carretera; agotamiento, hay que reconocer, que se acentúa dramáticamente en los linderos de la ciudad de México. Aún así, todavía quedan zonas núcleo muy importantes en el Gran bosque de agua, que comprende la confluencia de tres estados: Edomex, Morelos y DF, que se verían en grave riesgo si son partidas o atravesadas por otra autopista.
EN EL MEDIANO PLAZO la construcción de la autopista Lerma-Tres Marías traería graves consecuencias ambientales, culturales y ecológicas. Además, si somos observadores del crecimiento de la población y la voracidad del sector inmobiliario, podríamos convenir en que los medianos plazos de hoy son muy relativos. Lo que es peor: son periodos de tiempo realmente cortos. Reparemos en algunos daños que se nos estarían avecinando:
1) Desabastecimiento de agua para la ciudad de México y agudización a la problemática del suministro que ya padecen los estados de México y Morelos. Hablamos de un dato curioso, pero veámoslo con un ejemplo visual: de cada cuatro vasos de agua que nos llegan a la ciudad, tres provienen de la captación del Gran bosque de agua. Así de simple.
2) Debido a los aspectos geológicos que presenta la zona, se encontraría en peligro de extinción el 2% de la biodiversidad de todo el mundo. Todavía se ven pumas en algunos lugares de esta reserva, había lobos que nos acabamos y existen especies endémicas y autóctonas severamente amenazadas.
3) La autopista, más allá de las limitaciones que se les impongan a los especuladores o los llamados desarrolladores, facilitará, por un lado, la tala de árboles y, por otro, propiciará el desarrollo de fraccionamientos “campestres” o multifamiliares que irán minando lenta e inexorablemente la captación de agua. De hecho el 90% del Gran bosque de agua está compuesto por terrenos protegidos por legislaciones federales que la Semarnat y los gobiernos estatales de Morelos y el Estado de México ignoraron olímpicamente. En otras palabras: Calderón, Peña Nieto y Adame, unidos como mosqueteros para agudizar el cambio climático.
El paso que sigue, ya manejado como “control de daños” para bajar el nivel de crítica ante la atrocidad ambiental que se nos viene encima, es llamar al tramo carretero la “autopista verde”. No hay más que recordar a los “taxis ecológicos” para esbozar una sonrisa. Somos un país de cómic. Lo peor es que la Semarnat cuenta con el apoyo de algunos académicos ingenuos (prefiero dejarlo ahí) que le permiten justificar las arbitrariedades jurídico-ambientales que perpetran contra la ciudadanía. Cito a uno de ellos, de apellido Ceballos, entrevistado por la reportera Verenise Sánchez, ayer, en las páginas de este diario: “la construcción de dicha autopista ‘es compatible con el medio ambiente, de hecho se podría aprovechar para reforestar la zona e incluso se crearían empleos locales, la intención es generar riqueza y no pobreza’”. Lo más lamentable es la visión paternalista que todavía tienen muchos investigadores del papel que juega el Estado; Estado-depredador, añadiría yo. Cito otro párrafo de optimismo desbordado del maestro Ceballos: “el gobierno del Estado de México aceptó la propuesta de donar un peso por cada coche que transite por esta carretera para un fondo ambiental que beneficie la zona. Se tiene contemplada la recaudación de 250 millones de pesos al año”.
CON LA CARRETERA “VERDE” se están creando nuevamente falsos dilemas a los que podríamos darles algunas respuestas. Veamos dos.
1) Es necesaria para el desarrollo y la comunicación de los estados periféricos. Respuesta: es muy discutible (y trágico en un país como el nuestro), que sólo esos proyectos se consideren como generadores de desarrollo. Además, existe una propuesta de conexión Lerma-autopista México-Cuernavaca que no impactaría al Gran bosque de agua: ¿por qué no se toma en cuenta esa propuesta? Por la obvia razón de que para los desarrolladores inmobiliarios que están con las uñas puestas en la zona, la segunda opción no es atractiva.
2) Vuelvo a citar a la reportera de Crónica para plantear el segundo dilema. “Gerardo Ceballos afirmó que a pesar de que no sea construida la autopista Lerma-Tres Marías, de todas formas van a desaparecer muchas especies animales y plantas por el crecimiento de la población”. En otras palabras, como el gobierno hace mal su chamba permitiendo los crecimientos irregulares, la invasión de predios (y vuelvo con Tlalpan como ejemplo de estas atrocidades) y la degradación ambiental, dejemos que ésta se lleve a cabo como hasta ahora sigue y además de manera concesionada. Respuesta: una zona cuyos terrenos están protegidos en más de un 90% debe seguir protegiéndose sin ponerla en riesgo, limitando su crecimiento y colaborando con los pobladores que ya se asentaron ahí para cuidar este patrimonio natural que nos provee de agua, contribuye a atemperar el cambio climático y posee una fauna y una flora que por el más mínimo sentido de dignidad humanitaria estamos obligados a defender.
El doctor Romero tiene mapas muy detallados que me mostró de la zona de riesgo que en breve serán dados a conocer, junto con otra serie de documentos, a través de Greenpace-México. De cualquier forma, pongo a su disposición su correo electrónico para quienes tengan interés en conocer y luchar desde su trinchera por nuestro Gran bosque de agua: rmfg1302@correo.xoc.uam.mx.
Finalizaría con una cita de Roberto Gómez Navarrete, presidente del movimiento ecologista del Estado de México: “una autopista, sea cual sea, que vaya atravesando por bosques, suelo fértil y lagunas, es una agresión no sólo a las especies, sino al hombre”.

dgfuentes@hotmail.com

 
 
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