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Perdimos la guerra contra las bandas que trafican drogas? ¿Los sicarios desfilarán triunfantes por Paseo de la Reforma? ¿El Chapo Guzmán se integrará al Consejo Mexicano de Hombres de Negocios? ¿Nuestros destinos turísticos serán de sol, playa y mota? ¿Habrá que reivindicar a Rafael Caro Quintero? ¿Como tampoco podemos con los secuestradores, el siguiente paso es legalizar el secuestro? ¿El nuevo escudo nacional será un águila, parada sobre un nopal, fumando mariguana?
Mensajes cruzados
Imagino que la ciudadanía, pero en particular los padres de familia, deben estar perplejos ante la iniciativa para reformar la Ley General de Salud, a fin de despenalizar la siembra, cultivo, distribución y consumo de mariguana. Su desconcierto está de sobra justificado.
Durante años hemos escuchado, en todos los foros, que la droga es maligna y que las personas que la venden son enemigos de la sociedad, que pueden llegar a realizar actos terroristas como el registrado la noche del 15 de septiembre en Morelia.
Por tal razón, el Estado emprendió una guerra en la que participan no sólo los agentes federales, sino también de manera masiva soldados e infantes de Marina; que constituyen, lo sabemos todos, la última trinchera de la Nación. La guerra ha causado miles de muertes, no sólo de pistoleros de las bandas que se disputan los territorios, sino de integrantes de las fuerzas armadas y personas comunes y corrientes que estuvieron en la hora y el lugar equivocados.
Entre analistas se ha registrado una polémica sobre si la estrategia elegida es correcta, o si primero se debió privilegiar el aseguramiento de fronteras y aduanas, la depuración de los cuerpos policiacos, la detección de operaciones de lavado de dinero y en general un trabajo de inteligencia.
Pero legalizar la mariguana y proponer que nuestros campesinos se organicen para sembrarla, en lugar de cosechar legumbres o frutas y abrir establecimientos, a manera de Oxxos, para que la gente se surta de tres cigarros por cabeza, es un disparate, así lo haya propuesto una persona sensata como Víctor Hugo Círigo, que si bien obtuvo sus quince minutos de fama, también logró meter en camisa de once varas a su propio partido, el PRD.
Marcelo no fuma
¿Como no podemos con los matones del narco hay que unirse a ellos y darles el premio de la legalización? Por lo pronto, Marcelo Ebrard se curó en salud. Adelantó que su gobierno está en contra de la iniciativa de Círigo, ya que podría aumentar el consumo. El Jefe de Gobierno señaló que no deberíamos irnos a medidas para facilitar la venta y el consumo y no le interesa que la mariguana sea más barata y accesible para los adolescentes de secundaria. La dirigencia del PRD-DF ya dijo que se trató de una iniciativa que no representa la posición del partido.
Se equivocan quienes sostienen que legalizar la droga y la prostitución ha resultado benéfica para metrópolis como Ámsterdam. Al contrario, los habitantes de esa ciudad, no los turistas que van a reventarse, están hartos de que se les considere el burdel de Europa y buscan fórmulas para recomponer el tejido social y dignificar su centro histórico, guarida de drogadictos llegados de todos los continentes. Tal vez en ciudades como Oslo, donde el mayor peligro es el aburrimiento, cabría el debate para legalizar la droga y que sus artistas se entretengan y puedan hacer viajes mágicos. Ellos no tienen a los sicarios apuntando al país con un AK-47. Son circunstancias distintas. En México sería declinar ante los cárteles.
Los jefes mafiosos, a quienes se premiaría por haber vendido mariguana, tendrán la cobertura perfecta para seguir con sus demás actividades ilícitas, pues el crimen organizado no conoce límites, de manera indistinta vende mariguana, cocaína, trafica con personas, con armas, vende artículos de contrabando, ejecuta, decapita, secuestra, extorsiona. No es un grupo de comerciantes especializados en venta de mariguana, a los que se podría incorporar a la legalidad, constituyen un ejército paralelo al que se le abriría una oportunidad de financiamiento legal.
La perspectiva políticamente correcta es considerar el consumo de drogas como un problema de salud. No parece que sea sólo un problema de salud. Tiene cara de ser un desafío para la seguridad pública, incluso para la seguridad nacional. A finales de septiembre escribí que la gente que consumen drogas, de manera ocasional o sistemática, ya sean celebridades del espectáculo, figuras del mundo empresarial, periodistas, poetas, novelistas, burócratas o vagos, deben tener plena conciencia de que forman parte de un negocio infernal que está diluyendo al Estado mexicano.
Lo que procede en las actuales circunstancias es emprender una vasta campaña, en la que participe el gobierno y los partidos, pero también empresarios, organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos en contra del consumo de drogas, de mariguana, pero también de cocaína y drogas sintéticas. Hay que dejar de darle nuestro dinero a los narcos.
Consigné en una colaboración anterior una declaración de Fernando Solana Morales, en el sentido de que el mayor error estratégico del gobierno mexicano en su guerra en contra del narcotráfico, fue no exigir que el gobierno de Estados Unidos la declarara al mismo tiempo. Procede que el diputado Círigo emprenda su cabildeo en el Capitolio para que en el extenso territorio norteamericano se apliquen los mismos criterios, de manera que no se acentúe el desequilibrio.
Tensión empresarios–gobierno
La relevación de Agustín Carstens, secretario de Hacienda, de que empresarios mexicanos operaron en contra del peso y son responsables de la caída de las reservas del Banco Central es otra señal, acaso la más clara, de la creciente tensión que existe entre el gobierno de Felipe Calderón y un sector de la comunidad empresarial.
Los empresarios y el gobierno panista son aliados naturales, conformaron la coalición que derrotó, con buenas y malas artes, a Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial del 2006, pero entre ellos no hay empatía. Con cierta regularidad, capitanes de la industria exteriorizan, sin molestarse en ocultarlo, su descontento con el rumbo del país, con la forma de gobernarlo, con el equipo de Calderón, sobre todo con “los cuates” del mandatario que se han atrincherado en el gabinete.
Es muy remoto que las operaciones especulativas que consumieron parte de las reservas tengan consecuencias jurídicas, pues tipificarlo como delito es complicado, pero ya hubo una reacción política. Los organismos que representan los intereses de los empresarios se inconformaron con el trato que han recibido en este lance y exigen al gobierno que modere los calificativos.
Por supuesto, que los políticos emanados del PRD y del PRI han aprovechado para sacar raja; pero ellos, los empresarios, saben que fue el gobierno panista el que puso el tema en los medios. El 2009 está a la vuelta de la esquina, por lo que no tendrán que esperar mucho para demostrar su molestia. Lo harán cuando Germán Martínez, dirigente nacional del blanquiazul, recorra los corporativos para pasar la charola.
jasaicamacho@yahoo.com |