
|
| Ayuda. El jefe de Gobierno entregó apoyos económicos a personas de la tercera edad. Foto: Notimex.
|
|
|
En un Auditorio Nacional lleno de adultos mayores, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon, no pudo contenerse ante las muestras de gratitud y cariño que recibió por parte de los presentes, de tal modo que casi llega al llanto.
Aun cuando los ancianos llegaron al inmueble dos horas antes del evento, el aire gélido de la temporada no acalló las porras, los gritos y los vivas para el mandatario local, propios de un concierto.
En la primera fila lo esperaba parte de su gabinete, entre ellos, Mario Delgado, de Finanzas; Martí Batres, de Desarrollo Social; Benito Mirón, de Trabajo y Fomento al Empleo; Armando Ahued, de Salud; y Ariadna Montiel, directora de RTP, quien prestó los camiones para trasladar a los adultos mayores desde las 16 delegaciones políticas hasta el Coloso de Reforma.
Fue Rosa Isela Rodríguez, directora del Instituto para la Atención del Adulto Mayor, quien estuvo a punto de arrancarle las lágrimas al mandatario local, luego de leer una carta que le dirigió la señora Raquel Molina, una de las cinco mil beneficiarias del Programa de Pensión Alimentaria para Adultos Mayores de 68 años.
En la misiva, le describió lo que casi toda persona adulta mayor vive: soledad, problemas económicos, de salud y la indiferencia de la gente más joven.
El semblante del jefe de gobierno, quien vestía traje azul, camisa blanca y corbata roja con vivos blancos, cambió de la extrema alegría, por los aplausos y gritos de aceptación, a la tristeza, cuando la señora Raquel Molina le dijo que los adultos mayores son como los muebles arrumbados.
El clímax para Marcelo Ebrard fue cuando escuchó que gracias a su apoyo ahora este sector de la población tiene para comprar con 822 pesos al mes, leche, pan, galletas, arroz, aceite, azúcar, carne y hasta dulces.
El jefe de Gobierno del DF, que se caracteriza por tener un carácter sobrio y hasta irónico, esta vez mostró su lado sensible ya que le subió el color al rostro e hizo un esfuerzo real por no llorar cuando al final de la carta se le comparó con un ángel.
“Gracias, Marcelo, gracias de todo corazón, porque yo siempre había creído que los ángeles existían y ahora tengo el mío propio, nunca se me olvidará esto… Señora Raquel Molina”.
Al percatarse de la emoción que embargaba al jefe de gobierno, el maestro de ceremonias que siempre lo acompaña rompió con el emotivo momento al llamarlo al escenario principal del Auditorio para hacer entrega de 16 tarjetas a igual número de personas provenientes de las delegaciones.
Más tranquilo, Ebrard Casaubon exhortó a los capitalinos a defender los programas sociales que significa el bienestar de la población y no olvidar nunca para qué se fundó México como una nación independiente.
Consideró que en lugar de gastar mucho dinero en grandes fiestas para el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, se debe cambiar la realidad social, para que nadie sea atropellado, humillado y olvidado, declaraciones que también fueron ahogadas por los aplausos de los asistentes, quienes amablemente fueron conducidos hasta los mismos autobuses de RTP que los llevaron al Auditorio Nacional. |