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Terminó la discusión por la Ley de Ingresos. Empieza la disputa por el presupuesto. Estos episodios los vivimos año con año con la excepción de que en esta ocasión nos encontramos en medio de una crisis financiera mundial. La Ley de Ingresos dejó más impuestos y con ellos muchas insatisfacciones y preocupaciones. En septiembre, el Ejecutivo prometió cambios de fondo y a los días mandó una propuesta meramente recaudatoria. No hay cambios, no hay estrategia, no hay visión de Estado, no hay proyecto de nación.
La discusión de la Ley de Ingresos y Egresos vuelve a mostrar la estrategia inmediatista por encima de las consideraciones para el desarrollo del país y el bienestar de todos los mexicanos. No hay proyecto para enfrentar la crisis financiera y económica, y ello no es cosa menor; si se siguen tapando hoyos habrá un imparable deterioro de las condiciones de sociales, que se verán aún más amenazadas por la violencia, la inseguridad, la pobreza y un sistema político disfuncional.
Como no se cuenta con un proyecto de nación, no se tienen claras las prioridades. Por ello, nunca habrá presupuesto que alcance y, peor todavía, no se sanearán las finanzas públicas. Un deterioro mayor en las finanzas públicas agravará los problemas que ya tenemos como país: habrá menos y peores servicios de salud, la educación irá en debacle, no habrá recursos para mantener los servicios públicos indispensables y, por tanto, ni pensar en aumentar la inversión.
Una vez más los mexicanos fuimos engañados. El reconocimiento de la gravedad de los problemas que enfrenta México por parte del Ejecutivo quedó en el cajón de los buenos deseos. Nada se ha hecho para parar, ya no digamos revertir, los efectos de la crisis que hacen estragos por todos lados. Tenemos una caída de la economía nacional de más del 10 por ciento y contamos con niveles de desempleo y pobreza que no se registraban en décadas. ¿Hasta cuándo habrá pasos en firme? ¿Hasta cuándo se les dará a los mexicanos un proyecto de nación que traspase sexenios y dé certidumbre?
La reforma fiscal se vuelve inaplazable, pero también urgen reformas integrales en el ámbito laboral, de salud, educativo, de seguridad, energético, etcétera; es decir, urge un rediseño del Estado mexicano, y ello sólo se logrará con la construcción de un proyecto de nación que no dependa exclusivamente de la clase política, sino que en esa edificación participen todos los sectores: sociales, económicos, culturales, académicos, todos, sin excepción.
Desafortunadamente el tiempo de agota. El calendario electoral parece regir, sin consideraciones, los propósitos. Pero también es cierto que se necesita de mucha voluntad política y si ponemos el interés general sobre los particulares, seguramente buscaremos las vías, los tiempos, antes de que sigamos caminando en este callejón sin salida.
El proyecto de nación y las reformas consecuentes para ponerlo en marcha pueden no requerir mucha ciencia, pero sí mucho consenso. De un día a otro no se resolverán todos los problemas de México como por arte de magia. Será un proceso largo y quizá difícil en un principio, pero si se planean bien los objetivos, se diseñan las estrategias y todos los involucrados cumplen con su parte, en pocos años ya no tendremos una rebatinga en el Congreso por los impuestos y la distribución del presupuesto, y lo que es mejor, podemos estar en condiciones de ser un país atractivo para la inversión, un país con crecimiento sostenido, con niveles mínimos de pobreza, con educación de calidad; en una frase, un país en desarrollo real.
La ciudadanía ha mostrado su hartazgo a la clase política. El voto en blanco o el voto nulo son manifestaciones sociales que pueden ir en aumento. Si la razón de ser de los políticos deben ser los ciudadanos y el desarrollo del país, ya no podemos mostrar más desinterés, incapacidad o insensibilidad para intervenir de manera definitiva y empezar a arreglar los graves problemas que aquejan a México. A nuestro país y a todos los mexicanos nos urge arribar a consensos para estructurar un proyecto de nación viable para las condiciones sociales, políticas, económicas y hasta de idiosincrasia que permitan a México direccionarse en la vía del desarrollo y no volver a salir de ella.
Senador del PRD
rene.arce@congreso.gob |