
|
| Drama. El Papa Benedicto XVI escucha al director de la FAO, Jacques Diouf, durante la apertura de la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, la primera tras conocerse que hay más de mil millones de personas hambrientas en el mundo. Foto: EFE
|
|
|
Ni uno solo. A la sede en Roma de la organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) no se presentó ayer ni un jefe de Estado o de gobierno del Grupo de los 8 (EU, Japón, China, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia), con la excepción obvia del anfitrión del evento, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi.
A la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria enviaron embajadores o secretarios de segundo nivel, a pesar de que este año saltó la alarma tras el anuncio dramático del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, presente en la inauguración, de que, por primera vez, se había superado la barrera de los mil millones de hambrientos en el planeta, un sexto de la población mundial
“Hoy van a morir...” Ban Ki-moon intentó ayer no rebajar el dramatismo tras las frialdad de las cifras: “Hoy van a morir 17 mil niños en el mundo de hambre”. Con estas duras palabras abrió su discurso que, sin embargo, no fue escuchado personalmente por los líderes que tienen en sus manos cambiar esta intolerable situación.
Igual de contundente se mostró Benedicto XVI: “Basta de opulencia y despilfarros. Basta con la explotación de los países más pobres”.
Por su parte, el director general de la FAO, Jacques Diouf, se lamentó de que “las naciones ricas, justo aquellas que podrían cambiar las cosas, han desertado” de la cita romana.
Declaración de intenciones. Los que sí están, algunos jefes de Estado, en su mayoría de países en vías de desarrollo y delegados de 60 países, elaboran un documento de apenas siete folios, cargado de buenas intenciones y dividido en cinco puntos, entre los que destaca un vago compromiso de reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre antes de 2015; esto es, a rebajarlo en una cifra cercana a los 500 millones de personas. En otro de los puntos se anima a los países del G-8 a “respetar plenamente la palabra dada en (la pasada cumbre de) L’Aquila”, cuando los grandes decidieron destinar 22 mil millones de dólares en tres años, pero el tiempo corre y no se concreta ningún proyecto ni sueltan dinero.
En saco roto ha caído el requerimiento de Diouf que hace unos días pidió el doble. El Objetivo del Milenio establecido en 1996 nunca había parecido tan lejano: los países ricos reducen sus contribuciones a la FAO y el número de personas que sufren el hambre ha tocado cifras nunca vistas en la historia.
Como anticipó el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, la cumbre que se clausura mañana miércoles será “la de la desilusión”. |