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HOY QUE LEO en El País, vía ejecentral, que el Washington Post cierra sus oficinas en Chicago, Los Ángeles y Nueva York confirmo que la tendencia al cambio de dispositivo papel por pantalla va más rápido de lo que muchos suponen. En este planteamiento no voy a entrar en el terreno de las ideologías porque tengo pensamientos encontrados que expongo con frecuencia en mi blog; veo pros y contras en este proceso, pero de que estamos en un proceso de cambio no hay ninguna duda. En la misma nota de El País se da cuenta de esa tendencia que va al alza.
IGNORO SI LA IMPRENTA va a desaparecer, pero muchos libros ya se venden o se bajan gratuitamente para leerse en soportes informáticos y la misma tendencia al alza en la lectura de la prensa por la red la podemos constatar. Si a ese panorama le sumamos los recortes al rubro cultural y publicidad en revistas, es un hecho que los medios que entiendan y se adapten a este proceso tendrán mayores posibilidades de sobrevivencia, con todo y fenómenos como el cierre de Soitu.
LA MANIDA REFERENCIA del teatro que no fue desplazado por el cine y el del cine que no fue desplazado por la televisión se tiene que superar. Se trata de falsos ejemplos, o, digámoslo con más propiedad, de ejemplos no muy afortunados. En todo caso en la cadena teatro-cine-tv, hay una constante: el eslabón más débil en términos cuantitativos lo tenemos en el teatro y estaríamos incurriendo en una locura si pretendemos asignarle valores cualitativos a medios que tienen semánticas diferentes aunque en su ADN haya genes compartidos.
EN EL DILEMA: papel/pantalla no habrá desplazamientos pero sí reacomodos cuantitativos muy severos. Los impresos convencionales (folletos, envolturas, carteles, etc) seguirán con amplios mercados, pese a dispositivos digitales de lectura flexibles (papel y tinta electrónicos) que presiento serán la estocada de gracia para relegar todavía más a la imprenta a segundos planos.
COMO CRONISTAS y no futurólogos de las TIC, podemos aventurar conjeturas. He aquí una que no me parece descabellada y que, insisto, la propongo sin carga ideológica porque tengo pensamientos encontrados: quienes aspiren hacer negocio con la propagación de temas científicos, periodísticos o intelectuales (el literario y el artístico merecen atención separada) con alto contenido de texto por la vía exclusiva del papel, atravesarán tiempos difíciles y mirando un reloj de arena de manera angustiosa.
DICHO DE MANERA más elemental: si un inversionista con pretensiones editoriales me preguntara en qué invertir su dinero, y me pusiera frente a un dilema ¿en una máquina de offset (con todo lo que esto implica) o servidores? Mi respuesta sería en taxis o en servidores. Finalmente, y en buena medida por el crecimiento exponencial de la lectura en red o a través de la red (cuando encontramos algo y lo imprimimos), la sobreoferta del offset le permitiría a mi hipotético asesorado maquilar tirajes en papel sin arriesgar inversión en tecnología con futuro incierto.
A LOS SOCIOS DE PERIÓDICOS que sólo cubren el frente impreso (deben ser ya muy pocos) o a los editores que subordinan su página electrónica a criterios de trabajo de las noticias redactadas por personal acostumbrado a las rotativas y el olor de la tinta, les recomendaría leer la Prensa sin Gutenberg, porque van a tener dilemas que enfrentar si es que no los están enfrentando ya: regalar gran parte del tiraje o de plano todo, como lo hace con éxito la revista El Búho desde hace ocho años garantizando la circulación del impreso.
LO QUE ESTÁ A DEBATE, lo que es fondo porque está implícita la forma (es decir el dispositivo) es el cambio de semántica de la que somos observadores y a la vez actores. Transcribo dos párrafos inquietantes pero muy ilustrativos de un artículo titulado: El libro en la tormenta digital, firmado por Cédric Biagini y Guillaume Carnino, editores responsables de L’echappée. La traducción obedece a Florencia Giménez Zapiola y el texto circuló en la sección de Le Monde Diplomatique para México, Centroamerica y Estados Unidos. Las referencias en corchetes son de mi cosecha.
“CUANDO ESTÉ DISUELTA la materialidad del libro – y toda la cultura que lo acompaña- su textualidad se descompondrá. Se volverá un objeto hepermediático y la reproducción de su forma tradicional stricto sensu en formato digital, no durará mucho. A los sostenedores de la coexistencia digital/papel, recordemos que, durante los treinta años que siguieron a la aparición de la imprenta, la producción de manuscritos se desarrolló considerablemente, hasta la saturación del mercado; luego siguió la evolución generalizada hacia la imprenta. Y poco a poco el manuscrito se volvió un objeto de colección. El paralelo con la situación actual es sorprendente (sobreproducción, etcétera), considerando que los argumentos en favor de los modelos de biedición papel/digital hacen del libro un producto digno de interés únicamente por su cualidad de objeto gráfico.”
Y como buenos editores finalizan con un párrafo que muchos podrían reivindicar: “El libro de papel [y la prensa por extensión], en su linealidad y su finitud [arquitectura cerrada], en su materialidad y su presencia, constituye un espacio silencioso que hace fracasar el culto a la velocidad y la pérdida del sentido crítico. Es el punto de anclaje, un objeto de inscripción para un pensamiento coherente y articulado, fuera de la red y de los flujos incesantes de información y de solicitud, sigue siendo uno de los últimos lugares de la resistencia.”
Para pensarse sin medios tonos.
sangre-binaria
dgfuentes@hotmail.com
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