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| Factores. Humberto Suazo anotó el gol del pase a las semifinales, mientras que el Rolfi fue incapaz de marcar diferencia.
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Condenado a repetir sus errores, incapaz de aprender del pasado, Jesús Ramírez y sus futbolistas han fracasado una vez más por haber querido administrar ventajas pírricas en lugar de buscar triunfos categóricos y el castigo ahora si es rotundo: adiós liguilla.
Un gol del chileno Humberto Suazo a los 79’, que significó el 1-1 en el marcador del juego de vuelta y el 1-2 en el marcador global, cambió el rumbo de la eliminatoria en la que el América parecía haber reunido los méritos suficientes para solventar su pase a semifinales sin tanto sufrimiento, pero flojeó antes de lo debido.
Después de haber dado un buen primer tiempo, y de haber despilfarrado infinidad de ocasiones de aumentar su ventaja, una vez más, se durmió en la recta final, jugó a la especulación, confió en que las manecillas del reloj hiciera el resto, y dejó que el partido se hiciera viejo sin liquidarlo, quedando a expensas de la suerte o la capacidad de los extraños.
Efectivamente fue Jonathan Orozco, el arquero del Monterrey, el gran hombre de la noche, aciaga para Salvador Cabañas, errático como pocas veces, pero los factores determinantes en el final fueron las posturas de ambos entrenadores, uno consciente de que tenía que morir matando y otro que apostó a un conformismo ruin.
Inicio pintado de amarillo. América arrancó tan bien, que convirtió desde el primer cuarto de hora al portero Jonathan Orozco en el jugador más activo de Rayados. El equipo de Vucetich otorgó demasiado la iniciativa y no supo evitar el control de la pelota de los locales ni contrarrestar el ímpetu de los pupilos de Jesús Ramírez, que no tardaron en acosar al arco rival, ante el cual tuvieron al menos tres claras opciones de abrir la cuenta y empatar el marcador global.
Luego, a los 32’ una buena combinación de Pavel Pardo y Daniel Montenegro culminó con un potente y bien colocado disparo del volante mexicano que obligó a Jonathan Orozco a realizar otra muy buena atajada para evitar de nueva cuenta el gol americanista. Posteriormente a los 37’ otra vez Jonathan, con un manotazo salvador impide que con venenoso cabezazo de Montenegro se incrustara en su cabaña pegada al poste.
Parecía desvanecerse el dominio azulcrema cuando a los 41’ el panameño Felipe Baloy cometió una imprudencia, al patear a Valenzuela mientras buscaba despejar un balón. Finalmente la patada fue señalada por Marco Rodríguez como penal y éste transformado en gol por Salvador Cabañas, que ejecutó al centro del arco y engañó al buen portero del Monterrey.
Rayados reacciona; América afloja. Vucetich empezó a mandar su equipo hacia delante y realizó paulatinamente tres cambios claramente ofensivos mientras su rival, se dejó estar pasivamente sin que su entrenador quisiera meterle mano al partido. Pudo encontrar el empate a los 58’, luego de una gran pared de los Martínez, en decir Diego y Osvaldo, que acabó con una definición forzada del paraguayo que se impactó en el poste de la portería de Ochoa, otra vez superado en la salida.
A los 63’ el juego pudo definirse pero Salvador Cabañas, extrañamente, perdonó el 2-0 tras un contragolpe nacido de una aparente falta sobre Walter Ayoví no sancionada por Marco Rodríguez. El paraguayo, tras un pase de Montenegro tuvo a su disposición un inmejorable mano a mano para superar a Orozco pero por enésima ocasión el arquero impidió el daño desviando el disparo.
A los 78’ Abraham Carreño, ingresado como relevo, controló un balón con el pecho dentro del área del América y en una incómoda media vuelta se quedó a centímetros de igualar el juego. Fue el preludio del gol, que llegó instantes después cuando De Nigris bajó un balón en el área americanista y la dejó a expensas de Humberto Suazo, quien eludió a Ochoa y se metió a la portería con todo y pelota para marcar el 1-1 cuando ya el equipo capitalino lucía demasiado replegado.
Para colmo, además de perder el juego tácticamente, una vez más Jesús Ramírez perdió la compostura y se fue expulsado por agredir verbalmente a Suazo, a quien incluso pareció retar a los golpes. Una muestra más de su escaso control emocional y de que su evolución como estratega sigue pendiente. |