
|
|
|
|
|
El vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), Jesús Galera, responsabilizó a los rectores de las universidades del país de fomentar la piratería editorial, pues sus estudiantes optan por sacar copias más que comprar libros, lo cual genera a esta industria una pérdida por seis mil millones de pesos anuales.
Ante esta situación, el funcionario mencionó que resulta alarmante el hechode que en las escuelas, donde se debe educar para la legalidad, es el lugar donde más se infringe la ley, pues los profesores, con facilidad, piden a sus alumnos sacar copias de los libros .
Por ello, dijo, la CANIEM colabora junto con la Procuraduría General de la República para que en estas instituciones se fomente, desde el rector de la escuela hasta los alumnos, la cultura de la legalidad en los libros.
Explicó que la piratería industrial, que es la que vende copias ilegales de libros completos, genera una pérdida de dos mil millones de pesos para los autores.
En el caso del fotocopiado, el problema es más severo, pues se fotocopian cerca de 25 millones de ejemplares, lo que representa un costo de cuatro mil millones de pesos; es decir, el doble de la piratería industrial.
Una de las medidas que propone esta institución, dijo por su parte el Presidente del Consejo Directivo de la CANIEM, Gonzalo Araico Montes de Oca, es que la Secretaría de Educación Pública (SEP) agregue en los libros de texto de educación Cívica y Ética una leyenda alusiva a los derechos de autor y editor, para que desde pequeños, los alumnos estén conscientes de la legalidad en los libros.
Otra de las medidas que se tomarán, si el Congreso aprueba su propuesta, es el pago de una cuota por parte de las empresas fabricantes de las máquinas fotocopiadoras, y los fondos que resulten de ese cobro, serán destinados a crear campañas de concientización para difundir entre la población la cultura de la legalidad.
Además, se contratarán abogados para defender los derechos de los autores y, si es que sobran recursos de este pago, repartirlos entre los miembros de la CEMPRO.
La CANIEM, agregó, creó el Centro Mexicano de Protección a los Derechos de Autor y del Editor (CEMPRO), que firma licencias con los centros fotocopiadores para que éstos paguen una cuota, ya sea por copia vendida o por alumno, y estos recursos sean destinados a resarcir las pérdidas económicas.
Sin embargo, el avance no ha sido significativo, pues aún se registran saldos negativos.
Copiar es más barato que comprar un texto
Las fotocopias de libros en los alrededores de instituciones universitarias del Distrito Federal cuestan en promedio 20 centavos, si se trata de textos inferiores a cien hojas, y 15 centavos cuando rebasan esa cifra.
Entre los textos más solicitados en las clases universitarias, se observa la diferencia que existe entre comprar un libro y fotocopiarlo.
Régimen Jurídico del Comercio Exterior en México, de Jorge Witker, tiene 534 páginas y cuesta 450 pesos en librerías.
Si los estudiantes lo fotocopian completo el monto total que pagan es de 40 pesos con cinco centavos, si se quiere engargolar el precio sube 10 pesos más; es decir, representa poco más del 10 por ciento del precio de lista.
El Capital, de Carlos Marx, del FCE, tiene 849 páginas y su costo es de 238 pesos.
El volumen fotocopiado de forma íntegra, cuesta 63 pesos con 75 centavos; es decir, erogan sólo el 26.5 por ciento del costo.
México ocupa el primer lugar en reproducir publicaciones de manera ilegal
[ Leticia Martínez ]
Alternativa para los jóvenes de escasos recursos o comodidad para todos los estudiantes, las fotocopias se han convertido en el principal auxiliar de estudio de los alumnos en la educación media superior y superior.
Tan sólo en las instituciones públicas metropolitanas más pobladas, como la UNAM, el IPN y la UAM, se produce cerca de medio millón de fotocopias al día, según los cálculos de los trabajadores de esos lugares, pues para los alumnos es más económico sacar una fotocopia que comprar un libro, en razón que cada copia tiene un costo de 15 ó 20 centavos.
Datos del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (Cempro), muestran que el fotocopiado es una de las actividades que acapara más de la mitad del mercado editorial y México ocupa el primer lugar a escala mundial en reproducción ilegal de libros mediante el fotocopiado.
Precisa, además, que de los 92 millones de libros que según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana se han editado en promedio en los tres años recientes, 28 millones han sido fotocopiados; es decir, casi la tercera parte.
Pero en el mundo de las fotocopias no sólo los estudiantes aprovechan sus ventajas, también los profesores, pues muchos de ellos dejan el texto con el cual van a trabajar y encargan el número de juegos suficientes para sus alumnos, testifica uno de los encargados de este servicio en la Facultad de Filosofía de la UNAM.
De acuerdo con información obtenida en la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), desde hace varios años las universidades y algunas empresas de fotocopiado pagan parte de sus ingresos por concepto de derechos de autor y así evitar que la pérdida económica sea mayor, sin que ello perjudique a los estudiantes.
Sucede que el perfil de los estudiantes de la enseñanza media superior y superior en las instituciones públicas, de acuerdo con la ANUIES, muestra que más de la mitad de la población estudiantil pertenece a familias cuyos ingresos no rebasan los tres salarios mínimos mensuales.
De esa forma, el subsidio a los alumnos es una parte fundamental del trabajo de las instituciones públicas, no sólo respecto al servicio de fotocopia, sino también a la impresión de trabajos en computadora o el uso de Internet, que desde hace cinco años se ha sumado a uno de los beneficios más solicitados por el alumnado.
El mundo de las fotocopias en las universidades públicas se ha convertido en una parte fundamental de la dinámica de estudio, incluso los propios alumnos se organizan para conseguir los materiales sin necesidad de formarse.
Julio Fernández, estudiante de quinto semestre de la Facultad de Economía de la UNAM explica que los libros que solicitan los maestros "resultan muy caros para muchos de nosotros y preferimos pedirlo prestado al maestro, sacarlo de la biblioteca o conseguir que alguien que ya lo tiene nos lo facilite y nos cooperamos para sacar varios juegos, porque entre más fotocopias saques te salen más baratos".
Aceptó que esta actividad puede ser considerada como ilegal, pero “un estudiante pobre sólo tiene dos caminos, o incurre en este delito o de plano renuncia a estudiar, porque los libros están muy caros”.
|