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El encanto y el misterio de la casa del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez en su natal Aracataca sucumbieron ante una plaga de murciélagos que ocupa la vivienda donde el Nobel colombiano recreó Cien años de soledad.
El profesor e historiador colombiano, Giovanni Mulford, señaló que “algo tenemos que hacer para que los murciélagos no terminen con la casa de Gabito, como una cruzada mundial para rescatar este patrimonio cultural de la humanidad”.
Mulford es un promotor de la historia de Aracataca, que recorre a diario las calles para promover la obra garcíamarquiana en plazas, escuelas, el río, la iglesia, la estación del tren y todos los escenarios del imaginario Macondo.
Recordó que García Márquez visitó Aracataca en 1983, al año siguiente de ganar el Nobel de Literatura, “y junto con su gran amigo de infancia Lucho (Luis) Correo y otras personas del pueblo lo acompañamos a recorrer las calles”.
En ese paseo por Aracataca “pasamos frente de su casa y recuerdo que le dije ‘Gabito, por qué no entramos ahí’. Le señalé con el dedo su casa y me respondió en forma tajante, pero amable, ‘yo a esa casa no entro’”.
La antigua residencia de los García Márquez ahora tiene un primer cuerpo de concreto por donde se cruza a lo poco que queda de la parte original del inmueble y donde hay un viejo aviso con una derruida fotografía del escritor.
El cartel tiene la leyenda “aquí nació Gabo el 6 de marzo de 1927. Como todos los artistas geniales inventó un nuevo lente: el realismo mágico”.
Un primer cuarto de la casa se presenta decorado con un viejo telégrafo que trae a la memoria al padre del escritor, además de una destartalada máquina de escribir, sillas de madera destruidas y un viejo retrato en blanco y negro del autor de El amor en los tiempos del cólera.
En un segundo espacio hay una puerta semidestruida, un dibujo a pluma en homenaje a la novela del escritor colombiano El Otoño del Patriarca y dos deteriorados retratos de los padres del Nobel de Literatura 1982.
A la salida de estos dos lugares existe un corredor en cuya pared de tablas sobresalen los retratos de dos de los mejores amigos de García Márquez: Rafael Escalona, el más representativo autor del vallenato, y el fallecido Alvaro Cepeda, autor de La Casa Grande. |