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Uno de los documentos de mayor importancia en los meses recientes, por no decir en los años recientes, es el discurso del general Guillermo Galván Galván, secretario de la Defensa Nacional, el pasado jueves en Nuevo León durante la conmemoración del “Día del ejército”.
Sus palabras no han sido lo suficientemente analizadas por nuestros severos tratadistas, debido a varios fenómenos, el más evidente de ellos, la referencia presidencial a los traidores cuya conducta se opone a las fuerza armadas en el combate necesario y generalmente aceptado en contra de la delincuencia organizada y el narcotráfico, cuyo siguiente paso (según Gerardo Ruiz Mateos, quien al parecer nada más repite palabras de otros) sería la presidencia de la república, circunstancia gravísima en contra de la cual se ha levantado la fortaleza absoluta del estado mexicano en esta lucha a veces incomprendida.
Pero sobre esa lucha y la forma como se desarrolla nos ha hablado en tonos sumamente importantes el general secretario quien ha puesto varios dedos en las llagas jurídicas del país. Especialmente en una: la necesidad de contar con un marco jurídico para justificar y respaldar las acciones de las Fuerzas Armadas en materias ajenas a su estricta competencia institucional.
Después de leer los puntos centrales del alegato jurídico castrense del general Galván, uno se pregunta si no debió haberse planteado este “desiderátum” antes de llevar el Ejército a las calles y no hasta ahora, pero sabemos de una vieja costumbre mexicana: primero ponemos el tren y luego las vías; metemos el Metrobús y luego le hacemos el piso por donde debe circular o de plano colocamos los bueyes detrás de la carreta y ahogamos el pozo y tapamos al niño.
Dice el señor general: “Seguridad interior y defensa exterior de la Federación son mayúsculas encomiendas de las fuerzas de aire, mar y tierra”.
Muy bien, pero eso no es todo:
“Proveniente de la Carta Magna, la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, desde 1986, detalla las menciones generales a cumplir en estos amplios dominios de la seguridad nacional… El auxilio a la población civil, las acciones cívicas y aquellas obras sociales tienden al progreso del país son latitudes contemporáneas de incumbencia castrense”.
“Latitudes contemporáneas de incumbencia castrense.” Eso significa nada más, asuntos de cercanía frente a los cuales no es posible el disimulo.
Pero prosigue:
“…Sin descuido de estos encargos primarios, otras responsabilidades asignadas se dilatan hacia ámbitos donde la coordinación y cooperación son indispensables. Destaca en este sentido, el combate al crimen organizado; amenaza de largo aliento que exige la actuación indubitable del Ejército, Fuerza Aérea y Armada”.
Una actuación indubitable es aquella frente a la cual no se pueden expresar ni albergar dudas. No al menos de quien recibe la encomienda, pues a estas alturas no resulta obvio repetirlo: el Ejército no se ha metido en este combate por una ocurrencia militar sino por una instrucción superior derivada de una decisión política del jefe del Estado cuya pertinencia nunca ha sido materia de análisis sino de obediencia.
“Con esta perspectiva decidimos revisar rubros torales, como el jurídico, el de derechos humanos, el cívico-militar, la equidad de género, el doctrinario y el operativo para adecuar aspectos de organización y funcionamiento del Instituto Armado”.
Esto significa toda una reconfiguración de la organización interna de las Fuerzas Armadas. El órgano se debe adaptar (y modificarse) ante las nuevas funciones, como dicen los seguidores del evolucionismo darwiniano cuyos festejos ahora pueblan el mundo científico.
“Las Fuerzas Armadas somos respetuosas de la legalidad. En la delicada labor subsidiaria que realizamos para la preservación de la seguridad pública, destaca la importante faceta jurídica que nos provee el sustento y otorga competencia.
“Estimamos necesario el debate legislativo para analizar este soporte. Fortalecer las seis jurisprudencias emitidas por la Suprema Corte en la materia, es un desiderato urgente. Bienvenidas todas las iniciativas e impulsos que se realicen para consolidar esta legislación”.
Es en esta parte de la alocución militar en la cual se nota el sentido de abandono en el cual algunos miembros de las fuerzas armadas creen estar. Por una parte se les empuja a labores ajenas a su naturaleza y por la otra no se les ofrecen garantías jurídicas para la operación plena.
¿Cuál es ese apremiante deseo al cual se refiere el general?
Si proviene del vocablo desideratum, cuyo significado lato es: lo deseado, entonces la mayor apetencia de los militares en este país es desarrollar sus actividades en un marco de seguridad jurídica. De las demás cosas, ya ellos se ocupan en el castrum, pues así llamaban los romanos a los locales hoy conocidos como cuarteles.
“Con esta perspectiva decidimos revisar rubros torales, como el jurídico, el de derechos humanos, el cívico-militar, la equidad de género, el doctrinario y el operativo para adecuar aspectos de organización y funcionamiento del Instituto Armado”.
Pero en el ámbito externo, no lo pueden hacer solos:
Por eso piden “fortalecer las seis jurisprudencias emitidas por la SCJ”, o sea aquellas por las cuales podrían hacer cuanto ahora se les pide, sin considerarlo violatorio del artículo 29 de la ley de la administración pública o de la Constitución en especial en su artículo 89 o lo referido a sus funciones en tiempos de paz.
Es oportuno también el análisis relativo al fuero militar pues muy abundantes han sido los señalamientos en torno de la imposibilidad de darle vigencia a los Derechos Humanos conculcados durante la lucha mientras no se desarrollen los litigios en tribunales comunes, lo cual, desvirtuaría completamente la función y en algunos casos necesaria excepción del fundamento de la vida militar: la disciplina.
“El Fuero de Guerra –ha dicho GGG–, órbita de la justicia militar, es plena garantía del imperio de la ley, nunca cobijo de impunidad. A partir del primer día de servicio, y aún en situación de retiro, los soldados permanecemos sujetos a las normas que rigen a la conducta civil y militar, comportamientos que tenemos la obligación de acreditar todos los días para disponer de autoridad legal y moral hacia nuestros subalternos.
“Para aquellas voces que claman por abolir el Fuero de Guerra, les decimos que esta es la jurisdicción donde se previene el quebrantamiento de la disciplina militar y se ejercen penas ejemplares para quienes la trasgreden.
“Desde 1933, delitos contra el derecho de gente, el abuso de autoridad, maltrato, pillaje, saqueo o violencia contra las personas, por mencionar sólo algunos, integran la columna vertebral del Código de Justicia Militar.
“También estamos conscientes que el cumplimiento de tareas en la coyuntura actual transcurre mayormente en una riesgosa franja donde la sociedad se desenvuelve y la delincuencia suele agazaparse. Nos estimula saber que la ciudadanía distingue entre quien la protege y quien se escuda en ella, tomándola como rehén. El actuar en tan delicado entorno indefectiblemente proyecta efectos no deseados”.
Es en estas condiciones en las cuales se comprenden las urgencias legislativas del secretario de la Defensa Nacional. En la zona gris el ejército no tiene respaldos. Queda expuesto al fuego a veces disparatado e interesado de algunas (en todo hay excepciones honorables) ONG´s cuyo papel es (paradójicamente) de francotiradores impunes.
Además ya son muchos quienes como Ricardo González Sada; presidente del mayor sindicato patronal del país, hallan en esta insoportable violencia la prueba de un perdido estado pacífico, circunstancia suficiente para el despliegue de tropas en las calles.
–¿Usted como Coparmex –le preguntan a RGS–, apoyaría que el Ejército siguiera en las calles en labores que no debe hacer en tiempos de paz?
–Creo que no estamos en tiempos de paz, la verdad es que el tema del crimen organizado se ha convertido no sólo en un problema de salud, que es obligación del Estado atender, sino también en una verdadera situación de reto al propio estado mexicano, de tal manera que tenemos una situación excepcional que tiene que atenderse utilizando todos los recursos al alcance del Estado”.
Pero el general Galván abre el juego:
“Las Fuerzas Armadas somos respetuosas de la legalidad. En la delicada labor subsidiaria que realizamos para la preservación de la seguridad pública, destaca la importante faceta jurídica que nos provee el sustento y otorga competencia”, aun cuando en estos días el sustento sea magro y la competencia cuestionada. Y no nada más por los “tapados” al estilo norteño. También otros tapados.
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Concluyó el foro “¿Qué hacer para crecer?” Para algunos sin resultados reales, pero para otros con evidencias muy importantes, la primera de las cuales es obvia: si fue posible sumar tantos y tantos puntos de vista; tanta intención de participar; tan diversos puntos de vista y un buen número de novedades en la forma de abordar los problemas y proponer soluciones, es por la ausencia de previas convocatorias.
Básicamente el foro fue mal visto dentro de la Casa Presidencial pues parecía ignorar los dictados de un Acuerdo Nacional firmado en enero con el cual se suponía suficiente el esfuerzo institucional desplegado. Ya se probó lo contrario.
Pero el foro fue también un escenario para el cual no habían sido propuesto: ahí se dio la ruptura más visible hasta ahora en el pacto entre la oligarquía y el neo sistema. No se puede interpretar de otra manera la desavenencia entre Carlos Slim y Felipe Calderón materializada por evidencias de “mecha corta” en el linchamiento del muy opulento empresario.
A este respecto dijo el promotor del Foro, Manlio Fabio Beltrones:
“…Se dijo que el problema de hoy no es tanto el crecimiento, sino el evitar una caída en el producto y el empleo mayor a la que estamos viviendo. Por ello, se habló de un cierto catastrofismo a la hora de enfocar el problema… Podemos coincidir en que lo relevante no es quién hace el vaticinio mayor o menor, sino en tener la conciencia de que se está ante un problema serio, ante el cual, no actuar o hacerlo tibiamente, es la peor de las alternativas.
“Lo relevante, en estas circunstancias, es administrar nuestras capacidades y resolver en beneficio de México las cuestiones fundamentales que podrían hacer la diferencia entre actuar con responsabilidad y mejores condiciones ante una crisis que afecta a todo el mundo, o dejar que la crisis sea la que imponga las condiciones… Tenemos claro que viviremos un año electoral, pero ello no justifica que el país viva en suspenso o se abra un paréntesis al final del cual, una crisis desenfrenada habría devorado el ahorro y los recursos con los que pudimos haberles hecho frente… el Congreso habrá de impulsar la reforma a las leyes de adquisiciones, de obra pública y de responsabilidades de los servidores públicos, para asegurar un ejercicio más eficaz y oportuno del gasto… para que los nocivos subejercicios o los diferimientos en el gasto por sobre regulación o burocratismo dejen de presentarse”.
En esas condiciones el Senado nuevamente le toma la delantera al resto del gobierno, le marca el camino, le ayuda en su gestión y a cambio recibe denuestos, dicterios y murmuraciones, todas ellas hijas de la envidia.
Es una de las figuras ante las cuales pierden el sueño. La otra es, obviamente, Enrique Peña Nieto. Pero de eso y más, la siguiente semana… |