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Una película que hace algunos años me impactó, más por su contenido que por su acción, fue Gladiador, interpretada por el dos veces ganador del Oscar Russell Crowe, representando en ella a un soldado del ejército romano: Maximus Décimos Meridius.
Después de cinco años de encabezar heroicas batallas del ejército romano contra los bárbaros germánicos, regresa a Roma en circunstancias adversas, no como el gran héroe, sino irónicamente llevado como un gladiador a pelear por su vida en el Coliseo, donde la gente quiere ver sangre, quiere ver muerte. Al entrar a la arena lo pusieron, con otros gladiadores, a luchar en contra de unos soldados romanos profesionales, bajo una consigna letal: “Suban y mueran con honor”.
Este hombre, Maximus Décimos Meridius, al entrar al Coliseo rápidamente toma el control de la situación y, utilizando inteligentes tácticas militares, les grita a los gladiadores que peleen juntos, que formen un círculo y se cubran las espaldas, defendiéndose y cuidándose el uno al otro. De esa manera, el enemigo no pudo atacarlos por ninguna parte, y terminan venciendo a los soldados profesionales que habían sido enviados a matarlos.
Esos luchadores que debieron haber muerto ese día dan un vuelco a la situación y, contra toda lógica y pronóstico, rompen la consigna de muerte que les habían anunciado y terminan conquistando, conservando su vida y ganándose el favor de la gente allí reunida, y todo debido a que un hombre supo que tenía que pelear en equipo y no a solas, no como hombres solitarios, sino cada quien defendiéndose y cuidándose unos a otros.
La escena antes descrita nos permite reflexionar que cuando existen hombres o mujeres que cuentan con convicciones firmes e integridad a toda prueba se gana el respeto de los demás. Destaca la importancia de trabajar en equipo, porque sólo de esta manera se pueden lograr los resultados que uno pretende.
Forma parte importante de las enseñanzas de esta película la estrategia que aplicó este grupo de personas, no sólo para salvar sus vidas, sino para ganarse el respeto de todos los asistentes.
En suma: la integridad, las convicciones, la confianza, el trabajo en equipo y la estrategia se convierten en elementos importantes para poder lograr todo aquello que nos proponemos.
Las lecciones de Gladiador pueden trasladarse y convertirse en un desafío para todo aquel que pretende ser un buen gobernante, buen empresario, buen estudiante, buen padre de familia o un buen ciudadano.
La sociedad civil debe poner en práctica esas lecciones: actuar de manera organizada, trabajar en equipo, tener confianza e implementar las medidas necesarias para imponer una agenda nacional que marque el rumbo y el destino del país.
La participación de la sociedad civil ha sido prácticamente nula. Ya lo hemos manifestado. Cuando existen causas que nos identifican a todos, la sociedad civil responde, como lo hemos visto con el claro ejemplo del tema de la seguridad.
Ante la ausencia de un proyecto de nación y el distanciamiento de los partidos políticos de la sociedad, se está generando un vacío político que propicia impunidad, corrupción, desempleo e ineficacia.
No debemos perder la confianza en nosotros mismos. Tenemos la capacidad de poder modificar todo aquello que no responda a los intereses de los gobernados.
Seguir asumiendo una actitud pasiva, seguir realizando acciones aisladas, es seguir propiciando que sigan arribando a los cargos de elección popular y de la administración pública personas sin los conocimientos adecuados, carentes del compromiso y la ética que se requiere para desempeñar un cargo público o de representación popular.
A partir del descubrimiento de nuestro territorio hemos sufrido invasiones, colonizaciones y saqueos de toda clase. A pesar de esto, seguimos contando con un país que lo tiene todo: historia, tradiciones, cultura, inmensos recursos naturales y, lo más importante, un gran potencial humano.
En la medida en que los gobernados estemos conscientes de que es posible modificar radicalmente la relación que hoy existe de amo-esclavo podemos aspirar a contar con gobiernos al servicio del pueblo, un Poder Legislativo que verdaderamente represente, en el Congreso de la Unión, a todos los ciudadanos y a las entidades federativas, y que cumpla con el mandato que se les ha conferido; un Poder Judicial autónomo, eficiente y que aplique la ley sin distinción alguna.
Podríamos empezar por demandar el cambio del actual sistema político de gobierno, que resulta totalmente inoperante, propiciando que sigamos arrastrando los vicios que han dañado el sistema político mexicano y la vida institucional del país.
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