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Dedico este artículo a Sandra Reynoso, quien ha hecho de mí, en esta crisis, un mejor ser humano.
Estos últimos diez días han transformado a México, y desde mi punto de vista, muy positivamente: se creó un nuevo colectivo social semejante al que surgió después de los sismos de 1985. Nos dimos cuenta de la vulnerabilidad de nuestros sistemas y de la necesidad de actuar en forma unida frente a un gran e inédito reto. Yo siempre he considerado que nuestro país es un “suertudo”, y que aunque ha tenido descalabros a lo largo de su historia, nunca ha sufrido las grandes catástrofes como las guerras devastadoras que han matado a decenas de millones de seres humanos, como la guerra de los treinta años, las dos guerras mundiales, las terribles purgas estalinistas o polpotianas, o hablando de plagas, como la que estamos enfrentando, el nuevo AH1N1 resultó mucho más benigno (índice de mortalidad 5%)que el que esperaban las naciones del mundo: la influenza aviar H1N5 (índice de mortalidad 70%).
Las plagas han estado presentes desde el inicio de la humanidad, y los vectores que las transmiten seguramente permanecerán en el planeta muchos siglos después de que nosotros los humanos nos hayamos ido por causa de nuestra inconsciencia. De las primeras epidemias que se han registrado por los historiadores está la gran plaga ateniense de 430 antes de Cristo, que Tucidides describe como “no ha habido peor destrucción de la vida humana en toda la historia. Los médicos han tenido que tratarla sin saber qué es, sin conocer su naturaleza, y fueron ellos precisamente los más afectados, donde ocurrió la mayor mortandad”. La totalidad de los atenienses enfermaron de lo que probablemente fue tifoidea importada de la Guerra del Peloponeso por los soldados que regresaban y la mitad de toda la población murió. También fue tifoidea la que acabó casi con la mitad de los habitantes indígenas de México en el siglo XVI. Por eso ha sido tan importante que las medidas que se tomaron en nuestro país en estos días hayan ido drásticas: Al tratarse de un nuevo virus, para el cual nuestro sistema inmunológico no ha creado aún defensas, se tenía que evitar en lo más posible el contacto entre humanos. Ha habido sin embargo dos grandes pandemias en la historia de la civilización, ambas de Peste Bubónica/Neumónica. En 1346 la “muerte negra” comenzó en las estepas de Mongolia: pulgas infectadas infestaron millones de roedores, que a su vez inundaron asentamientos humanos en busca de alimento. ¿Por qué apareció precisamente en ese año la peste? Investigación reciente1 propone que el clima más cálido favoreció una explosión en la población de roedores, y estos provocaron que la enfermedad se extendiera rápidamente por Asia. Rumores de la “muerte negra” llegaron a Europa antes que llegara la enfermedad, y se decía que la India, China y Asia Menor estaban literalmente cubiertas de cadáveres. La población en China se derrumbó de 123 millones que había en 1200, a 65 millones en 13932. Al avanzar la peste a través de Europa y África del Norte, cada ciudad anticipaba su llegada tratando por diferentes medios de protegerse: A los viajeros se les impedía la entrada, se levantaban retenes para salvaguardar a los ricos urbanitas de los pobres campesinos, se realizaron grandes purgas de decenas de miles de judíos y supuestos “sectarios” a quienes se les culpó de transmitir la enfermedad. Tan sólo la ciudad de Estrasburgo mató a 16,000 judíos, por ignorancia. En estos últimos diez días hemos visto como se impide la entrada de jugadores mexicanos de futbol a Sudamérica y se cancelan vuelos hacia México, por ignorancia. En 1665, 268 años después, se presenta la segunda Gran Pandemia en Londres, la cual se inicia un año antes en Turquía, y fue llevada del Bósforo por barcos mercantiles a Ámsterdam y a Rótterdam, y de ahí a Londres en el invierno de 1664-65. En el verano siguiente, morían tres mil londinenses diariamente. Antes de que los humanos inventaran los antibióticos, la peste dejó de presentar pandemias. ¿Por qué? Se encontró que la higiene y evitar el contacto con personas enfermas era el mejor método para evitar la propagación.
¿Qué fue lo que sucedió en estos últimos diez días? El jueves 23 de abril se da a conocer a la población mexicana y al mundo por parte de la Secretaría de Salud un brote de influenza diferente a la influenza “de siempre” (estacional porque se presenta durante la estación de invierno) y a la esperada influenza “aviar” o asiática. Al tener este nuevo virus un segmento de su código genético igual al de los cerdos (aunque tiene una sección igual al de las aves también) se le denomina “porcino”, causando la percepción de que los cerdos pueden ser los transmisores de la enfermedad, causando con esto una cantidad de reacciones, por ignorancia, que afectan dolorosamente a la industria porcina en nuestro país, y el sacrificio innecesario de cientos de miles de cerdos en Egipto. Se identifica por ignorancia rápidamente a nivel mundial a México como el sitio de peligro y de contagio, cuando esto no fue así:
Se empiezan a detectar señales de la existencia del virus el 30 de abril en San Diego, California, en un niño de 10 años y posteriormente en una niña. Ninguno de los dos había viajado a México o estado en contacto con cerdos3. El 14 de abril se recibieron los resultados de las muestras tomadas al niño y analizadas en Atlanta en los Centros para el Control de Enfermedades y se identifica por primera vez al virus como A/H1N1. El hecho de que se haya presentado un brote más amplio en la Ciudad de México tiene una relación directa con la densidad humana en el DF (como fue el caso en Londres) y el que aquí hayan sido necesarias medidas inmediatas de control drástico. Al momento de escribir estas líneas se tienen en el mundo 615 casos comprobados de infección, de los cuales la inmensa mayoría, 598, están en México y en Estados Unidos. Se han muerto 17 humanos, uno en Estados Unidos y 16 en México, lo cual revela que ahora podemos decir que este nuevo habitante del planeta A/H1N1 es mucho más benévolo (menos virulento) que sus primos “Aviar” y “Estacional”.
Pero este Gran Susto nos debe hacer mejores humanos a todos los homo sapiens del planeta:
Primera lección: La ignorancia es un gran vector de enfermedades.
Segunda lección: Debemos estar más unidos los diferentes actores de la sociedad para enfrentar con éxito estos retos microbiológicos que seguramente se nos seguirán presentando.
Tercera lección: El orden, la buena planeación y la información responsable y oportuna son las mejores armas para vivir en armonía con la Naturaleza.
1 Garret, L. The coming plague Farrar, Strus and Giroux/New York, 1994
2 De los relatos más accesibles y fascinantes de la Muerte Negra de 1346 y la de 1665 está D.Defoe, A journal of the plague year , 1772, publicado por Philip Ziegler, Londres: Collins, (1969)
3 AFP, Washington, D.C. 2 de mayo del 2009, comunicación de Scout Bryan, encargado de los CDC, Atlanta, Georgia
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