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Opinión de
Invasión Retrofutura(Andrés Pascoe Rippey | )

Maravillosos malos sentimientos

Andrés Pascoe Rippey | Opinión
Sábado 14 de Nov., 2009 | Hora de modificación: 02:10

Siempre he mirado con desconfianza a los optimistas: o saben algo que yo no, o no saben nada. No es que sea muy pesimista, realmente no lo soy. Pero en la cursi búsqueda de una sonrisa, los “positivos” suelen ser irritantes y faltos de realismo. En efecto, siempre he sentido que existe alguna mentira fundamental en mirar la vida con una sonrisa.

Ahora sé que tengo razón: un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur, ubicada en Australia, y publicado por la revista Science, plantea que cuando se está de mal humor se toman mejores decisiones, y que los optimistas tienen una propensión natural a resolver mal los dilemas.

El estudio determinó que aquellos que están alegres se dejaban influir por detalles superficiales al determinar si una historia es falsa o verdadera, mientras que los malhumorados desmenuzan el discurso más cuidadosamente y responden de acuerdo con el contenido mismo del mensaje. Es decir, estar ligeramente irritado lo hace a uno más incisivo, le da claridad mental y lo aleja de los prejuicios obvios.

No sólo eso: los malhumorados son más precisos y observadores que los optimistas, quienes dejan pasar detalles importantes al describir un evento del cual han sido testigos. Los “felices” pueden ser más flexibles y creativos, pero son menos atentos a lo que está sucediendo.

Este estudio es importante porque es parte de la desmitificación de una serie de preceptos que en las últimas décadas se volvieron casi verdades de facto: la filosofía de que a mal tiempo buena cara.

Lo que estamos descubriendo hoy es que el agobio, la tristeza y la irritabilidad no sólo son inevitables, sino incluso partes sanas de la vida. Hay expertos en psicología humana que plantean que las emociones negativas tienen un origen evolutivo y que emergieron porque —de la misma forma que el miedo nos alerta sobre la presencia de algún peligro— el desánimo es un mecanismo de advertencia que dice que algo anda mal y te empuja a buscar su causa.

Jerome Wakefield, profesor de la Universidad de Nueva York, plantea que “al calificar el desánimo que todos sentimos en algún momento como una condición patológica, le hemos asociado un estigma. Esto hace que una depresión pasajera genere rechazo y que se estimule la actitud de: ‘supéralo, toma una pastilla’”. Añade que insistir en que la tristeza requiere un tratamiento inmediato puede impedir la principal razón para que exista: darnos la capacidad de reconstituir nuestra vida tras un episodio doloroso. “Cuando estamos decaídos, nos sentimos incómodos con alguna situación que vivimos y anhelamos una nueva forma de relacionarnos con el mundo, por lo que nos vemos forzados a explorar nuevas opciones. El desánimo a menudo estimula la creatividad”, agrega Eric Wilson, profesor de la U. de Wake Forest y autor del libro Contra la felicidad, según una cita del diario La Tercera.

También se ha demostrado que, contrario a la convicción popular, es mejor no hablar de un tema traumático de inmediato. Por el contrario, psicólogos modernos sostienen que guardarse la tristeza y procesarla a solas —al menos en un primer momento— sirve para que a la hora de expresarla a los demás la entendamos mejor y evita que los sentimientos se confundan o tergiversen.

Creo que hay otra emoción que es considerada negativa pero para mí es fundamental: la indignación. Sentir indignación puede ser doloroso, pero es la herramienta básica de nuestra mente para catalizar los cambios. La carencia de esta emoción genera personas conformistas, apagadas y sin esperanzas. Sentir indignación ante la ofensa, la injusticia o la crueldad es, además, la semilla del pensamiento de izquierda y del progresismo. Quien carece de indignación será con toda seguridad de derecha, porque le complace el statu quo.

En una cultura dominada por el placer rápido, la fascinación con las pastillas y la gratificación instantánea, hemos dejado de lado la reflexión de que esas emociones tienen una utilidad: mantenernos en movimiento. El miedo, el asco, la tristeza, la irritación y la indignación son todas sensaciones que nos protegen y nos hacen más profundos y complejos. Más humanos.

Por si fuera poco otro estudio —quizá el más importante de todos los que mencioné— demostró que tomar cerveza todos los días reduce el estrés e incluso adelgaza, ya que ayuda a metabolizar mejor los carbohidratos.

El estudio plantea que necesitamos tomar unos 700 mililitros de chela al día —en el caso de los mexicanos, yo diría que el doble— para estar libres de estrés y esbeltos.

Así, hoy sabemos que se puede entonces estar deprimido y de malas, con la llama de la indignación viva y con una cerveza en la mano, viviendo vidas más plenas.

Salud.

apascoe@cronica.com.mx

 
 
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