Metrópoli


“¡A la cola! ¿O se quieren meter en problemas?”: escenas de madrugada en el Kiosco COVID

La Obrera y la Doctores se hacen respetar, aun en épocas de COVID, cuando de cuidar el lugar se trata. Nada de andar apartando lugares a menos que uno desee saber qué significa “el Barrio me respalda”

“¡A la cola! ¿O se quieren meter en problemas?”: escenas de madrugada en el Kiosco COVID | La Crónica de Hoy

Foto Alberto García

Ni siquiera había amanecido cuando un grupo de personas comenzó a llegar al parque Lázaro Cárdenas, ubicado en la colonia Doctores: eran las 6:00 am en punto y el frío era casi insoportable, pero eso no desanimaba a quienes, impacientes, hacían fila para realizarse la prueba rápida de coronavirus.  

La fila en el Kiosco CDMX era corta en ese momento, cuando mucho 13 personas, algunas preocupadas, otras indiferentes, la mayoría con cansancio y sueño evidentes. El silencio reinó en la multitud hasta que un grito furioso lo rompió:

“Oiga, no me chingue eso es no tener madre, de qué sirvió que me despertara temprano”, dijo un cincuentón que desde las 5:00 am estaba esperando en la fila. El grito iba dirigido hacia un grupo que se incorporó al frente de la fila, allí donde un hombre había “guardado lugar” para sus compañeros de trabajo.

Entrometidos y curiosos no faltaron y, de un momento a otro, muchos rompieron la sana distancia para unirse a los reclamos. “Eso no se vale, respeten”, decía el cincuentón furioso, “no madrugué a lo menso, se hubieran despertado temprano… respeten la fila cabrones”.

Ingrid, quien había llegado desde las 5:30 en compañía de su esposo para hacerse la prueba COVID, se unió a los gritos.

Los acusados ni siquiera se molestaban en voltear, ignoraban los reclamos dándole la espalda a la multitud ya iracunda.

“Venimos de una empresa, todos somos compañeros”, dijo al fin una de las acusadas, alegaba que tenían la preferencia, ya que muchos de sus compañeros habían resultado positivos al coronavirus.

“Me vale madre, ¡A hacer fila, igual que todos!”, respondió otro hombre en la fila, sumándose a los inconformes. El Sol comenzaba a salir, pero los ánimos ya estaban calientitos para entonces. Los gritos se hicieron jaloneos, claramente de los habitantes de la Doctores y la Obrera sospechosos de COVID contra los también sospechosos trabajadores de la empresa que habían enviado a un adelantado madrugador a apartar una decena de lugares en la fila.

“Yo soy vecina”, fórmense, ¡Chingá! ¡ A la cola! ¿O se quieren meter en problemas?”, gritó una mujer de Jordans originales en los pies y cangurera al pecho.

“Venimos desde lejos, nos era imposible llegar temprano”, alegó uno del grupo de trabajadores que, evidentemente, se había tomado en serio la amenaza.

Las palabras, las excusas y las disculpas no fueron suficientes. La turba molesta ya agrupaba 20 personas que no dudaban en dar un jaloneo aquí y allá para desbalagar a los salteadores de lugares en la fila.

“Ya ni la chingan, yo dejé solos a mis hijos para llegar temprano y éstos como Juan por su casa, saltándose la fila”, gritó una madre presente. Ése fue el punto de inflexión, pues de estar en primerísimos lugares, los acusados pasaron hasta el final de la fila.

“Disculpen, no queríamos ocasionar ningún problema”, se disculpó la vocera improvisada del grupo de trabajadores.

Justo en punto de las 10:00 de la mañana, los Kioscos abrieron. Ya para entonces el disgusto había quedado atrás y una angustia más fuerte había invadido a los presentes.

La angustia era saber si se era positivo a COVID-19 o no.

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