Opinión


Benito Juárez y Benito Mussolini

Benito Juárez y Benito Mussolini | La Crónica de Hoy

El desacierto  más escandaloso que tuvo el Presidente de México al hablar ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el martes de esta semana fue la referencia al prócer de Guelatao: “Se le conoció como el Benemérito de las Américas, fue tan importante su proceder y su fama, que Benito Mussolini lleva ese nombre porque su papá quiso que se llamara como Benito Juárez.” ¿Qué caso tenía mencionar a Benito Mussolini en pleno festejo del 75° aniversario de ese organismo internacional? Se le olvidó que la ONU fue creada a raíz de la derrota del nazi-fascismo. En consecuencia, se trata de una falta de tacto y una descortesía. Además, el tabasqueño incurrió en una imprecisión: el nombre completo de “Il Duce” fue Benito Amilcare Andrea Mussolini (1883-1945). Amilcare y Andrea por los socialistas italianos Amilcare Cipriani y Andrea Costa (Tonge, et. al., living History, EDCO, Dublin, 2004. Agradezco a J.J. Schmitter-Soto, el dato). Pero el Jefe del Ejecutivo incurrió en varias imprecisiones, omisiones y mentiras.

Una falsedad fue cuando dijo: “Con esta tercera transformación [la Revolución Mexicana]. Se avanzó mucho en el terreno de lo social, no lo suficiente en el terreno político porque no se pudo establecer una auténtica, una verdadera democracia en el país. Después de la revolución se creó un partido político que dominó durante mucho tiempo y apenas ahora estamos dando los primeros pasos para que México sea un país verdaderamente, auténticamente democrático.” ¿Cómo? ¿Apenas hasta ahora? Como si él fuera el heraldo de la democracia en nuestro país. Borró de un plumazo muchos acontecimientos relevantes: el movimiento estudiantil del 68; la matanza del Jueves de Corpus de 1971; la Guerra Sucia de los 70; la Reforma Política de 1977 que dio paso a sucesivas reformas como la de 1986 que permitió las candidaturas comunes y gracias a ella se pudo crear el Frente Democrático Nacional (FDN) que apoyó la candidatura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas; la reforma electoral de 1991 que creó el IFE; la de 1996 que permitió una competencia más igualitaria entre los partidos políticos: la primera alternancia que llevó al panista Vicente Fox a ocupar la silla presidencial; la segunda alternancia que regresó al PRI al poder en 2012 encabezado por Enrique Peña Nieto. Además, López Obrador pasó por alto las múltiples luchas democráticas que se han registrado a lo largo y ancho del país como en Chihuahua con Luis H. Álvarez, en San Luis Potosí, con Salvador Nava, y así podríamos seguir enumerando casos de levantamientos pacíficos en múltiples localidades mexicanas. Tampoco está en su radar el movimiento feminista. Para decirlo en pocas palabras: López Obrador hizo a un lado en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la transición a la democracia en México, gracias a la cual hoy es Presidente de la República.

Asimismo, ¿A quién le quiere tomar el pelo diciendo que en nuestro país él está impulsando la democracia? Todo mundo sabe que la está echando para atrás. En efecto, hoy, en una época donde lo que acontece en cualquier nación se conoce al instante, es sabida la manera en que está actuando López Obrador, tratando de centralizar el mando restándole fuerza a los otros Poderes de la Unión; intentando doblegar a los gobiernos de los estados; hostigando a la prensa y a los periodistas disidentes.

António Guterres, Secretario General de la ONU, en su discurso inaugural del evento en cuestión, afirmó que el mundo se enfrenta a un momento histórico por la pandemia del coronavirus y urgió a los líderes internacionales a guiarse por la ciencia y a dejar de lado el populismo y el nacionalismo. Lo cito textualmente: “El populismo y el nacionalismo han fracasado. Usados como enfoques para contener el virus, muchas veces han llevado a un empeoramiento palpable.” (El Universal, 22/08/2020). Y así ha sucedido en nuestro país con el gobierno populista de Andrés Manuel López Obrador.

A pesar que el hombre de Macuspana con toda desfachatez sostuvo en un texto de twitter: “En mi mensaje a la ONU hablé de cómo, a pesar de la crisis sanitaria y económica, México avanza con pasos de gigante hacia la Cuarta Transformación de su vida pública”. La verdad es que somos el cuarto país a nivel mundial con más muertes producidas por el Covid-19; ocupamos el antepenúltimo sitio entre las naciones que menos pruebas (test) realizan entre la población. En su discurso agregó: “Hemos actuado con responsabilidad, nos han ayudado mucho los expertos, los científicos, médicos, enfermeras, trabajadores de la salud.” Sin embargo, la realidad lo contradice. Por ejemplo, seis exsecretarios de salud propusieron un plan para frenar la pandemia. Como respuesta recibieron la burla de Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud. Éste calificó al documento que lo exfuncionarios públicos elaboraron como una “fórmula mágica.”

Un último asunto, López Obrador en su alocución ante el principal foro multilateral del mundo nunca abordó el tema internacional. Signo de que su gobierno carece de una política internacional; en un mundo globalizado lo único que hace es mirarse el ombligo.

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