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Corte y Queda: "Pienso en el final", surrealista y desoladora mirada a los recuerdos 

Reseña. La película "Pienso en el final" se lleva las palmas de nuestro crítico de cine #NoTeLaPierdas

Corte y Queda:

Foto: Especial

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Probablemente no exista en el mundo una claridad sorprendente como la del guionista y cineasta Charlie Kaufman al momento de representar los laberintos mentales de una persona. Su manera de contar historias a menudo se siente como la lectura de un jeroglífico, de un lenguaje que, al mismo tiempo que nos parece familiar, nos sumerge en la incertidumbre de lo desconocido. Y es en esa rareza en donde se encuentra su fascinación. 

Distinguido especialmente como escritor, Kaufman lleva tres décadas sumergiéndonos en una atmósfera surrealista. Desde su incursión en el cine hace poco más de dos décadas como guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), que dirigió Spike Jonze, ha cautivado por su emocionante forma de distorsionar la realidad, de jugar con las estructuras narrativas, con tiempos y espacios, mientras embelesa con diálogos existencialistas que a menudo dejan el efecto de golpe de un poema destructor. 

Conocido especialmente como escritor de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), de Michel Gondry, también cuenta con otras rarezas de culto como Adaptation. (2002) o Confesiones de una mente peligrosa (2002), en las cuales cineastas como el mismo Jonze o George Clooney, han logrado comprender las encrucijadas mentales de Kaufman, hasta entonces como una densa, subyugante y hasta milagrosa mezcla de drama y comedia. 

De hecho, su debut como director de cine con Nueva York en escena (2008), también se desarrolla con esa voracidad creativa que juega perfecto con el humor y lo denso, para mostrar un sueño obsesivo, un viaje al mundo de las ideas o un estado de confusión. Lo curioso del caso es que para sus últimos dos filmes ha perdido el sentido del humor y, en cambio, ha encontrado un sentido poético desolador para establecer un diálogo con el espectador desde una experiencia más cerebral que sentimental. 

Si bien el tema de la soledad ha estado presente en sus guiones pasados, ha sido en Anomalisa (2015), esa hermosa pieza llena de humanidad que prescinde de los humanos, cuando el cineasta ha comenzado a mostrar su percepción del mundo más desencantado. Y en él cupo la ternura, el erotismo y una que otra sonrisa incómoda. 

Este año, regresa con Pienso en el final (2020) una producción que filmó para Netflix, en la que retoma el tema de la soledad para mostrarnos la representación de la depresión en la mente de un hombre que lucha con sus recuerdos desde sus momentos más humillantes y patéticos. O al menos esa es una de las interpretaciones que se le puede dar, puesto que Kaufman vuelve a atraparnos en un laberinto lleno de simbolismos. 

Basado en el libro I’m thinking of ending things, del autor inglés Iain Reid, el filme cuenta la historia de Jake (Jesse Plemons), quien decide invitar a su novia (Jessie Buckle) a la casa de sus padres en una granja lejos de la ciudad, justo cuando ella está pensando seriamente en terminar la relación. La historia amorosa pronto se convierte en un drama psicológico en el que el espectador cuestionará la realidad de lo sucedido para adentrarse en una trama que va perdiendo lógica entre saltos instantáneos en el tiempo, ensoñaciones, efectos visuales y diálogos poco explicativos. 

Es en la poca convencionalidad de su narrativa que se vuelve hipnótica, pero también es por la profundidad de sus diálogos o por la posibilidad de hacer tangible lo inmaterial. Kaufman utiliza entonces el surrealismo para mostrarnos fragmentos de una vida, quizás de los momentos de los que más se avergüenza, pues son mostrados al filo de lo patético; y así filosofar sobre el verdadero sentido de la existencia. Con posibilidades infinitas de significados, es una película que es más fascinante cuando se tiene a alguien con quien hablar de ella. 

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