Opinión


COVID-19, vacunas y sueño

En diciembre pasado ya había varias vacunas con diversos niveles de efectividad y empezaron a circular en muchos países y, nuevamente, esta es una actividad sin precedentes, las vacunas están listas para aplicarse masivamente

COVID-19, vacunas y sueño | La Crónica de Hoy

Javier Velázquez Moctezuma*

La pandemia sorpresiva que azota al mundo desde finales de 2019, ha traído una tremenda carga de dolor por la gran cantidad de seres humanos que han fallecido. Para el 15 de noviembre de este nefasto año, los reportes señalan la muerte de aproximadamente un millón trescientos mil seres humanos. En México, el número se acerca rápidamente a los ciento veinte mil decesos. Esta tragedia humana, solo comparable a las catástrofes de las guerras, ha movilizado a la humanidad contra el enemigo común: el virus SARS-CoV2, y ha generado un giro importante en la vida cotidiana de los países.

Sin embargo, no todo ha sido catastrófico. Por primera vez en la historia de la humanidad, el mundo entero ha estado conectado, tanto observando el desarrollo del impacto de la COVID-19, como atestiguando los esfuerzos globales que hace la ciencia por contrarrestar esta calamidad. En unas cuantas semanas en el inicio del 2020, la comunidad científica fue capaz de presentar en sociedad al nuevo coronavirus causante de tantas desgracias. Imágenes de microscopía electrónica empezaron a circular con las fotos precisas de esta amenaza mundial. Posteriormente, a una velocidad inusitada y con la colaboración de diferentes laboratorios ubicados en varios países, se ha ido conociendo la estructura molecular del virus y las posibilidades de interacción con el organismo humano.

Estos hechos no han recibido el enorme reconocimiento que merecen, a pesar de ser una verdadera hazaña, gracias al desarrollo de la ciencia. Como consecuencia también, grupos de investigadores en el mundo empezaron la tarea titánica de encontrar una vacuna que pudiera, efectivamente, generar inmunidad contra este agente. Nuevamente, la sociedad expectante observaba cómo en Rusia, China, Estados Unidos y Gran Bretaña, por mencionar solamente algunas naciones, la carrera por encontrar esta defensa de la humanidad contra el virus se llevaba a cabo.

Llegamos a diciembre de 2020 con la certeza de que varias vacunas, con diferentes abordajes y mecanismos, así como diversos niveles de efectividad, han empezado a circular en muchos países y, nuevamente, en una actividad sin precedentes, las vacunas están listas para aplicarse masivamente.

En México, la primera vacuna, la de Pfizzer, ha llegado y los procesos masivos de vacunación masiva se han empezado a instrumentar. Sin duda, la humanidad se ha responsabilizado de enfrentar globalmente esta pandemia y ha coordinado esfuerzos que no tienen comparación previa, para estar hoy en el umbral de la solución, esperemos que permanente, para este flagelo.

Todo lo anterior es una lección más, esta vez muy clara, de porqué los gobiernos y los tomadores de decisiones deben apoyar a sus investigadores y apoyarse en su ciencia. Un ejemplo contundente es el consorcio entre Astra-Zeneca, un laboratorio privado multinacional, y la Universidad de Oxford. Este equipo fue de los primeros en anunciar éxito en la obtención de la vacuna. Una empresa aliada con una universidad para alcanzar un logro excepcional. En México, ¿cuándo entenderemos que este es el verdadero camino de la independencia? ¿Por qué no producir nuestras propias vacunas, nuestros propios respiradores, nuestras propias medicinas, cuando en el país existe una comunidad científica sólida y reconocida? Los mexicanos y nuestros gobernantes tienen una tarea pendiente que cumplir en este sentido.

Pero si se trata de apoyarse en datos científicos para obtener buenos resultados, estamos muy a tiempo de tomar en cuenta los hallazgos reportados por la medicina y garantizar que este proceso de vacunación que ha empezado, no sea un fracaso ni un gasto inútil.

Me explico, en las últimas décadas se han acumulado muchas evidencias contundentes acerca de que el sueño es un regulador imprescindible de la respuesta inmune. Dicho en palabras sencillas, el sueño determina que exista una respuesta inmunológica adecuada ante los retos que nuestro organismo tiene que enfrentar cotidianamente. Como consecuencia de lo anterior, la restricción de sueño, dormir mal y poco, propicia que nuestro cuerpo no esté en el estado óptimo necesario para responder ante una amenaza externa.

Esto tiene una relación directa con las vacunas. Estudios realizados en la Universidad de Lubeck, en Alemania, revelaron que personas sanas a las que se administró la vacuna contra la hepatitis A, no desarrollaban los niveles de anticuerpos y otras respuestas inmunológicas, si no se les permitía dormir la noche siguiente. Quienes si dormían normalmente desarrollaban una respuesta adecuada ante la administración de la vacuna. Este efecto se midió a lo largo de varias semanas. El mismo grupo lidereado por la Dra. Lange, administró 3 dosis de la vacuna mensualmente y en cada ocasión un grupo dormía bien y el otro se mantenía despierto la noche después de la vacuna. Los resultados demostraron que quienes no dormían adecuadamente presentaban, en toda ocasión, una muy pobre respuesta ante la vacuna. Este efecto se registró aún un año después del estudio.

Por otro lado, el grupo de la Dra. Karine Spiegel publicó un estudio en donde se demostraba que existían diferencias significativas cuando la vacuna contra la influenza se aplicaba a sujetos privados de sueño: estos sujetos expresaban una muy pobre respuesta a la vacuna comparado con el grupo que había dormido bien.

Estos estudios son solamente una parte de la gran cantidad de evidencias que han demostrado una estrecha relación entre el sueño y la respuesta inmunológica. Los sujetos que duermen poco y mal, son más propensos a ser víctimas de infecciones virales o bacterianas de todo tipo. Mientras que quienes duermen adecuadamente parecen tener una respuesta vigorosa ante diferentes antígenos.

Esta es una información sólida y repetidamente comprobada que, en estos momentos de pandemia, debiera ser tomada muy en cuenta por los diferentes gobiernos en su lucha por aplacar las letalidades de la pandemia. Sin embargo, es poca la atención que en general se pone en este aspecto, aún desde los profesionales de la salud. Debemos repetir que la defensa más adecuada y barata contra éste y otros virus, es dormir bien. Ojalá tuviéramos eco en las autoridades sanitarias.

* Javier Velázquez Moctezuma es profesor-investigador del Área de Neurociencias de la Unidad Iztapalapa y responsable de la Clínica de Trastornos de Sueño de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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