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¿Despertará esta vez el gigante dormido latino? Los jóvenes podrían ser la clave

Expectación: Son 32 millones y pueden inclinar la balanza en Florida, Arizona o Texas... si esta vez salen a votar en masa. Para ganarse a los hispanos, el republicano invoca el miedo al “socialismo” y el demócrata guiña a los millennials, menos ideologizados y preocupados por el control de armas o el cambio climático

¿Despertará esta vez el gigante dormido latino? Los jóvenes podrían ser la clave | La Crónica de Hoy

Sofía Hidalgo, de 18 años y de familia cubana, posa junto a su auto con mensajes en favor de Biden, el 17 de octubre en Miami (EFE).

Uno de los mayores temores de la campaña del demócrata Joe Biden es que se repita la maldición de 2016, cuando las encuestas anunciaban un fuerte apoyo de votantes latinos a Hillary Clinton, pero, a la hora de la verdad, muchos se quedaron en casa el día de elección, haciendo honor a su apodo: la comunidad latina es un “gigante dormido”.

Con más de 32 millones de votantes registrados para las elecciones 2020, la comunidad hispana es la segunda más numerosa de Estados Unidos, por detrás de la (menguante) mayoría blanca. Sin embargo, a diferencia de la minoría negra, la latina no es un bloque monolítico, ya que -a parte de hablar español y compartir aspectos culturales y religiosos por su procedencia latinoamericana- tienen intereses a veces radicalmente diferentes. Poco tiene que ver un temporero de Michoacán en California —que apenas habla inglés— con el hijo nacido en Miami de un cubano anticastrista —que apenas habla español—.

Cuando Trump se entretiene insultando a los latinos, se cuida mucho de decir “latinos”, sino que dice “violadores mexicanos” o “inmigrantes ilegales y criminales”. Lo hizo en la campaña de 2016, durante su mandato y en la actual campaña, porque sabe que los cubanos de Florida no se ven como inmigrantes que huyeron del hambre y la violencia —como los centroamericanos—, sino como exiliados que huyeron de la dictadura comunista. Así piensan también otras comunidades instaladas en el sur de Florida, como venezolanos y nicaragüenses, o huidos de sus países por la violencia, como colombianos, peruanos y mexicanos, muchos de ellos ricos que tuvieron la oportunidad de escapar a un refugio dorado para sus familias... y para sus finanzas (Bahamas e Islas Caimán no quedan lejos de Miami).

“Ni pandemia ni muros: hablemos de socialismo”
Consciente de que el voto latino no es monolítico y parte de él está muy ideologizado, el presidente Trump lleva meses cortejando al importante voto cubano (que ayudó a su decisiva victoria en Florida en 2016 y a la victoria que le llevó a la Casa Blanca).

“Covid, covid, covid, covid, la gente está cansada del tema”, dijo hace dos días el mandatario, visiblemente molesto por unas cifras de contagios y muertos en EU que espantan a cualquier, menos a él. El candidato a la reelección sabe que va detrás de las encuestas -aunque no lo reconozca-, pero sabe también que hace cuatro años iba rezagado y acabó ganando, en parte porque el voto cubano de Miami no le abandonó. Para asegurarse de que siga siendo fiel —y se sume también el cada vez más numeroso votante venezolano—, invoca cada vez que puede el miedo al “socialista Biden”, pese a que sabe que, si su rival ganó la candidatura, fue precisamente porque cerró el paso al izquierdista Bernie Sanders.

El martes mandó a Florida a su hija Ivanka Trump para alertar del “peligro de que gane el amigo de Maduro y Castro”. Además, el presidente tiene pensado cerrar su campaña con un mitin multitudinario en ese estado clave, donde el portal especializado RealClearPolitics daba ayer un empate literal a seis días de las elecciones: 48.0% para Trump y 48.0% para Biden, quien también ha anunciado que hará su fiesta de fin de campaña en Florida.

Pero los planes de Biden son diferentes. El exvicepresidente sabe que no puede conformarse con que las encuestas nacionales le den 40 puntos de ventajas entre el votante latino sobre Trump —ya que gran parte se concentra en estados ganados, como California, Nueva York o Illinois—, sino que debe movilizar a que los latinos salgan a votar masivamente en estados donde ganó el republicano hace cuatro años por la alta abstención entre los latinos, como Arizona —donde el demócrata tiene una leve ventaja de dos puntos (48.4 frente a 46.2)— y Texas —donde el republicano saca tres puntos a Biden (48.0 frente a 45.4)—. Para lograrlo, Biden cuenta con un poderoso e inesperado aliado: los jóvenes latinos.

15 millones de nuevos votantes
El demócrata espera que los jóvenes latinos —como los “soñadores”, los que vieron a familiares deportados, o los que se escandalizaron al saber de niños de inmigrantes enjaulados— sean los que saquen a sus padres de la casa y los lleven al centro de votación. Pero no sólo eso, Biden y su compañera de fórmula Kamala Harris esperan que los 15 millones de millennials (de los que más de un tercio son latinos), que votan por primera vez, lo hagan para echar del poder a quien ataca sus verdaderas preocupaciones: el cambio climático, el racismo, la falta de inversión en educación pública y el control de armas (para que no se repitan matanzas como la ocurrida en 2018 en la secundaria Parkland, al norte de Miami).

La estrategia de Biden parece acertada. Según CNN, el entusiasmo entre los jóvenes por votar ha subido 21 puntos desde las elecciones de 2016 (30 a 51); y el dato que más debería preocupar al republicano: Una encuesta de Harvard Youth publicada el lunes muestra que Biden saca a Trump 38 puntos (63 a 25) y que el voto adelantado de los jóvenes en condados hispanos en Texas, Arizona y también en Florida está batiendo marcas históricas.

Dentro de cinco días veremos si efectivamente los jóvenes lograron despertar al “gigante dormido”.

fransink@outlook.com

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