Opinión


El matrimonio interracial ¿aceptado o tabú?

El matrimonio interracial ¿aceptado o tabú? | La Crónica de Hoy

La simple idea de que un hombre negro se casara con una mujer blanca horrorizaba a gran parte de la población de Estados Unidos antes de la Guerra Civil. Aún el mismo Abraham Lincoln en un discurso que pronunció en Charleston, Illinois, en 1858, dijo estar en contra del matrimonio interracial. Pasó mucho tiempo antes de que dos personas con piel de diferente color pudieran unirse legalmente.

Fue hace solo cinco décadas, el 12 de junio de 1967, que la Suprema Corte de Justicia decidió que las parejas de diferente raza podían casarse. En 1960 todavía en 31 estados era delito penal hacerlo, la prohibición siguió por varios años más en 15 estados, pero aún donde se permitía, no era común ni bien visto que dos personas étnicamente diferentes contrajeran matrimonio.

Acercándose el aniversario del dictamen de la Corte que tanto cambió la vida y la sociedad estadunidense, se recuerda el caso que llevó a la decisión y que involucraba a Mildred y Richard Loving: ella, de raza negra; él, blanco, quienes se casaron en Washington, DC, donde era legal hacerlo, pero se mudaron a Virginia  donde el matrimonio interracial era castigado por la ley.

La pareja fue arrestada una madrugada de 1958 en su propia casa porque alguien delató que dormían juntos, en violación a la llamada Acta de Integridad Racial y se les sentenció a un año en prisión. Hecho verídico que sirvió de base para el libreto de la aclamada película Loving, estrenada en 2016.

Ahora, de hecho, no sólo ya ha cambiado la ley, sino que está cambiando la actitud de los ciudadanos. Así, aquí, un país donde sólo el tres por ciento se casaba con una persona de diferente raza, hoy el porcentaje es de 17 por ciento. Es decir, uno de cada seis matrimonios es interracial, según cifras del centro de investigación Pew.  

Sin embargo, los estadunidenses que actualmente consideran esto un hecho positivo y “bueno para la sociedad” son todavía una minoría, aunque se estima que en los últimos siete años ha aumentado de 15 a 39 por ciento, es decir, cuatro de diez adultos, apoyan las nupcias entre dos razas. Sorpresivamente, según el mismo estudio, uno de cada cinco afroamericanos no está de acuerdo en casarse con alguien que no sea de su raza.

Afortunadamente, este país va en camino de dejar a un lado el tabú de las razas y los colores de piel en cuanto a matrimonios, siendo los jóvenes, aquellos entre 18 y 29 años, los que están más a favor, en contraste con los estadunidenses de más de 65 años. También influye la evolución demográfica que se ha dado, ya que en lugares como Hawái, que tiene más diversidad en su población, un 42 por ciento se casa con alguien de otra raza; mientras en Carolina del Norte, donde el 85 por ciento de los habitantes son blancos, sólo el 3 por ciento contrae nupcias con alguien de diferente etnia.

Un caso destacable de matrimonio interracial es el de la vicepresidenta Kamala Harris, hija de migrantes de Jamaica y la India, quien en 2014 se casó con Doug Emhoff, un abogado blanco, judío y divorciado. Hoy son el primer matrimonio de dos razas que llega a un alto cargo de elección. Otros casos son el juez de la Suprema Corte Clarence Thomas, un afroamericano casado con una activista conservadora blanca y el líder republicano del senado, Mitch McConnell, que está blanco casado con la exsecretaria de Transporte, Elaine Chao, originaria de Taiwán.

Cuando Barack Obama, el hijo de un negro y una mujer blanca, llegó al poder en 2009, mucho se creía que al tener este país el primer presidente biracial, daría lugar a una sociedad posracista y libre de prejuicios raciales. No fue así. Y, por cierto, cuando la madre del ex presidente se casó en 1961 con su padre originario de Kenia, los matrimonios entre dos razas se daban sólo uno en cada mil y aún en los estados donde se permitían, eran motivo de alarma.

En la actualidad, el matrimonio interracial más común es entre blancos y latinos. Esto no tiene contentos a muchos, sobre todo a los estadunidenses blancos que están preocupados por la cada vez más grande posibilidad de que para 2025, cuando se estima que la población alcanzará los 350 millones, ellos sean una minoría. No en balde los bebés que más nacen hoy día tienen origen latino.

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