Opinión


El pacto patriarcal

El pacto patriarcal | La Crónica de Hoy

En la mañanera del 25 de febrero, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, admitió que desconocía el significado de la expresión “rompe el pacto” y que su esposa Beatriz Gutiérrez Muller se lo explicó. AMLO dijo: “Ahora con la simulación sobre el feminismo, empiezo a escuchar rompa el pacto, rompa el pacto, rompa el pacto.

“Lo digo sinceramente y no miento, me enteré de lo que era eso hace cinco días, porque mi esposa me dijo. Le digo: oye qué es eso de romper el pacto, explícame y ya me dijo. Rompa el pacto patriarcal, o sea, deja de estar apoyando a los hombres ¡Ah…!” contó López Obrador. (El Heraldo, 25(02/2021). 

En esa misma conferencia matutina, el Mandatario calificó como “importada” la expresión utilizada en las manifestaciones feministas contra la postulación de Félix Salgado Macedonio como precandidato por Morena a la gubernatura de Guerrero, quien tiene al menos cinco denuncias por violación y abuso sexual. 

Para Cecilia Amorós, existe un sistema de dominación patriarcal basado en prácticas y representaciones simbólicas. Las prácticas, por ejemplo, producen una situación de inferiorización y subordinación de las mujeres, donde ellas son objeto de los pactos simbólicos de los hombres para que ellos ejerzan el poder sobre las mujeres.

El instituto para el Desarrollo de Masculinidades Antihegemónicas, ha expuesto que este pacto, desde la teórica de la masculinidad, es la constitución del patriarcado moderno donde los varones pacta el poder “como hermanos”. (El Financiero, 25/02/2021).

Yo afirmo, categóricamente, que el concepto “pacto patriarcal” no tiene bases de sustentación; no le hace bien al movimiento feminista. Me explico: todos los autores clásicos del pensamiento jurídico y político, comienzan sus obras distinguiendo el poder paternal (ex natura), el poder despótico (ex delicto) y el poder político (ex contractu). 

John Locke (1632-1704) En el Segundo ensayo sobre el gobierno civil, corrige el sentido con base en el cual se había interpretado, tradicionalmente, al poder paternal. En el capítulo VI (52) de ese Ensayo afirma: “Tal vez sea calificado de impertinente crítica en disertación de esta naturaleza el poner tacha en palabras y nombres en el mundo arraigado. Y con todo es posible que no esté de más ofrecer otros nuevos cuando los antiguos pueden inducir a los hombres a error, como probablemente acaece con el del poder paterno, que parece situar al poder de los progenitores sobre sus hijos en el padre enteramente, como si la madre de él no participara; mientras que si consultamos la razón o la revelación, veremos que tiene ella igual título…Por ello vemos que la ley positiva de Dios donde quiera les junta sin distinguir entre ellos, cuando dispone la obediencia de los hijos ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’, ‘Temerá cada hombre a su padre y a su madre’, ‘Hijos obedeced a vuestros padres y madres’ etc.” (Two Treatises of Government, Cambridge University Press, 1967, p. 321).

A John Locke defendió la dignidad de la mujer. No es casualidad que este filósofo nacido en Wrington, haya insistido, enfáticamente, que lo único que justifica el mandato político es la libre y voluntaria aceptación de las personas sobre las cuales se ejerce ese poder público. 

Locke dejó asentadas dos cosas: 1) el poder político (basado en un contrato) no puede ser confundido con los otros dos poderes porque entonces daría lugar a regímenes aberrantes como el patriarcal o el tiránico. Por ese motivo hablar de un “pacto patriarcal” es una contradicción en los términos, un oxímoron (tan absurdo como decir “pacto de esclavitud”). No hay tal, porque si se admitiese la existencia de ese pacto se aceptaría la legitimidad de un dominio que no es más que la pura fuerza sin justificación; el dominio brutal del hombre sobre la mujer. 2) el pacto de asociación (pactum societatis) es el único que justifica la existencia del poder político; Locke desecha la validez del pacto de sumisión (pactum subictionis). El filósofo de Wrington ha pasado a la historia como uno de los teóricos del derecho de resistencia contra el mal gobierno. 

Hay cuatro casos en que se puede resistir y derrocar al mal gobierno: a) la conquista, b) la tiranía por defecto de título (el caso del usurpador), c) la tiranía por defecto de ejercicio (quien, llegando legítimamente al poder, lo ejerce sin frenos ni límites), d) por incapacidad del gobierno (porque no logra salvaguardar el orden público, ni suministrar los servicios básicos).

La filosofía del contractualismo encarnó en documentos y constituciones; uno de ellos fue la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano (26 de agosto de 1789). Si bien este documento fue un parteaguas en la historia política, excluyó a la mitad de la población. Por eso, el 5 de septiembre de 1791, Olympe de Gouges leyó la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (inclusión).

Allí comenzó la larga lucha por la igualdad, la dignidad y la incorporación de las mujeres en la vida económica, social y política. 

México no es la excepción: Las mujeres (y los hombres no machistas) están en pie de lucha.

 

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