Metrópoli


Entre la esperanza y los nervios: crónica de una vacunación

“He corrido con la suerte de no contagiarme, aunque dos de mis hijos ya dieron positivo a coronavirus, yo no quiero que esto me pase a mí, aún tengo toda una vida por delante”, comenta Maria Cristina de 88 años mientras espera gustosa a recibir la primera dosis de la vacuna contra COVID-19

Entre la esperanza y los nervios: crónica de una vacunación  | La Crónica de Hoy

Alberto García

A las 10:00 de la mañana María Cristina desayunó para acudir a vacunarse. Antes de salir su nieta le recordó llevar su CURP, credencial de elector y comprobante de haberse inscrito al programa de vacunación. “Abuelita no se le olvide el cubrebocas y la careta”, le recordó su nieta menor, Noemi, antes de salir de la casa rumbo al centro de vacunación.

La mujer de 88 años, originaria de Ecatepec, cuenta a Crónica el gusto que le da recibir la primera dosis de la vacuna contra el COVID-19; señala que a su edad ha vivido tantas cosas que podría escribir un libro.

“He corrido con la suerte de no contagiarme, aunque dos de mis hijos ya dieron positivo a coronavirus, yo no quiero que esto me pase a mí, aún tengo toda una vida por delante”, comenta con tono de felicidad.

Cristina es madre de 10 hijos, tiene alrededor de 20 nietos y 6 bisnietos, aunque siempre ha sido madre soltera, comenta que jamás se sintió sola pues toda la ayuda que necesita la encuentra con sus hijos.

En punto de las 11:00 Roberto, Gerardo e Isaías, la esperaban para llevarla a su cita; con muchos nervios y una gran felicidad la octogenaria se aventuró a lo que sería un nuevo comienzo tal como lo describe ella.

“Al principio no me sentía muy segura de aplicarme la vacuna, una escucha muchas cosas y a saber si son verdad, pero prefiero prevenir que lamentar”.

Bastaron 20 minutos para llegar al Chamisal, lugar donde aplicaban la vacuna, la fila de tres cuadras pronosticaba una espera larga. Los adultos mayores —quienes se veían cansados, otros molestos y muchos ansiosos por ser vacunados— esperaban su turno.

Su hijo mayor, Roberto quien ya se había vacunado el lunes, la llevó a paso lento hasta la punta de la fila.

“Déjame descansar un poco”, le dice Cristina exhausta a su hijo. Y es que a los 88 años es difícil mantener el paso. No hubo necesidad de seguir caminando ya que un voluntario solicitó una silla de ruedas, en la que la llevaron hasta el punto de vacunación, le tomaron los datos y a cambio de un piquete en el brazo llagó una nueva esperanza de no contagiarse.

Bastaron tan solo 40 minutos para que la mujer saliera feliz del centro de vacunación. "Pienso que es muy buena la vacuna, un año encerradito y para nuestro mismo provecho, hay que seguir con las medidas sanitarias eso es lo principal, que tengamos, que sigámonos cuidándonos”, dice la mujer exaltada.

Comenta que antes de entrar al módulo sintió nervios y felicidad al mismo tiempo, debido a que muchos de sus seres queridos ya se han contagiado de COVID-19.

Ahora Cristina espera con ansias la segunda aplicación de la vacuna, señala que cuando esto pase saldrá de paseo con todos sus hijos, nietos y bisnietos, pues estas son cosas que solo suceden una vez en la vida.

“He vivido una vida plena y feliz, mi edad no significa que debo darme por vencida, quiero seguir disfrutando y ver que es lo que me depara el futuro”, expreso la mujer antes de romper en llanto.

 

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