Opinión


La manifestación del domingo 4 de octubre

La manifestación del domingo 4 de octubre | La Crónica de Hoy

El miércoles de esta semana me entrevistaron en la cadena de televisión NTN24. El conductor, Carlos Figueroa, comenzó señalándome que el domingo 4 de octubre había conversado con un diputado de Morena sobre la manifestación que se había llevado a cabo ese día en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador. El legislador le dijo que no se habían reunido más de 5 mil personas, y que la mayoría de ellas habían sido pagadas para que acudieran al evento. Le respondí que esa era la versión oficial, pero que era falsa.

Ante el desafío lanzado por el tabasqueño: “A la primera manifestación de 100 mil personas me voy a mi rancho”. La respuesta fue que en pocos días se reunieron 188 mil seres humanos. Seguramente, fue una desagradable sorpresa para él, sus colaboradores y simpatizantes; pero, en contrapartida fue un aliciente para quienes no comulgan con sus ideas. Desde las oficinas de gobierno y desde el partido en el poder no supieron cómo responder más que con mentiras, igual que como lo hicieran los presidentes de la república y el PRI durante el período en el que dominó el Régimen de la Revolución.

La manifestación del domingo pasado dejó salir a flote el descontento que existe en amplias capas de la población contra López Obrador. Es mentira que los asistentes a la marcha hayan sido acarreados: fue gente que, de manera voluntaria, acudió a la convocatoria. Incluso, algunas de esas personas participaron por primera vez, espontáneamente, en un acto público.

No fue un llamado de los partidos políticos ni de las asociaciones empresariales; fue una convocatoria de la sociedad civil con su pluralidad y frescura. A eso es a lo que Jürgen Habermas llama “esfera pública” (Öffentlichkeit) (The Structural Transformation of the Public Sphere, Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1991), para distinguirla de la esfera política (donde se busca o ejerce el poder) y de la esfera económica (motivada por la ganancia). Como dice Benjamin Barber: “La sociedad civil no es donde votamos o donde vendemos y compramos…La sociedad civil es pública sin ser coercitiva, voluntaria sin ser privatista. En esta dimensión se ubican nuestras instituciones cívicas tradicionales como las fundaciones, las escuelas, las iglesias, las organizaciones con sin fines de lucrativos. Los medios de comunicación también se inscriben en este rango, siempre y cuando tomen en serio sus responsabilidades públicas y subordinen sus intereses comerciales a sus obligaciones cívicas.” (Jihad vs. McWorld, New York, Ballantine Books, 1996, p. 281). Y añade: “La sociedad civil es una de las claves de la democracia.” (Ibidem., p. 287).

Si el medio específico de la política es el poder y de la economía el dinero; el medio específico de la sociedad civil es la cultura (Antonio Gramsci). Es decir, la palabra y la creación artística (danza, pintura, escultura, artesanía), el intercambio libre de ideas, la tolerancia, el respeto por las diferentes maneras de pensar. En tal virtud, la sociedad civil es horizontal y plural. Pues bien, los autócratas populistas temen a la sociedad civil porque resulta incontrolable en vista de sus afanes verticalistas y centralistas. Por ejemplo, Viktor Orbán, Primer Ministro de Hungría, prohibió que las organizaciones civiles de ese país recibieran fondos del extranjero aduciendo que era dinero del magnate George Soros (húngaro de origen israelita, nacionalizado norteamericano) y que tenía como propósito derrocar a su gobierno.

El antecedente directo de la marcha del 4 de octubre es la Caravana de automóviles en contra del Peje, que se llevó a cabo el 30 de mayo y tuvo replicas en, por lo menos, 20 ciudades del país. La Caravana fue convocada en redes sociales con la etiqueta #AMLOVeteYa.

La astucia de López Obrador estuvo en que además de decir: “A la primera manifestación de 100 personas me voy a mi rancho”, añadió “…y que yo vea que en las encuestas ya no tengo apoyo.” Mañosamente, no especificó cuál sería el porcentaje de desaprobación que se requeriría para que se fuera a su propiedad en Palenque.

La insatisfacción social contra López crece por los desatinos cometidos respecto del manejo de la pandemia del Covid-19, la crisis económica y el incremento de la violencia y la inseguridad; pero también por el creciente autoritarismo con el que está gobernando al país.

En un mundo donde la comunicación es inmediata, no se puede ocultar lo que sucede en cualquier parte del planeta. Y ya se sabe lo que está pasando en México. El Financial Times publicó (04/10/2020) como editorial institucional un artículo titulado “Lopez Obrador becomes Latin America’s new strong man” (López Obrador se convierte en el nuevo hombre fuerte de América Latina). El primer párrafo dice: “Cuando un presidente exige lealtad ciega a sus funcionarios, deberían de sonar las alarmas. Cuando pide un referéndum para enjuiciar a sus predecesores, lanza diatribas contra la autoridad electoral independiente y avergüenza públicamente a quienes lo critican, hay buenas razones para sentir miedo.”

            El asunto es que el domingo 4 de octubre la gente perdió el miedo y salió a las calles a mostrar su descontento.

El sujeto del populismo es el pueblo (la masa); el sujeto de la democracia es la sociedad civil (los ciudadanos)

 

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Mail: jfsantillan@tec.mx

 

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