Opinión


Resistir desde la pintura

Resistir desde la pintura | La Crónica de Hoy

 

Daniel Lezama (CDMX 1968) presentó en la galería de la Ciudad de México, MAIA Contemporary, Crisol (21Sep-4Nov,2018), exposición complementaria y antecedente directo de La Compañía, muestra en el MMAC curada por Erik Castillo.

A partir de recuerdos de infancia, Lezama crea una metáfora sobre la imposibilidad de alcanzar la modernidad en México al referir a la desaparecida fábrica de papel de San Rafael Tlalmanalco cercana al Iztaccíhuatl, estableciendo un contrapunto entre la alegoría nahua del volcán como una mujer dormida, y la ruina de esta empresa con tecnología importada de Francia. Esto genera una confrontación entre el progreso occidental y sexualizados seres autóctonos de quienes emana energía del inconsciente.

En su exposición de 1997, El Velo de Maya, Lezama evocó rasgos pictóricos de Siqueiros. En Crisol y La Compañía, hay quien acusa a Daniel de copiar al alemán Neo Rauch, incriminación injusta, ya que Lezama ha logrado una definida personalidad estética y pictórica heredera del arte nacionalista, el Muralismo y la tradición de la pintura historicista occidental.

Como si fueran los seres energéticos de esta exposición, Lezama pertenece a una tradición pictórica de reescritura de la historia mexicana conformada por Nahum B. Zenil, Enrique Guzmán (1952-86), el Taller de Documentación Visual (1984-1999), Rolando de la Rosa, Rubén Ortiz Torres, Marisa Lara y Arturo Guerrero, Dulce María Núñez, Froylán Ruiz, Adolfo Patiño (1954-2005), Mauro Terán, José Luis Sánchez Arriaga, Cisco Jiménez, Javier de la Garza, Daniel Guzmán, la artista chicana Yolanda M. López, Armando Romero, Helio Montiel, Gustavo Monroy, Arturo Elizondo, Demián Flores, Julio Galán (1959-2006) Carlos Jaurena, Fabián Cháirez, etc. y los cuales derrumban el mito del progreso en arte y sociedad para fincar un entorno de resistencia, continuidad, autenticidad y autonomía cultural.

Twitter: @artgenetic

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