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Restauranteros y GCDMX cocinan acuerdo para regresar

La venta de comida en estos sitios estaría de vuelta el viernes o el lunes. Por lo pronto, las protestas continuarán ya que cada vez hay más negocios dispuestos a romper la prohibición

Restauranteros y GCDMX cocinan acuerdo para regresar  | La Crónica de Hoy

Foto Especial

La reunión de este miércoles entre restauranteros y autoridades capitalinas tiene un final previsto a favor de la reapertura de estos establecimientos. La autoridad capitalina aceptaría que regrese la venta en sitio de alimentos este viernes (en semáforo rojo) o bien el próximo lunes, pero brindando el servicio en mesas que deben estar ubicadas sobre las banquetas o un carril tomado al arroyo vehicular.

La presión de los restauranteros se ha traducido en dos días de cacerolazos seguidos y en el desafío de múltiples negocios, pequeños y grandes, que han comenzado a servir comida en sus instalaciones. Por ahora, como señaló Claudia Sheinbaum el lunes, sólo se está amonestando a quien hace esto, pues no se quiere llegar a confrontar (y recurrir a clausuras y multas para negocios que están al borde de cerrar permanentemente).

El Sonora Grill, de hecho, practicó la tesis de las mesas al aire libre, que es un procedimiento utilizado en Nueva York, Europa y Japón para permitir la actividad económica sin que ello conduzca, en teoría, a generar focos de infección. Casos similares aparecieron en la colonia Roma, en la Alcaldía Cuauhtémoc, aunque en negocios pequeños de comida corrida, la reapertura se ha hecho dentro del local y sin mayor protección. En la calle Colima, un lugar pequeño, con cinco mesas amontonadas, regresó a la actividad y en cada mesa se observaron al menos 3 comensales. La mujer que lo dirige se lleva bien con el puesto metálico de hamburguesas y los tacos que no han parado un solo día, con rojo, naranja, amarillo o cualquier color que se les ponga enfrente.

Otros negocios establecidos en la misma Roma muestran aún que el proyecto de servir sobre la acera o un carril del arroyo vehicular venía de semanas atrás. Sobre el asfalto, hay lugares para macetas delimitados con pinturas y puntos donde mesas distanciadas entre sí deberían estar. Todo esto se paró con la llegada del semáforo rojo. Las nuevas negociaciones con la autoridad capitalina han puesto nuevamente el tema sobre la mesa.

La idea tiene un sustento teórico que parece haber aceptado la autoridad capitalina. Fue Alejandro Macías, comisionado para la pandemia N1H1 en el sexenio calderonista, quien explicó, el lunes pasado y en una cápsula de Youtube, lo que se pretende: “Ahora nos quedan cosas claras, pensábamos que el mecanismo indirecto era común, es decir que si se contamina un objeto inanimado, un lápiz por ejemplo, y alguien lo toca y luego se tocaba los ojos, quedaba infectado. Pensábamos que eso era común y por eso los tapetes de cloro, lo de cambiarse la ropa de inmediato llegando a casa”, señala durante su alocución grabada.

Macías indica que ahora sabemos que lo común en realidad es contagiarse por respirar la saliva en forma de las gotas (cerca del emisor) o en aerosoles (hasta 8 metros). “Cuando muchas personas se encierran y están respirando el mismo aire se dan episodios de superdiseminación (del virus); un ejemplo claro es el de un restaurante, 40 personas respirando el mismo aire y una persona enferma asintomática puede infectar a decenas. Ahora sabemos que no hay personas superdiseminadoras, sino eventos superdiseminadores”.

Y entra a un tema de especial interés para los restauranteros: “Ahora, a principios de año, los hospitales están en buena parte  saturados y las autoridades han debido tomar acciones, nada populares, como el cierre de actividades económicas”.

Macías incluso alude a la incapacidad de las autoridades de ciudades como la CDMX en donde el cierre por razones sanitarias puede aplicarse a negocios formales, pero no a los informales. En efecto, Crónica documentó que los tianguis, incluyendo sus puestos de comida callejeros, recibieron la orden oficial de parar en diciembre y no lo hicieron. Fue la primera rebelión que vivió el gobierno morenista y prevenía de un sector agrupado en organizaciones populares muchas veces afines a Morena. Esto también enardeció a los restauranteros.

“Son situaciones en las que es difícil quedar bien, ¿qué alternativas puede haber?”, pregunta Macías, “lo principal es salvar vidas, así que debemos apoyar al gobierno”. No obstante, puntualiza, es difícil poner un límite al cierre pues, ahora mismo, la reapertura se está planteando para la próxima semana o la siguiente, cuando el frío y los contagios muy probablemente aún estarán muy altos.

“En algunos países -y puede ser un buen abordaje-, han intentado evitar eventos de superdiseminación, lo que quiere decir ventilar interiores”, señala refiriéndose al caso de los restaurantes. Macías indica que en México no hay fríos extremos, lo que ayudaría a que estas actividades económicas pudieran echarse a andar vigilando la calidad del aire circundante, ventilando los lugares cerrados y apostando al exterior.

Se podría reabrir “Si se tiene un negocio y se asegura que se va a trabajar en exteriores o en interiores pero que no se va a pasar de cierto nivel en (el deterioro) de la calidad del aire”, señala. El excomisionado propone monitorear el dióxido de carbono (emisiones aéreas de los seres vivos al ambiente) para corroborar que un lugar cerrado no es un escenario de superdiseminación.

NEGOCIACIÓN O CACEROLA. Fuentes consultadas por Crónica indican que la negociación del lunes pasado se adelantó y el gobierno de Sheinbaum está prácticamente decidido a la reapertura. La presión ha comenzado a aparecer en otras orbes, pues, por ejemplo, Santiago Taboada, alcalde panista de la importante Benito Juárez, se pronunció abiertamente por la reapertura.

Por lo pronto, a la una de la tarde de ayer, comenzaron a salir de restaurantes cocineros, meseros, lavalozas y empresarios para exigir que se les permita reabrir. “Abrimos o morimos”, sentenciaron con un cacerola y cucharones en mano para hacerse escuchar y llamar la atención de las autoridades sobre la crisis que enfrenta el sector.

Los inconformes bloquearon de manera intermitente diversas vialidades como Insurgentes, avenida Presidente Masaryk y Reforma mostrando carteles con las frases “Mi familia depende de mi trabajo” y “Abrimos o morimos”.

Enfundados en sus uniformes, al que agregaron guantes y caretas, se preocuparon por guardar la sana distancia durante su manifestación.

Por segundo día, los trabajadores y empresarios exigieron que se les deje abrir con el 30 por ciento de capacidad.

Aunque este lunes iniciaron las mesas de trabajo con el Gobierno capitalino, los restauranteros advirtieron que las protestas continuarán diariamente hasta obtener una respuesta satisfactoria.

Restaurantes como Garabatos, Fogo de Chao, IHOP, entre otros fueron algunos de los que se unieron al llamado hecho en redes sociales con el hastag #AbrimosOMorimos.

En días previos, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), reclamó a las autoridades la competencia desleal en la que incurre la venta de comida callejera y ambulantes.

Según la Canirac, desde el inicio de la pandemia se han cerrado 13 mil 500 establecimientos de comida. “Las negociaciones particulares que se hicieron con proveedores o arrendatarios ya llegaron a su fin, y hay presión por ponerse al corriente y hay lugares en que ni siquiera se llega al aforo permitido”, expusieron en una carta enviada a Sheinbaum.

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