Opinión


Termina el año litúrgico

Termina  el año litúrgico | La Crónica de Hoy

Este domingo 22 de noviembre termina el año litúrgico de la Iglesia, con la celebración de la fiesta a Cristo Rey, y con ello dará inicio el adviento que abarca los siguientes cinco domingos en preparación de la Navidad.
La fiesta de Cristo Rey del universo fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925, a través de la Encíclica Quas Primas, al conmemorar un año jubilar en el XVI centenario del Concilio de Nicea, pero durante el Concilio Vaticano II, el Papa Paulo VI, en 1969, fijó la actual celebración que no tiene fecha fija, en el calendario romano.
A partir de este domingo, los colores de los ornamentos sacerdotales irán cambiando; del verde que es el que caracteriza al tiempo ordinario, al blanco en esta fiesta y en Navidad, y al morado y al rosa.
La inspiración de esta celebración religiosa se debe a México, primer país que levantó un monumento a Cristo Rey en el actual cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, en 1920, y es que, desde el primer momento, el Episcopado Mexicano apoyó el proyecto y sólo pidió que fuera votivo, es decir, que reflejara un voto o promesa, porque el 11 de junio de 1914, todos los obispos habían consagrado México a Cristo Rey y habían hecho la promesa de construir un santuario nacional. 
De este modo, México se convirtió en el primer país donde multitudes de fieles hicieron este tipo de consagración a Cristo Rey, pues antes, sólo existía la devoción al Sagrado Corazón de Jesús que oficialmente data de 1675, y cuya principal promotora fue santa y vidente francesa Margarita Alacoque.
El primer monumento a Cristo Rey se edificó de 9 metros de alto y su costo fue de 5 mil pesos; lo financiaron los propios habitantes de Silao, bajo la guía del Obispo de León, Emeterio Valverde Téllez. 
Los trabajos duraron del 12 de marzo al 9 de abril de 1920 y el santuario atrajo tantas peregrinaciones que decidieron cambiar de sitio al Cristo hacia lo que hoy es la Ermita Expiatoria, para dejar el puesto más alto del cerro a un monumento mayor.
El segundo monumento fue proyectado por el Ing. Luis G. Murguía y la primera piedra la bendijo el Delegado Apostólico Ernesto E. Filippi ante 80 mil personas, el 11 de enero de 1923, pero cuando el diplomático bajó del cerro fue apresado y expulsado del país junto con varios obispos a causa de la persecución religiosa. El 30 de agosto, Álvaro Obregón prohibió definitivamente la construcción del Monumento.
Un año después, para conmemorar la colocación de la primera piedra del segundo monumento, millones de mexicanos celebraron en todo el país la “Primera Hora Santa Nacional” y desde entonces, este evento se realiza cada año, a excepción de 1927, 1928 y 1929, que fueron los años más turbulentos de la Guerra Cristera.
En varios países se encuentran monumentos similares, siendo los más famosos el de Corcovado, en Río de Janeiro, Brasil, al que también llaman Cristo Redentor y que data de 1931; el Santuario Nacional de Cristo Rey en Lisboa, Portugal, de 1959, o el de Belalcázar, Colombia, de 1954.

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