Juan Diego, la canonización más cuestionada | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Juan Diego, la canonización más cuestionada

La canonización de Juan Diego es una de las causas más difíciles y cuestionadas que consumará el Papa Juan Pablo II durante su pontificado. Dos veces antes de autorizar su canonización (1996 y 1999) la Congregación para la Causa de los Santos de la Santa Sede revocó la documentación presentada por la Iglesia Mexicana y pidió estudiar a fondo la historicidad del vidente mexicano.
El proceso para que hoy Juan Pablo II declare Santo a Juan Diego estuvo lleno de escollos.
Monseñor Enrique Salazar, primer postulador de la Causa, nombrado por el cardenal Ernesto Corripio Ahumada, recuerda que el proceso de beatificación de Juan Diego se inició desde el siglo XVII, pero una y otra vez los postuladores claudicaron en el intento porque estaba en duda no sólo la legitimidad de la tilma de la Virgen de Guadalupe, sino la propia existencia de Juan Diego.
En 1974, al celebrarse el V Centenario del posible año del nacimiento de Juan Diego, algunos obispos en México propusieron ya su canonización como modelo de seglar mexicano.
Durante su primera visita pastoral a México, en 1978, el Papa Juan Pablo II habló de Juan Diego como un personaje histórico y fundamental en la evangelización de México y la jerarquía volvió a insistir en la canonización.
En 1979, por recomendación del padre Lauro López Beltrán, que había fundado el centro de Estudios Guadalupanos, el cardenal Corripio decidió reabrir la causa de la postulación y para ello nombró a Enrique Salazar Salazar, quien en octubre de ese año viajó a Roma para que la Congregación para la Causa de los Santos reactivara la beatificación de Juan Diego, pero pasaron unos dos años antes de que se iniciara formalmente.
Según cronistas de la Basílica, el proceso de canonización del beato Juan Diego fue iniciado por Ernesto Corripio Ahumada cuando llegó a la Arquidiócesis de México como una reivindicación de la diócesis, porque en 1896 el obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez Camacho, negó las apariciones de la virgen de Guadalupe y tuvo que dejar su obispado debido al escándalo que provocaron sus declaraciones.
En busca de los restos. Por aquellos años, la tumba fue buscada sin éxito en diferentes sitios y en diferentes siglos porque según la tradición Juan Diego y su tío Juan Bernardino habían vivido 17 años en la antigua ermita al cuidado de la imagen de la virgen y cuando murieron los sepultaron ahí.
El último intento por hallar los restos fue realizado por el ex abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg quien en 1969 solicitó al Instituto Nacional de Antropología e Historia que un grupo de especialistas realizara infructuosa excavación en al antigua Capilla de Indios. Los arqueólogos del INAH sólo encontraron una osamenta que no podía ser identificada.
El arzobispo Corripio Ahumada logró en 1981 que Juan Diego fuera nombrado siervo de Dios para que el proceso de canonización se iniciara ante la Congregación para la Causa de los Santos. En esa época, el culto al indio fue promovido desde los púlpitos, y el 15 de junio de 1981 la conferencia del Episcopado Mexicano pidió formalmente la canonización durante su X Asamblea General.
Tuvieron que pasar nueve años para que el 6 de mayo de 1990 cuando se logró la beatificación del vidente indígena. En la misma celebración en la que beatificó a los tres niños mártires tlaxcaltecas y al padre Yermo, el Papa concedió a Juan Diego la beatificación.
El proceso final. Tras la beatificación del indio mexicano comenzó el intento definitivo por la canonización. Clérigos como el entonces abad Guillermo Schulenburg y el arcipreste de la Basílica, Carlos Warholtz, se opusieron a la beatificación, negando su historicidad. Para ellos Guadalupe y Juan Diego pertenecían al ámbito de la catequesis simbólica.
En 1995, Norberto Rivera Carrera fue nombrado arzobispo Primado de México. Con él llegaron vientos de cambio y renovación a los altares mexicanos; Schulenburg se erigía como el representante de la vieja alcurnia eclesiástica reacia a abandonar el poder.
En 1996, Guillermo Schulemburg dio una entrevista a la pequeña revista Ixtus en la que negó públicamente el milagro guadalupano. Esos comentarios generaron un gran escándalo que llegó a resonar en los pasillos de El Vaticano. El jerarca fue removido de su puesto.
Entonces, la Congregación para la Causa de los Santos pidió ir a fondo en la historicidad de Juan Diego. El cardenal Rivera impulsó una Comisión de sacerdotes que se abocó durante tres años a recopilar información.
En 1999, los sacerdotes presentaron un nuevo volumen con nuevos hallazgos. Todo estaba listo para la canonización, pero de nuevo una carta de Guillermo Schulenburg hizo estremecer al Vaticano. Esta vez aseguró que la Tilma era en realidad una pintura plasmada en una tela de algodón.
Los argumentos fueron lo suficientemente fuertes y contundentes para que la Santa Sede pidiera otra vez la revisión de toda la documentación que sostiene la existencia de Juan Diego.
La Comisión de historiadores encabezada por los sacerdotes Fidel González Fernández, José Luis Guerrero y Eduardo Chávez se abocó una vez más a revisar todos los documentos, códices y evidencias de la existencia histórica de este personaje.
No fue sino hasta finales del año 2001 cuando El Vaticano anunció la aprobación del milagro y con ello se abrió la vía rápida para la canonización. Guillermo Schulenburg envió otra carta al Secretario de Estado, Angelo Sodano, esta vez acompañado por sacerdotes con gran autoridad moral como Manuel Olimón Nolasco, pero sus argumentos no tuvieron resonancia y el proceso continuó.
Finalmente Juan Diego llegó a la meta. Se convertirá en el santo mexicano número 29 y en uno de los casi 270 santos nombrados durante el presente Pontificado.

El Papa, el que más ha santificado
Juan Pablo II será el Pontífice que más canonizaciones ha hecho en la historia dela Iglesia, pues proclamó casi 470 nuevos santos durante sus 24 años de pontificado.
Antes de él había solamente 290 santos. La iglesia mexicana contará con 29 santos, 28 de ellas proclamados por Karol Wojtyla; el único santo mexicano era San Felipe de Jesús, canonizado en el siglo XVIII, pero Juan Pablo II santificó en el año 2000 a 27 mártires de la Guerra Cristera y ahora proclamara a Juan Diego, el primer santo indígena en la Iglesia Católica Universal.

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