La Crónica de Hoy | Amenaza

Amenaza
J. Jesus Blancornelas | Opinión | Fecha: 20-ago-02 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 07:45:31
Anocheciendo, llegó muy contento a su casa. Contó a toda la familia muy buenas noticias. Luego de la cena durmió serenamente. Cuando despertó se bañó y hasta cantó. Así de alegre desayunó con su esposa. Y terminando le dio un beso antes de salir a la oficina. Camino a la puerta llevaba listas las llaves del auto. Abrió. Al cerrar se le echaron encima dos empistolados. Ni chance para defenderse. Le metieron once disparos y por allí se le fue la vida.
Fue a mediados del reciente julio. La esposa dijo a la policía: Nada más había cerrado la puerta su marido y escuchó "...un tronadero como si fueran petardos". Explicó dolorida: "Cuando salí estaba tendido en un charco de sangre. Le miré a los ojos y supe inmediatamente que se había ido".
Esto no sucedió en Tijuana o Mexicali. En Guadalajara o Nuevo Laredo. En Ciudad Juárez o Culiacán. En el Distrito Federal o Mazatlán. En Monterrey o Michoacán. No. Fue en Albany, suburbio del estadunidense Atlanta. Nunca antes sucedió. La víctima se llamó Derwin Brown. Su viuda es Phyllis. El señor recién ganó las elecciones para sheriff. Ondeó como bandera de campaña desenraizar la gran corrupción policíaca.
Sydney Dorsey, cincuentón de color, era el sheriff. Un reporte oficial reveló: En su departamento circulaban más sobres con tantos billetes como en un banco. De paso era famoso por exigir favores sexuales a las secretarias. Aparte, manejaba una compañía de seguridad. Obligaba trabajar gratis a policías, permitiéndoles sucias libertades. También los utilizaba como servidumbre para su familia. Por eso los votos no le favorecieron. Se enfureció. Echó mano de tan cochambrosas relaciones con los mafiosos y se arregló con dos para matar al señor Brown.
Solidarios, los policías investigaron con insistencia y precisión. Descubrieron y encarcelaron a los matones. Desprotegidos, no tuvieron más remedio. Contaron todo. A cambio de cierta inmunidad aceptaron testificar en la Corte. Así, el jurado sin mucho discutir sentenció con prisión de por vida a Dorsey. Tiene pendientes once procesos: Soborno, abuso de autoridad y más.
En San Luis Potosí como en Albany, sucedió lo nunca visto. Ejecutaron de un disparo en la cabeza a Margarito Méndez Rico. Fue comandante de la Policía Judicial Federal. También director estatal de Tránsito. Sucedió el miércoles 14 ya de noche. Estaba lloviendo. Pasaban entre 10 y 20 minutos de las once. Llegó hasta su casa en las calles Picacho y Loma Alta del Fraccionamiento Cumbres, habitado por familias pudientes. Bajó de su Volkswagen Passat platinado placas UVM3268 para estacionarlo en la cochera. Al hacerlo, un balazo entró cerca de la ceja derecha. Se desplomó mientras el matón huyó. Como en el caso de Albany, fue encontrado por sus familiares tras escuchar el balazo.
No me imagino a un ex policía con harta experiencia como Margarito descuidándose tanto cuando llegaba solo a su casa a medianoche. A esa hora no había carros transitando ni peatones, condiciones favorables para cualquier matrero.
Foto
Leí una crónica potosina: No se encontró el casquillo "lo que hace sospechar" que cayó al interior del auto desde donde disparó el sicario. Suponiendo sin concederlo así, todo pistolero sabe muy bien: Son terribles estallido y fogonazo. Aturde y ciega entre 30 segundos a un minuto. Siguiendo esa consideración hay una posibilidad: Si solamente fue un matón tuvo enorme grado de dificultad: Conducir, frenar, desenfundar y disparar con precisión bajo la lluvia. Todo bajando el cristal de la portezuela contraria al chofer. Sobreponerse al estallido y destello para poder manejar rápido. Ahora, si el conductor y asesino disparó desde su asiento, sacó el brazo por la ventanilla del chofer surgen dos situaciones: Una, era zurdo. Y dos, debió torcer el cuerpo, incómodo para disparar con la derecha. Pero entonces sí el casquillo caería al suelo y no sufriría aturdimiento. Pero como haya sido es claro: Margarito debió ver a sus asesinos.
Hay obligadamente dos hipótesis más: 1.- Dos hombres en un auto esperándolo tras vigilarlo varios días y calcular la hora de su llegada. Luces y motor apagados. Cuando Margarito llegó, echaron a funcionar el vehículo. Despacio se acercaron hasta frente a la casa de Méndez Rico. Desde el auto disparó el acompañante del chofer. Debía ser un excelente tirador para atinar. Y 2.- El mismo inicio pero con un cambio: Al estacionarse, el matón bajó dejando la portezuela abierta. Se acercó a Margarito con absoluta confianza. Es de considerarse que se conocían y por eso pudo dispararle. De otra forma Méndez Rico sabía cómo defenderse. Entonces tras disparar el matón corrió al auto. Se trepó y su compañero chofer aceleró desapareciéndose. Y aquí hay una observación: El asesino no pudo detenerse a buscar el casquillo. Es probable que alguien lo escondió. Pero de una cosa no hay duda: Fueron asesinos profesionales. Tal vez contaron con ayuda y complicidad después del asesinato.
La ejecución estremeció a los potosinos. No sucede. No están acostumbrados como en otros Estados. Lamentablemente el asesinato tiene todas las características de la mafia. Así se dejaron notar en el Distrito Federal con la ejecución sufrida por Paco Stanley. Ahora los sicarios son imparables en la capital mexicana. Hace días un joven mató por encargo a cuatro en Sonora. El fin de semana ejecutaron a nueve en Michoacán. Dos fueron abandonados envueltos y hasta con un moño en la boca. Tres en Tijuana. Uno, lo dejaron frente a la funeraria de moda.
Normalmente esta clase de ejecuciones no se resuelven por dos motivos: Uno, los investigadores son "tapaderas". Y dos, siendo honrados temen ser víctimas. Conocen perfectamente al que ordenó el crimen y a los que obedecieron. Particularmente en el norte del país y generalizando en otros Estados, hay miles de asesinatos como el de Margarito jamás resueltos.
Hace un año escribí sobre la presencia de narcotraficantes con todo y familias en Monterrey. Hasta inscribieron a sus niñas en los mejores colegios. El gobernador se enojó declarando que en Nuevo León las mafias no tenían cabida. El viernes pasado y personalmente lo comprobó el procurador general de la República: El cártel del Golfo se asentó en la capital regiomontana. Por mis orígenes, me duele y preocupa lo sucedido en San Luis Potosí. Pero es lógico. Desde hace tiempo los narcos de Osiel Cárdenas Guillén tomaron como escala la ciudad potosina vía Quintana Roo-Nuevo Laredo y, o Juárez. Ya aparecieron en Aguascalientes. Así empezaron en Monterrey. Ahora se apoderaron de esa capital. En San Luis deben ahuyentar a los malandrines. Desenmarañar la ejecución de Margarito. Si no, la sombra mafiosa cubrirá geografía y sociedad potosinas. Sería triste y doloroso.

Sugerencias y comentarios:
blancornelas@zetatijuana.com
Artículos de interés


Columnas
  | A-  | A  | A+

La Crónica de Hoy | Todos los derechos reservados ©2013 Powered by GYL Systems