Saliendo de las sombras - Teresa Jardí | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Teresa Jardí

Saliendo de las sombras

En Mérida, en el teatro Felipe Carrillo Puerto de la UADY, se realizó del 12 al 15 de febrero de 2003, un evento de la mayor importancia que tuvo por título el de esta colaboración con el auspicio del Diario Por Esto!, The Narco News Bulletin y de la Universidad Autónoma de Yucatán. No creo equivocarme al pensar que ese evento, y la continuidad que el mismo, sin duda, va a tener, son de las cosas más importantes que le han pasado a América Latina últimamente. Ciertamente una gran esperanza es la actitud que al respecto tenga el gobierno de Brasil con Lula al frente. Ya se sabe que México para cambiar necesitaba un presidente que nombrara un canciller que cabildeara las 24 horas del día, los 365 días del año para que se despenalizara la droga ante la Organización de las Naciones Unidas. Pero si Castañeda que era inteligente fue entreguista, esperar algo así del actual sería como pedirle agua a las piedras. Fox, al contrario de Lula, a la historia sólo aspira a pasar como la anécdota del día. Asistieron al mismo personalidades de la talla de Gustavo de Greiff, ex fiscal general de Colombia, Francisco Fernández Repetto, director de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, Felipe Quispe, El Malkú de la Nación Aymara, amén de diputado y dirigente de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores campesinos de Bolivia; Marco Perduca, director Ejecutivo de la Liga Internacional Antiprohicionista, David Borden, Director Ejecutivo de la Red Coordinadora para la Reforma de las Drogas, Ethan Nadelmann, Director Ejecutivo de Drug Policy Alliance, Mario Renato Menéndez Rodríguez, director de Por Esto!, Marco Cappato, miembro del Parlamento Europeo, Margarita Percovich, parlamentaria uruguaya, Ronaldo Alfaro, parlamentario en Costa Rica, Andrés Vázquez Santiago, fundador del Congreso Nacional Indigenista. Y más, muchos más, cuyo nombre se me escapa, quienes, al lado de periodistas y abogados, estudiantes y maestros, discutieron y estuvieron de acuerdo en la necesidad de impulsar una enorme campaña que sume a la sociedad entera, de todos los países del mundo, para lograr que se despenalice primero y legalice después la droga. Se trata de acabar con esa guerra perdida contra el narcotráfico que tanta violencia e inseguridad ha implantado en el planeta. Con esa farsa que ha hecho ricos a unos cuantos a costa de la sangre de los más marginados y desprotegidos. Y como bien señaló uno de los participantes no tenemos por qué olvidar que hasta el 11 de septiembre en que volaron las torres gemelas en nombre de la lucha contra las drogas la ONU daba dinero a los talibanes y continúa en nombre de lo mismo financiando a los dictadores en cualquier lugar del mundo donde los mismos se encuentren. La lucha contra las drogas es un pretexto para ajustar cuentas con la gente que no esté de acuerdo con esos regímenes. El narcotráfico está defendido por las leyes que prohiben las drogas. El prohibicionismo es lo que desestabiliza a nuestros países. Las mafias se han convertido en transnacionales muy peligrosas merced a la prohibición. Las drogas y las armas siempre van juntas. Bush —no hay duda, sólo un milagro lograría que no sucediera— va a declarar la guerra a Irak y a enfrentar al mundo a una guerra nuclear y bacteriológica. Pero a Bush le está costando hacerlo porque en el mundo entero —o casi— las mayorías sociales le están diciendo que no lo haga llamándole demente y asesino. A Bush no le interesa despenalizar la droga. Ese es el gran negocio del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Pero en el momento en que en todo el mundo salgan manifestaciones de cientos de miles a las calles a decirle basta, al vecino país le costará, al menos, más la necedad de envenenar a millones de personas —ciudadanos norteamericanos incluidos— a cambio de los ríos de oro que mantener la droga como mercancía clandestina le reditúa. Y si esto se convirtiera en una constante hasta podría ser que el mundo lograra que sujetos como Bush no gobernaran nunca más. El director de Por Esto! en su participación denunció, trazando una ruta imaginaría, que bien podría ser una de las que se usan, que a gobiernos como el nuestro, desde que llegan, desde EEUU se les indica que cargamentos tienen que llegar allá para ser recibidos por la DEA, mientras se le obliga a combatir a otros ingenuos que hasta se creen capos del negocio más redituable de la tierra. No se legaliza la droga porque como bien le dijo a Mario Renato Menéndez un agente de la DEA: eso no es negocio. El negocio está en mantenerla como mercancía clandestina. Sujetar la droga a aranceles y darle a la salud y a la educación la atención debida es evidente que acabaría con el negocio que representa para los Estados Unidos de Norteamérica. Pero además acabaría también con la inseguridad y la violencia para todos los países del planeta. ¿Cómo impulsar entonces una guerra asesina y suicida en aras de obtener el petróleo que a Bush le interesa? Imposible, ciertamente.

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