En la Cuaresma se visitaba Santa Anita para olvidarse de los rezos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

En la Cuaresma se visitaba Santa Anita para olvidarse de los rezos

A finales del siglo XVIII la región de Ixtacalco y Santa Anita se convirtieron en el área recreativa popular de la Ciudad de México. El Paseo de La Viga fue mandado trazar en 1785 por el virrey Conde de Gálvez, bordeando el Canal de La Viga. En la época de Cuaresma se visitaba Santa Anita para pasear a bordo de trajineras, olvidándose de rezos, visitas a iglesias y ayunos. Siguiendo las descripciones que nos hacen Guillermo Prieto, Antonio García Cubas y Madame Calderón de la Barca, se puede reconstruir este Paseo. Paseo de la Viga. Ubicado al sur del Barrio de San Pablo, el Paseo se componía del canal propiamente dicho y una calzada con tres hileras de sauces. Al poniente existían campos de cultivo (hasta las lomas de Tacubaya), pudiéndose observar los árboles de las calzadas de San Antonio Abad, Niño Perdido y la Piedad. Al oriente se encontraba el ancho canal que llegaba hasta Chalco, del otro lado la calzada plana y sombreada; todos los días por las mañanas era cotidiano ver en este canal el tráfico de trajineras cargadas de azúcar, maíz, legumbres, flores y productos de la tierra caliente que, ingresando al valle por Chalco, se vendían en la ciudad. En medio de la calle de árboles, regada para evitar que se levantara el polvo con los carruajes y jinetes, se encontraba el camino por donde transitaban dos hileras de carruajes, una de ida y la otra de regreso, los jinetes al centro de éstas, con trajes pintorescos, montando briosos caballos. A la derecha se encontraban dispuestas las pulquerías (después de la Reforma muchas de ellas ostentaban el nombre de Juárez), a la izquierda jacales y pequeñas casas de gente humilde que, en la temporada de Cuaresma y durante la primavera, recibían visitas y celebraban tertulias, casi siempre se escuchaban desde puertas y ventanas canciones de moda acompañadas por una guitarra. En uno de los bordes de la calzada, amplia y despejada, la que tenía por límite la acequia, se ubicaban una infinidad de vendedores de bizcochos, alegrías, chicha, tamales, fruta, flores y dulces. Por ambos lados, pequeños ranchos de ganado y granjas, casas de campo, algunas contaban con columpios y volantines; las que estaban al borde del canal tenían miradores o terrazas que en Cuaresma estaban llenas de familias y curiosos. Todo esto bajo un cielo azul y sin nubes, con un aire puro y transparente. Embarcadero. El embarcadero era primitivo, incómodo y hasta molesto, la altura del nivel del agua hasta la calzada era considerable, se tenía que descender por un terraplén de tierra en medio de una multitud que se embarcaba o descendía de las trajineras. En la acequia, estaban las trajineras con cubiertas tricolores, banderas en los toldos, con o sin asientos; los remeros, brindaban sus servicios con la habilidad y maña del cochero de carruaje de sitio. Los remeros continuamente gritaban: “a Santa Anita, dos por medio real”; iban sin sombrero, descalzos, pantalón y camisa de manta con una de las piernas del pantalón enrollada cerca de la ingle, y según veían el pasaje, intentaban conducirlo a la trajinera colectiva o a la trajinera privada. A la orilla de la acequia se veían más vendedores de golosinas: puestos de rábanos y lechugas, cañas de azúcar, naranjas, palomitas de maíz con miel y “bollito de a ocho”. El Vapor. Guillermo Prieto nos describe el vapor que navegó la ruta México- Chalco (inaugurado en 1869): “El buque es amplio, ligero, y como los más elegantes, aunque más chico, de los que hemos visto cruzar el Mississippi, tendrá cabida para unas 40 toneladas y fuerza para remolcar cuatro o cinco canoas de las mayores que ahora hacen la travesía entre esta capital, Texcoco y Chalco”, contaba con cantina y la cubierta se convertía en salón de baile. Por trajinera, esta ruta se cubría en 5 horas con buen tiempo, en el vapor se reducía a una hora el trayecto y en un cuarenta por ciento el flete de carga. El 13 de agosto de 1869, el presidente Juárez, inauguró en el Paseo un busto de Cuauhtémoc en conmemoración de la defensa de México-Tenochtitlan, y en 1874 se colocó una placa para denominar el Paseo de La Viga como Paseo de Juárez. Santa Anita. Este pequeño poblado era abastecedor de flores, coliflores, chiles, jitomates, coles y otras verduras. Junto con Ixtacalco era el destino común de los paseantes. En huertas y jacales se degustaba atole de leche, tamales, pato cocido, enchiladas y pulque, acompañados de música, lo cual motivaba el baile; al atardecer se emprendía el regreso, llevando las mujeres una corona de flores de amapolas rojas y blancas en la cabeza y los hombres sobre el sombrero. novohispano@hotmail.com

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