Osiel Cárdenas, de mesero y jefe policiaco a uno de los capos más sanguinarios y poderosos del narco | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Osiel Cárdenas, de mesero y jefe policiaco a uno de los capos más sanguinarios y poderosos del narco

Luego de ganarse la vida trabajando como mesero y después como mecánico en un taller de las calles 14 y Morelos, en Matamoros, Osiel Cárdenas Guillén llegó a convertirse, en unos cuantos años, en uno de los "capos" del narcotráfico más poderoso y sanguinario del país, hasta el pasado viernes que fue detenido por elementos del Ejército Mexicano. Ex jefe de grupo de la Policía Judicial Federal, El Chaparrito o El Licenciado, como lo llamaban sus lugartenientes, es parte de una familia integrada por al menos 10 hermanos, de los que, sin embargo, solamente uno lo siguió en su carrera delictiva: Ezequiel Cárdenas Guillén. Ezequiel, identificado con la clave de "Tormenta Uno", y quien fungía como encargado de la plaza de Matamoros, es mencionado como el sustituto de su hermano, aunque también se le dan posibilidades a Jorge Costilla, El Coss, uno de los hombres fuertes del cártel. Actualmente, de 36 años, Osiel Cárdenas Guillén era el cuarto jefe que tenía el "cártel del Golfo". Sus antecesores fueron Juan Nepomuceno Guerra, el fundador de la organización criminal, Juan García Abrego y Salvador Gómez Herrera, El Chava Gómez. La historia del cártel del Golfo se inició en 1950 cuando Nepomuceno Guerra, tío de Juan García Abrego, comenzó a traficar con whisky por la zona norte de Tamaulipas. Ya retirado y a la edad de 89 años, murió el 11 de julio del 2001 en Brownsville, Texas, a causa de un derrame cerebral. Por su parte, Juan García Abrego fue detenido el 14 de enero de 1996, en una finca ubicada en el municipio de Juárez en Nuevo León, y posteriormente extraditado a Estados Unidos donde permanece actualmente encarcelado. La aprehensión de García Abrego desató una disputa por el control del mando del cártel, el cual asumieron conjuntamente Salvador, El Chava Gómez y el propio Cárdenas Guillén, quienes se aliaron para evitar que Hugo Baldomero Medina, pudiera arrebatarles el liderazgo. Tras un atentado del que salió ileso, Hugo Baldomero prefirió desertar del cártel y comenzó a traficar solo, hasta que fue detenido en Tampico hace dos años. Presuntas diferencias entre ellos llevó a Cárdenas Guillén a ejecutar en junio de 1998 a El Chava Gómez y a todos los hombres de confianza de éste para quedarse con el control total de la organización, convirtiéndola en una de las más sanguinarias del país. A través de células, identificadas como "Zetas", el capo tomó el control de todas las ciudades importantes de Tamaulipas, a excepción de Ciudad Victoria. Designó jefes en cada una de las plazas, y entre los más visibles estaban Gregorio Sauceda, La Caramuela, en Reynosa; Martín Moreno en Miguel Alemán y Camargo; El Gordo Lam, en Río Bravo; El Caris en Nuevo Laredo, y El JC en el sur del estado. Cárdenas Guillén impuso una era de terror en el estado con la que sometió a autoridades de todos los niveles, a quienes sin embargo, pagaba también sobornos aunque era él quien fijaba cantidades y fechas de entrega. "Pagaba lo que quería y cuando quería", sostienen fuentes policiales. A quienes intentaban oponérsele los ejecutaba y uno de ellos fue el comandante de la Policía Ministerial en Matamoros, Jaime Yáñez Cantú, victimado hace aproximadamente dos años junto con su hombre de confianza, a bordo de un automóvil. El nueve de noviembre de 1999, Cárdenas Guillén y varios de sus hombres interceptaron en la calle Sexta a dos agentes estadunidenses, uno de la DEA y otro del FBI, quienes acompañados del testigo protegido Raúl Bermúdez, ubicaban varias de sus casas de seguridad en Matamoros. Los narcos intentaron quitarles al testigo pero los policías se opusieron advirtiendo que tendrían que matarlos a ellos también. Ese incidente propició que el gobierno norteamericano colocara al capo en la lista de los 10 más buscados y fijara una recompensa de dos millones de dólares por su cabeza. Las autoridades le imputan además la autoría material del asesinato del comandante de la Policía Judicial Federal, Jaime Rajid Gutiérrez Arreola, ocurrido en la carretera ribereña, cerca de Reynosa frente a un paraje conocido como "La Playita". El crimen del jefe policiaco provocó el arresto de varios funcionarios de la PGR, entre ellos el delegado en la entidad, Carmen Oralio Castro Aparicio y el subdelegado de la Policía Judicial Federal, Aurelio Soto Huerta. También se le acusa del homicidio del periodista matamorense Saúl Martínez, quien apareció amordazado y con un balazo en la cabeza, dentro de su camioneta en el municipio de Río Bravo. Al inicio de la actual administración federal, el Ejército desató una embestida contra el cártel del Golfo, que cobró como primer víctima a Gilberto García Mena, El June y 20 de sus lugartenientes, detenidos en un macroperativo policiaco-militar en su rancho del poblado "Guardados de Abajo" del municipio de Camargo, el nueve de abril del 2001. Luego de ese operativo, la arremetida contra el cártel del Golfo continuó a través de cateos masivos principalmente en Miguel Alemán y Reynosa. En esta última ciudad, los narcotraficantes llegaron incluso a enfrentar a los militares para evitar ser detenidos. Hace aproximadamente tres meses, en Matamoros, presuntos militares y agentes de la UEDO, ejecutaron a Arturo Guzmán Decena, alias Z-1, considerado el hombre más cercano a Cárdenas. Un mes después, cuatro agentes de la PGR, adscritos a la AFI y a la UEDO, desaparecieron en el trayecto de Reynosa a Miguel Alemán, y se cree que fueron secuestrados y ejecutados por órdenes de Cárdenas Guillén en venganza por la muerte de Guzmán Decena. El 27 de diciembre pasado, un comando de falsos militares y agentes federales, irrumpió al penal de Santa Adelaida en Matamoros, para rescatar a los reos Manuel Alquímides García, Daniel Pérez Rojas, Enrique González Rodríguez, y Deyanira Flores Montellanos. Un día después de la fuga, la PGR arraigó al director del Penal, Reynaldo Pérez Barquierena y 20 custodios, quienes podrían ser consignados en las próximas horas por delincuencia organizada y otros delitos. Sus guardaespaldas se confiaron La noche del jueves, en la residencia de la avenida Del Niño entre las calles Virgo con Capricornio, del fraccionamiento Satélite, Osiel Cárdenas Guillén había tenido una fiesta que se extendió hasta el amanecer, por lo que se presume que eso originó que su gente cayera en confianza. "Tal vez por eso no se dieron cuenta cuando el Ejército comenzó a rodear la zona donde está enclavada la residencia. Si hubieran estado atentos como siempre lo hacían, de sobrevigilar hasta tres cuadras el lugar donde estaba Osiel, se habrían percatado del operativo", dijo una fuente policial. Para cuando los guardaespaldas del capo quisieron reaccionar era demasiado tarde, y Cárdenas Guillén fue detenido. Los narcotraficantes tampoco previeron que la PGR preparaba un operativo porque desde hace varios días habían llegado a Matamoros alrededor de 50 agentes de la AFI, en una acción inusual. Hace aproximadamente cuatro días, al cumplirse tres meses de la ejecución de Arturo Guzmán Decena, Z-1, en el lugar del crimen, en las calles Nueve y Herrera, frente al restaurante "Pisa y Corre" aparecieron varias coronas y veladoras con la leyenda "siempre te recordaremos. Tu familia los Zetas. Militares y agentes de la AFI, patearon las ofrendas y las retiraron, pero al siguiente día aparecieron otras, en lo que para muchos era como un reto del cártel del Golfo hacia las autoridades. "Era como si le estuvieran diciendo al Ejército y a la UEDO, "aquí estamos", dice un reportero matamorense.

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