Bomba de tiempo: en el DF hay 10 ratas por cada habitante | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Bomba de tiempo: en el DF hay 10 ratas por cada habitante

“El Distrito Federal está asentado sobre una bomba de tiempo que tiene pelos, cuatro patas y se llama rata”. Alejandro Velasco Said, médico veterinario del Centro Antirrábico del DF y autor del libro Ratas y ratones domésticos, advierte lo anterior sin un ápice de asombro. “Lo peor”, remata, “es que no estamos haciendo nada por desactivar la bomba”. Pero su colega Jorge Francisco Monroy, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, tiene razones para aportar un tono más dramático al asunto. “En el DF las ratas ya rebasaron a las personas en proporción de 10 a una”, afirma. Entonces, 100 millones de ratas se arremolinan en calles, mercados, cloacas, parques y hogares: parece un pasaje de La peste, de Albert Camus, pero es un resumen de sus estudios de muchos años. El máximo de ratas tolerable por la Organización Mundial de la Salud es de menos de una por persona (0.30): más de esa cantidad, quiere decir que “las ratas ya conviven con las personas y crece el riesgo de trasmisión de enfermedades”. Monroy aumenta la inquietud al sentenciar: —Una pareja de ratas puede procrear 200 crías en un año. Pero agrega que es imposible un recuento directo y hay que recurrir a modelos matemáticos. Por ejemplo, si en un lugar no se observan ratas, pero sí sus daños, puede haber de una a 100. Si se ven sólo de noche, hay de 100 a 500. Y si aparecen de día y de noche, el número va de mil a cinco mil. Brasil, donde superan a las personas apenas al dos por una, ha decidido emplear, sin embargo, una fórmula de emergencia: paga dos dólares a cada persona que presente a las autoridades sanitarias un kilo de ratas muertas. LAS RATAS DE LA MERCED. La desratización más reciente en el DF se realizó en 1980, durante el traslado de las bodegas de La Merced a la Central de Abasto: fueron exterminadas cinco millones de ratas. “Lomas de ratas. Salían de los huecos, daban dos o tres pasos y morían con una pirueta. Cierro los ojos y las veo muertas o camino a la muerte, chillando”, recuerda Armando Fernández, quien tenía 18 años cuando ocurrió la desratización de La Merced. Hijo de una familia que posee puestos de venta de comida y chácharas en La Merced, Armando, un guardia de seguridad en el Sears de la colonia Roma, va a diario allí para que su hijo, de seis años, vea a los abuelos. “Si hacen una matazón ahora como la de 1980”, calcula, “creo que las lomas serían el doble de altas. Antes, aquí las ratas te veían y se asustaban. Hoy andan como perros: no se espantan cuando ven gente?” Se interrumpe para señalar a un niño que lleva una mano vendada: “Ve, ese chavo es de la calle, ayuda a mi mamá a veces en el negocio, lo mordió una rata. Lo voy a llamar”. —¿Qué te pasó ahí pareja? —Estaba durmiendo en la banqueta y se me prendió un tlacuache. Me despertó el cabrón. —¿Tlacuache o rata? —Tlacuache. Las ratas no muerden. Cae la tarde y baja el ritmo de compraventa en La Merced. “No te vayas”, recomienda Armando, “quédate y verás cómo aparecen ratas? Son ratas, eh, no tlacuaches. Lo que son igual de grandes”. En media hora surgieron los roedores por todos lados, como en El flaustista de Hamelin: grandes, chicas, enclenques, robustas; de color negro, marrón, grises, pardas, ratas güeras; viejas, jóvenes, tristes, alegres; ratas padres y madres, hijas, tías, primas; agresivas, mansas o esquivas. Las ratas mordían a los pobres, mataban a los gatos, golpeaban puertas, invadían toda la ciudad... Ocurría en Hamelin y sus habitantes se enfurecieron. “Papanatas”, gritaron al alcalde porque no resolvía el problema. Después buscaron al Flaustista, le pagaron 50 mil libras y arrastró con su música todas las ratas hasta un río. Pero una escapó y contó el episodio a las de otros pueblos. “¡Por eso son tan astutas!”, exclama el doctor Velazco, “porque la experiencia las enseñó a sobrevivir y están dando lata desde el medioevo”. Velasco Said opina que el problema no es si existen 100 millones o menos de ratas en la ciudad. “La gravedad”, explica, “está en que no hay estudios sobre su impacto en la salud de los capitalinos. Se conocen las enfermedades que transmiten, pero no si transmiten nuevas: no están siendo estudiadas“. Jefe de la campaña gubernamental contra la fauna nociva hace 10 años, Velasco Said, cree que el GDF debería de instalar centros de zoonosis, una idea surgida en Brasil, para vigilar el comportamiento de las ratas. “Así”, considera, “se podrá determinar si han cambiado algunos hábitos o qué nuevos virus portan. El rollo aquí es que hemos perdido de vista a las ratas y no sabemos nada de ellas”. En Río de Janeiro la proporción de ratas ha caído al 40 por ciento, por su programa de control de roedores, que invierte tres millones de dólares al año. TODO TRANQUILO. “No, hombre, no ha aumentado la cantidad de ratas en la ciudad“, asegura el doctor Jorge Ochoa Moreno, de la Oficina de Regulación Sanitaria del GFD. —¿Cuantas había y cuántas hay? —Bueno eso no lo sabemos. —¿Cómo afirma entonces que no ha crecido? —Porque hay 300 empresas de fumigación y a ninguna le falta trabajo, viven de exterminar ratas. —¿Cómo sabe que las matan? —Porque no hay en el DF enfermedades transmitidas por ratas... —…que no son sólo la peste de la Edad Media, la leptospirosis, la ascariasis, el ántrax o la angiostrongiliasis, sino también la amebiasis o la salmonelosis, por ejemplo. —Si Según la Secretaría de Salud, en 2002 los hospitales del DF registraron 44 mil 53 infecciones intestinales proclives a ser transmitidas por ratas. Bajo ese criterio, un trago de Coca cola te podría llegar a matar en el DF igual que si aspiraras ántrax mandado en un sobre de carta por un terrorista de Nueva York, como los cinco casos registrados a finales de 2001. El ántrax es una bacteria transmitida por ratas, las mismas ratas que orinan o defecan sobre las latas de refresco en bodegas: ¡y casi nadie lava las tapas de los refrescos que se toma! De todos modos, el GDF no puede informar sobre la cantidad de ratas que existen en cada sector de la ciudad, mucho menos si se han reubicado en determinadas zonas o siguen en las de hace 40 años. Sin embargo, el doctor Ochoa Moreno sabe que, al menos en la colonia Condesa, hay más ratas que nunca. —¿Por qué? —Porque hay restaurantes, hombre. Hay mucha comida por allí.

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