La Crónica de Hoy | Solas, sin apoyos, ancianas se prostituyen por 30 pesos

Solas, sin apoyos, ancianas se prostituyen por 30 pesos
Raymundo Sánchez y Carlos Jiménez | Ciudad | Fecha: 29-jul-03 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 11:51:49
El andar de doña Gloria es lento y en su rostro moreno asoma la amargura que le ha dejado su oficio: a sus 75 años se prostituye por 30 pesos en la Plaza Loreto del Centro Histórico. Sus días felices son aquellos en que consigue enganchar a tres clientes, porque esa noche, seguramente, dormirá en la cama de un hotel… Pero ella sabe que eso es una proeza muy difícil de realizar. Duerme en la calle y, al igual que a 17 compañeras de la misma edad que ahí se dedican al sexoservicio, el Gobierno del DF les niega, desde hace más de un año, el apoyo mensual de 670 pesos que otorga a los ancianos de la capital, debido a que no pueden comprobar su residencia, porque ni con acta de nacimiento cuentan… todo lo perdieron. Pasa del mediodía. Hace dos horas que la anciana se levantó de la banca en la que duerme desde hace varios años. Introduce sus dedos en el agua fría de la fuente central de la plaza, luego se los pasa por el cabello blanco y lacio que le roza los hombros. Intenta peinarse. Se acerca a un indigente para que le invite un trago de su “anforita”, pues no ha podido “persignarse”. La mujer de dientes amarillentos, pantalón de mezclilla y blusa tejida, decoloradas por la mugre y los años, tuvo 12 hijos: dos murieron de SIDA y siete viven aún. Procedente de Zacatecas, su tierra natal, llegó a la capital hace 30 años. No se acuerda desde cuándo se dedica a la prostitución, pero lo que sí sabe es que si no consigue al menos un cliente, se quedará otro día sin comer. —¿Cómo se inició en la prostitución? —Quería sacar a mis hijos adelante, responde doña Gloria. —¿Dónde está ahora su familia? —Les di carrera a varios, sobre todo a mis hijas. —¿Las sigue viendo? —No, me abandonaron desde que supieron que era prostituta. —¿Tiene nietos? —Ya ni me acuerdo cuántos son. Una gorda lágrima asoma en sus ojos. Los pocos recuerdos que conserva de su familia la hacen llorar. Prefiere hablar de que su tarifa es de 30 pesos y trabaja de la una de la tarde a las 10 de la noche. En ese tiempo consigue uno o dos clientes. “Si me va bien, tres”. —¿Qué tipo de personas la buscan? —De todos: jovencitos, viejitos de todo. En su juventud, doña Gloria tuvo dos maridos “con los que fui feliz”. También están muertos. “Tengo hambre, ayer no cené y ‘orita no tengo dinero para echarme un taco”. NO VALEN. En junio del año pasado, dice doña Carmelita, el Instituto de la Mujer capitalino se acercó a ellas para tramitarles la tarjeta “Sí Vale”, que otorga el GDF a todos los ancianos de la capital. Pero, al no poder comprobar, con documentos (acta de nacimiento y credencial de elector), su identidad y domicilio, les fue negada. “Nos dijeron que el requisito para recibir los 670 pesos de ayuda mensual era demostrar con papeles que vivíamos en el Distrito Federal”, explica. —¿Dónde están sus papeles? —Estas mujeres lo perdieron todo, contesta doña Carmelita. —¿Cómo? —Fueron echadas de sus casas y ahí dejaron sus documentos, viven en la indigencia y todavía quieren que tengan credencial para votar con foto. —¿Por qué no insisten? —Sí lo hacemos. —¿Y qué ha pasado? —Nos dijeron que gente del registro civil iba a venir a vernos para sacarnos actas de nacimiento. —¿Cuándo vinieron? —Todavía los seguimos esperando. EDAD = TARIFA. Carmela Muñoz, una sexoservidora de 50 años –la más joven del grupo—, que orienta y aconseja a sus amigas de la tercera edad, está preocupada en estos días: María Canela, otra prostituta de 74 años, no ha regresado de estar con un cliente. “Hace como dos semanas que se fue con un cieguito y no ha regresado. Así es ella: se va dos, tres meses con señores que la recogen aquí en la Plaza y luego regresa a seguir trabajando”, explica. Camela comenta que, por la noches, las ancianas son buscadas por taxistas que pagan 30 pesos (“no quieren dar más”), por un servicio de sexo oral. Su tarifa la determina la edad: “Entre más grande, cobras menos y te aíslan poco a poco de donde están las más chicas”. La historia de estas ancianas está plagada de maridos golpeadores, episodios de alcoholismo y drogadicción, además de extorsiones y abusos por parte de “madrotas” que pretenden cobrarles por dejarlas trabajar. Una de las ancianas dice que “la señora que controla los puntos de prostitución en La Merded nos aventó a una marimacha para que nos pegara si no le pagábamos 40 pesos a la semana por trabajar aquí”. Ante los abusos de “la madrota”, estas mujeres se organizaron para no pagarle “a nadie, un sólo peso, pues las que sufrimos y aguantamos malos olores, insultos, y drogadictos somos nosotras”, comenta una de ellas. Sus clientes son Jóvenes y ancianos INEXISTENTES. Herlinda, Teresa, Gloria, María, Rosa, Ernestina, Marilú, Leticia y Toñita, entre otras, son los nombres de las ancianas que a diario recorren en repetidas ocasiones la plaza en busca de un cliente. “Hay veces que me voy caminando hasta La Merced, pero ahí las jovencitas son las más buscadas”, cuenta Toñita. Sus edades van de los 68 a los 79 años y son las más marginadas dentro del sector que se dedica a la prostitución, pues no existe registro de ellas en las dependencias gubernamentales. Según la UNICEF, en México existen 130 mil menores de edad y jóvenes dedicados al sexoservicio y diversas organizaciones estiman que el mercado sexual en la ciudad de México está integrado por 300 mil mujeres y hombres. Sin embargo, al buscar cifras respecto a las personas de la tercera edad que ejercen ese oficio, el Instituto Nacional de la Mujer y su similar en el DF informaron que no existe registro alguno. Son como fantasmas. “Sabemos de la existencia de estas ancianas, pero un censo como tal no lo tenemos, sólo hay registro de las jóvenes de la Merced”, dijo a Crónica un funcionario del Instituto de la Mujer del Distrito Federal. PUEDE MÁS EL HAMBRE. No obstante, estas mujeres de la tercera edad están expuestas a riesgos, incluso mayores que las trabajadoras sexuales que sí están registradas. Doña Carmelita —como la llaman sus compañeras—, asegura que la mayoría de las ancianas no utiliza preservativo en su trabajo, “ni siquiera nos dan como a las otras”, por lo que corren el riesgo de contagiarse de enfermedades venéreas, incluido el SIDA. “Además, una nunca sabe con qué loco se vaya a topar y, estando tan débiles, las pobres no se pueden defender en caso de que alguien las quiera golpear o hasta matar”, agrega. Pero el miedo a estos peligros queda rebasado por la necesidad de comer: “de no andar con la panza de farol”, como dice Toñita. Al menos 13 de ellas no utilizan el condón. —¿No le da miedo el SIDA? Se le pregunta, pero no responde enseguida. Doña Carmelita hace un gesto con la mano derecha, el mismo que uno suele hacer para azorar moscas, pero que en ella parece que fuera para espantar los malos recuerdos. Responde: —Mira, si una tiene hambre y le ponen una bolsa con 10 manzanas y una de ellas está podrida, puede que al meter la mano agarre esa… pero también puede que agarre una buena y así ya calmó su hambre. LAS CIFRAS l 300 mil personas ejercen la prostitución en el DF l 46.4% entre 16 y 24 años l 40.5% entre 25 y 34 años l 9.1% entre 35 y 44 años l 2% mayores de 45 años l 50 mil menores prostituidos en el país l 20 mil niños y niñas en el DF l 4.5 millones de clientes FUENTE: Senado de la República, Red por los Derechos de la Infancia en México, Coalición Contra el Tráfico de Mujeres. Testimonios ’no ha vuelto. “Hace dos semanas que se fue con un cieguito y no ha regresado. Así es ella: se va dos tres meses con señores que la recogen aquí en la plaza. ’La MADROTA. ”La señora que controla los puntos de prostitución nos aventó a una marimacha para que nos pegara sino lo queríamos pagar 40 pesos a la semana por trabajar aquí”. ’EL AGRESOR. “Una nunca sabe con qué loco se vaya a topar, ya estando tan débiles las pobres no se pueden defender”. Gerontosexualidad, una atracción hacia los ancianos La búsqueda de satisfacer las necesidades sexuales con una persona anciana, es una perversión conocida como Gerontosexualidad. Esta “enfermedad” psicológica se inicia desde los primeros años de vida; sin embargo se manifiesta mucho tiempo después, explica la psicóloga Carla Santiesteba. Se inicia cuando el hombre, pasa por una etapa conocida como Edípica. En ese momento el sujeto ve a la madre como un objeto sexual, no obstante al tener un padre no se puede establecer una relación incestuosa. Al ver truncado ese deseo, de manera inconsciente, se guarda una necesidad de satisfacer una necesidad con una mujer adulta; es por eso que el sujeto al crecer y tener una capacidad ya de decisión busca a una mujer de mayor edad. El hecho de que lo haga con una prostituta, responde de igual manera al hecho de que de joven no pudo inmiscuirse con la madre por culpa de un tercer sujeto, que es el padre. Por ese motivo, una vez más de manera inconsciente busca que la sociedad, que no lo conoce pero lo ve, se dé cuenta de que lo está haciendo. Las mujeres. Las sexoservidoras de la tercera edad se dedican a esto, principalmente, debido a que toda su vida han trabajado en este oficio y no tienen ni saben hacer otra cosa. Ellas nunca buscaron el apoyo de alguien debido a un miedo a ser rechazadas, cosa que las orilló a encerrarse en su soledad y sólo con el interés de supervivencia. La tercera edad, la gente más abandonada de la ciudad Datos recopilados por la senadora del PVEM Sara Castellanos indican que el grupo de las sexoservidoras mayores de 45 años representa el dos por ciento del total de personas que se dedican a ese oficio, por lo que es el sector “más abandonado” por las autoridades,a demás de ser el más vulnerable. “He tenido información de que estas mujeres no cuentan con su credencial de Conasida y son víctimas de actitudes más agresivas de desprecio social”, explica. La legisladora asegura que, por la edad, estas mujeres tienen mayores riesgos de salud y de inseguridad pública; pero también comentó que están formadas en otro tipo de cultura que les impide llevar a la práctica estudios como los del SIDA. Señaló que a las sexoservidoras de la tercera edad, les cuesta más trabajo desarrollar su oficio y reciben menos pago que las más jóvenes y llamó a las autoridades para que atiendan a este grupo social “que sufre de discriminación, falta de atención y humillaciones constantes, ya que aunque es minoritario, también es parte de nuestra sociedad”.
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