La Crónica de Hoy | Carlos Pellicer en imágenes

Carlos Pellicer en imágenes
Sandra Licona | Cultura | Fecha: 15-ago-03 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 15:04:33
Se decía un fotógrafo mediocre, aunque como poeta Carlos Pellicer siempre estuvo ligado al mundo de las imágenes. Fue sólo un aficionado a la fotografía, sin embargo, el poeta tabasqueño se hizo retratar en sus lugares favoritos: zonas arqueológicas, mares y ríos; así como con las personas que lo acompañaron a lo largo de su vida, lo mismo familiares que amigos de su generación, Los Contemporáneos, como José Gorostiza, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia; aunque también con Gabriela Mistral y José Vasconcelos. Una selección de este archivo fotográfico, que reúne más de dos mil imágenes y ahora está en manos de su sobrino Carlos Pellicer López, constituyen las páginas del libro Carlos Pellicer. Iconografía, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) a partir de una propuesta de Alba Cama de Rojo, quien falleció semanas antes de que se concluyera el ejemplar, y con un prólogo de Carlos Monsiváis. El volumen, editado en blanco y negro, está dividido en cinco capítulos que revelan aspectos íntimos del poeta tabasqueño, como parte de su infancia al lado de sus padres y de su hermano Ernesto, fallecido en 1905; su labor como museógrafo en zonas como La Venta, Palenque y Tepoztlán; su pasión por bañarse en los ríos, playas y cascadas, no sólo de México sino de otras partes del mundo, como Venezuela y Colombia; y las relaciones amistosas que estableció con personajes de la literatura, la música y las artes plásticas. Carlos Pellicer. Iconografía presenta además un apartado en el que se aprecian los retratos que le hicieron, entre otros, pintores como Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Carlos Mérida, Osvaldo Guayasamin, Elvira Gascón y el propio Carlos Pellicer López. Las fotografías que se guardan en este volumen sugieren, al fin y al cabo, “las claves del tiempo histórico de Carlos Pellicer”, dijo en entrevista Pellicer López, sobrino del poeta tabasqueño, para quien cada amistad profunda fue una tradición en sí misma, “el hallazgo que se convierte en herencia”, como escribe en el prólogo de este volumen Carlos Monsiváis. “Para Pellicer —subrayó su sobrino— la fotografía fue muy importante porque reconoció en ella el acceso más contundente a la imagen plástica, tan es así que existe una colección de postales que fue haciendo a través de sus viajes. El empezó a viajar desde 1918, cuando fue a Colombia, y de todos sus viajes, aparte de su colección de postales, traía fotografías que se hacía en estudios profesionales o imágenes casuales que le tomaban durante sus paseos”. En 1937, el autor de Horas de junio se compró una cámara Reflex, en Alemania, para capturar las claves de su tiempo histórico, “aunque nunca fue consciente de eso, pues sólo fue un aficionado a la fotografía, que abandonó a finales de los años sesenta, decisión que se hermana con el invierno de su vida”. A principios de los años ochenta, fue la misma Alba Cama de Rojo quien conformó un álbum fotográfico, de familia, editado también por el FCE, en el que Carlos Pellicer aparece acompañado de sus seres más cercanos y queridos. Agotado este volumen, la editora y promotora literaria, propuso un nuevo volumen: Carlos Pellicer. Iconografía, en el que gran parte de las fotografías tienen un pie de foto escrito por el propio poeta, pues “mi tío siempre escribía al reverso de las fotos para identificarlas o para hacer algún comentario que se le ocurría en ese momento”. Este nuevo libro de iconografías, agregó el también ilustrador de libros para niños, tiene que ver más con el Carlos Pellicer público, con el poeta y su generación, con sus pasiones intelectuales, “aunque tiene sus partes íntimas, en el sentido que revela algunos de sus gustos o caprichos, como bañarse en el mar o en los ríos”. Cuando Pellicer López se reunió con Albita Cama de Rojo, para conformar este volumen, insistió en dos aspectos: “en que se debía presentar un registro lo más cabal posible de los artistas plásticos que habían retratado a Carlos Pellicer, así como de los fotógrafos que lo habían retratado no como reporteros sino como parte de un trabajo más personal, de autor”. El autor del prólogo también fue sugerencia de Pellicer López: “Le pedí a Albita que fuera Carlos Monsiváis quien se hiciera cargo de la introducción, ya que es un conocedor extraordinario de la obra de Pellicer, como muy pocos”.
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