Vivimos un siglo en el que se nos acabaron las utopías | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Vivimos un siglo en el que se nos acabaron las utopías

La historia de No hay tal lugar, la más reciente novela del maestro Ignacio Solares (Chihuahua, 1945) arranca cuando el joven sacerdote jesuita Lucas Caraveo llega al valle de San Sóstenes en plena Sierra Tarahumara, y la gente más que saber de esta llegada la intuye por un “vuelco del corazón” o “por un sabor especial en la boca”. Ignacio Solares tiene como fondo para esta entrevista —que se realiza en el Museo de Culturas Populares, rodeados de artesanías y artículos de los tarahumaras— una enorme fotografía de las barrancas de Chihuahua donde los macizos se recortan sobre un cielo limpio, tan intensamente azul que parece hecho de un material metálico; en el fondo de la masa rocosa fluye en río empequeñecido por estas moles de piedra. Ignacio Solares toma la palabra para explicar los motivos de su libro: “Yo creo que vivimos en un principio de siglo en que se nos acabaron las esperanzas, se nos acabaron las utopías y la fe. Entonces la desolación general es algo muy lastimoso, en especial para los jóvenes; se da este caos del salvaje que está instalado en la Casa Blanca, el caos que domina el mundo”. El autor de Nen, la inútil redondea su punto de vista: “En el presente lo que impera es lo comercial, lo práctico, lo tecnológico. Por eso yo quise imaginar —en la imaginación todo se vale— un lugar en la Sierra Tarahumara donde la gente va a recuperar algo que era fundamental antiguamente, hablo de un bel morir, un morir bello. “¿Por qué no suponerlo? —se pregunta el autor de La noche de Angeles— si lo primero que hemos corrompido es la muerte”. Y liga esta preocupación con otra: “¿Por qué tiene que ser en la tarahumara? Porque ahí encontré algo muy sencillo, algo que habíamos tenido frente a nosotros tanto tiempo, pero que no habíamos visto. Esta comunidad tiene elementos muy sencillos de convivencia, un concepto muy claro de la justicia y del prójimo. “Claro es una comunidad donde falta la ambición, por eso están a punto de desaparecer. Pero es tan bello convivir con gente que no está pensando en ver qué te saca o cómo te hace daño. Es tan bello este regreso a lo más sencillo que pensé este lugar como espacio de la utopía”. Ignacio Solares es un autor en el que las experiencias literarias se enriquecen y se nutren mutuamente. Por ejemplo, No hay tal lugar está conectado con Madero, el otro sobre todo en la parte que tiene que ver con influjo de los espíritus en la vida de los mortales. Lo mismo pasa con Delirium Tremens y el libro motivo de esta entrevista: en el primero hay grupos de confesión donde la gente se presenta con el clásico ‘soy alcohólico’. “Y aquí en mi libro —refiere—, por el contrario se dice ‘soy fulano de tal y me voy a morir’. Es la confesión de algo que nos va a suceder a todos”. La visita de los muertos. La Tanatología “es una ciencia que estudia los enfermos terminales y que nos ha descubierto que la mayor parte de las personas, en la etapa terminal, reciben la visita de seres querido ya muertos. Esto parece que está bastante comprobado. Entonces ¿por qué no suponer que es cierto eso? Como nos dice Jüng, el siglo XXI será el siglo que acabe con el mito de la muerte, y por qué no pensar que tal vez tiene razón. La otra profecía es de André Malraux quien sostiene que ‘el siglo XXI será religioso o no será’”. Luego, el actual coordinador de Difusión Cultural de la UNAM hace una comparación entre la actitud de los tarahumaras y las costumbres de nuestra sociedad: “Todo lo comercializamos y le ponemos precio. Por el contrario, los tarahumaras tienen una condición tan maravillosa que se puede leer en una frase de William Blake: ‘El agradecimiento es ya el Cielo’. Son seres como de otro lado, ante los cuales yo me pregunto si no habremos perdido el camino. Porque la utopía está en regresar a lo más sencillo. Por lo pronto, la pesadilla es abrir los periódicos, por eso prefiero el mundo de allá aunque sea imposible y aunque sea una utopía”. Qué gran tormenta se necesita.“Fundamentalmente lo escribí como una experiencia personal que me divierte mucho. Sé que son cosas muy extravagantes que no están de moda”. Utopía significa “No hay tal lugar”. En esta parte de la entrevista el maestro Solares recurre a ejemplos de la literatura para ilustrar mejor su idea: “Yo creo que lo importante es abrir las puertas a la imaginación en un momento en que todo está oscuro; recuerdo la frase de Shakespeare que dice ‘nunca está tan oscuro como cuando va a amanecer’ y hay otra de él que me gusta: ‘qué gran tormenta se necesitaría para aclarar ese cielo’”. Basado en Owen y Moro. La utopía que plasma el maestro Solares en su libro retoma a Thomas Moro, Roberto Owen: “Es un sacerdote que se sale de la Compañía y que intenta fundar allí una comunidad en la cual se resumen todos esos intentos”. En un pasaje de la novela un personaje le muestra al protagonista de la historia una biblioteca donde aparecen sus referencias utópicas: Aldous Huxley, Charles Furier, Francis Bacon, Thomas Merton... “Se trata de retomar todas estas ideas, pero enriqueciéndolas con los valores de la tarahumara, con los avances de la Tanatología, la parapsicología y de la hipnosis, y tiene que ser en aquel lugar porque aquí ya no se puede. “Los tarahumaras no tienen concepto del mal, en su idioma no hay ninguna palabra que traduzca Demonio, por eso ellos de alguna manera creen que sólo hay bien. No tienen ese conflicto dual del bien y del mal”. Y solares remata la entrevista con una frase de Georg Brentanos que puede resumir esta visión del mundo de los indígenas: “al final de ese texto el autor afirma ‘todo es gracia’, ése sería un poco el concepto de los tarahumaras.”

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