La Crónica de Hoy | Elba Esther Gordillo

Elba Esther Gordillo
Raúl Trejo Delarbre | Opinión | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 15:15:51
Triste tradición, la cargada no ha desaparecido del PRI. Con la misma desfachatez con que antaño los nuevos dirigentes y candidatos recibían la adhesión de quienes los habían combatido, ahora la diputada Gordillo es repudiada por muchos de sus correligionarios que hace pocas semanas se escudaban en ella. Elba Esther Gordillo ha sido víctima de su propia ambición —o, si se quiere, de su pragmática y personal forma de entender y practicar la política—. Es imposible quedar bien con tirios y troyanos y, además, sacar ventaja de todos ellos. Pero sobre todo es muy difícil mantener una hegemonía política sustentada en compromisos coyunturales más que en principios o en un proyecto de país. Además y sobre todo, la profesora Gordillo ha sido víctima de la ausencia de convicciones y compromisos políticos serios dentro de su propio partido. Triste tradición, la cargada no ha desaparecido del PRI. Con la misma desfachatez con que antaño los nuevos dirigentes y candidatos recibían la adhesión de quienes los habían combatido, ahora la diputada Gordillo es repudiada por muchos de sus correligionarios que hace pocas semanas se escudaban en ella. Confusión priista. Mujer de notable empeño para hacer política, la profesora Gordillo descuidó la búsqueda de consensos dentro de su propio partido. Sobre todo, parece haber olvidado para qué ha dicho que quiere hacer política. Cuando el rumbo se extravía hay el riesgo de dar pasos sin ton ni son. Esa diputada, que ha desarrollado una extraordinaria habilidad para hacer relaciones públicas, parece haber quedado embrollada en las redes de un juego político en donde es imposible congraciarse con todos —al menos sin padecer costos de breve o largo plazos—. La persistencia, ayer por la tarde, de versiones contradictorias sobre la permanencia o no de la profesora Gordillo como coordinadora de los diputados del PRI, constituía una de las ya demasiadas muestras de desconcierto dentro de ese partido. En tanto ella había asegurado que seguía estando a cargo de esa coordinación, la dirección nacional de su partido la desmentía. La relevancia que el comité nacional priista dio a la protesta de más de un centenar de diputados que, según se dijo, exigieron el viernes la destitución de Gordillo, indicaba que más que una confusión de procedimientos en el PRI hay un profundo litigio político. Independientemente de cual fuese el desenlace de ese regateo el saldo habrá de ser adverso para la profesora Gordillo y, también, para la imagen de su partido. Cuando un político es noticia por sus logros o por su habilidad para ganar imagen o consenso, puede considerarse que avanza. Pero cuando destaca por las impugnaciones que suscita, se trata de un político en problemas. Inusual influencia. La maestra Gordillo ha padecido las consecuencias de su propia avidez para alcanzar espacios de poder, inclusive, más allá de sus capacidades (que no son pocas) y de sus fidelidades políticas (que no le han resultado tan recíprocas como seguramente ella pudo haber esperado). Su insistencia para ocupar al mismo tiempo dos de los principales cargos dentro de su partido indica ese afán acaparador que, sin embargo, no ha significado eficiencia ni provecho políticos para ella ni para el PRI. Ha sido poco usual que la coordinadora de la fracción mayoritaria en la Cámara de Diputados sea, al mismo tiempo, secretaria general de un partido con tantas tareas pendientes en su indispensable reconstrucción interna, así como en la competencia electoral que se prevé para el siguiente año. Esa duplicidad de funciones, impugnada por no pocos miembros del PRI, sólo se explica en el contexto del diferendo que han sostenido la señora Gordillo y el presidente nacional del partido. Mantenerse en la secretaría general fue la manera que la ex lideresa de los maestros encontró para no dejarle a Roberto Madrazo —con quien tiene una disputa ahora abierta y enconada— la conducción de todos los asuntos del PRI. Sin embargo, las obligaciones que también debía desempeñar en la Cámara de Diputados y el papel protagónico que ha buscado tener en la negociación de las reformas fiscal y eléctrica obligaron a Gordillo a privilegiar la atención a la política fuera de su partido. Heterodoxas relaciones. Esa avidez para conquistar y controlar posiciones se ha expresado, de manera más notoria, en las inusuales relaciones políticas que Gordillo mantiene con muy distintos protagonistas de la vida pública mexicana. Tener con sus interlocutores e incluso con sus adversarios relaciones políticas civilizadas, a las cuales no tendría que ser ajena la cordialidad, será siempre un mérito de cualquier dirigente. Pero lo que ha sido llamativo en el comportamiento de la profesora es su cercanía estrecha —tal vez menor a lo que se ha dicho e incluso menor de lo que ella misma ha pretendido— con el Presidente de la República y su esposa. Dentro del PRI no ha dejado de resultar extravagante, para decirlo de alguna manera, la relación que una de sus principales dirigentes ha mantenido con el hombre cuyo triunfo electoral sacó del gobierno federal a dicho partido. Ese trato ha ido más lejos de la urbanidad que los líderes políticos, que comparten situaciones y escenarios muy variados, desarrollan de manera natural. La maestra se ha ufanado de esa relación. Por ejemplo, ha querido aparecer en televisión contestando en el celular una llamada de la señora Marta Sahagún. Ha sido inevitable que esa familiaridad le signifique costos políticos a la profesora dentro de su propio partido. Muchos de sus correligionarios, dolidos o desconcertados aún por el resultado electoral de 2000, e incluso reacios a la autocrítica y a entender por qué los ciudadanos castigaron de esa manera la prepotencia y los abusos proverbiales del PRI, no alcanzan a entender ese comportamiento de Gordillo. La profesora, a su vez, no ha ubicado esas relaciones con la familia Fox en el terreno de su actividad personal. Las ha reivindicado como parte de sus relaciones políticas, se ha jactado de ellas, las ha considerado parte de su patrimonio político. Así es como tienen que ser evaluadas. A esa poco ortodoxa situación se añaden las campañas periodísticas que sus adversarios han enderezado contra Elba Esther Gordillo. Episodios como la presunta acusación de Carlos Jongitud, el líder al cual ella sustituyó hace casi 15 años a la cabeza del SNTE; las transcripciones de conversaciones telefónicas obtenidas por procedimientos ilegales y las versiones —que ella no ha desmentido del todo— sobre su fortuna y despilfarros han tenido que calar en la apreciación que de ella tienen algunos de sus compañeros de partido y, desde luego, en su imagen pública. Paso fiscal en falso. En ese panorama, determinado fundamentalmente por versiones no siempre confiables y por una intensa murmuración se desarrolló el litigio por la autoría de la propuesta de reforma fiscal que presentó la maestra Gordillo a nombre de su grupo parlamentario. La iniciativa para crear un impuesto a productores e intermediarios suscitó más confusión que adhesiones. Técnicamente discutible, políticamente implicaba una equivocación mayúscula. Se trataba, como tanto se ha dicho, de un IVA disfrazado. Fue un recurso inhábil y desacertado para sustituir la propuesta gubernamental que, sin tantos rodeos, sugirió generalizar la aplicación del Impuesto al Valor Agregado para satisfacer la necesidad de fortalecer la recaudación fiscal. En ese tema, como en el energético, el PRI ha quedado atrapado en su propia retórica. Hace unos meses el compromiso para no imponer el IVA en productos básicos y medicinas formó parte de las banderas de campaña de ese partido. A sus dirigentes o a quienes hayan diseñado tal propaganda, no se les ocurrió que poco después de las elecciones ese partido tendría que tomar decisiones de política fiscal en las que muy posiblemente la extensión del IVA sería uno de los instrumentos principales para aumentar la capacidad económica del Estado. Haber convertido a la disputa en torno al IVA en uno de los ejes de su presencia pública, pero además de la querella interna, fue un error del PRI. La misma Gordillo se comprometió, hace pocas semanas, a no tocar ese impuesto. Pero luego presentó, como si se tratara del parto de los montes, al desdichadamente célebre IPI cuyas contradicciones no tardaron en ser evidentes. Ese paso en falso de la profesora fue aprovechado de inmediato por Roberto Madrazo. La declaración que hace una semana hizo difundir el dirigente priista tenía propuestas sumamente interesantes, como esta columna señaló el martes pasado. Entre ellas destacaba la sugerencia para gravar las ganancias bursátiles. Mentiroso Madrazo. El flanco propositivo de aquel documento quedó obnubilado por la alusión, que también incluía, al origen gubernamental de la iniciativa para crear el IPI. A estas alturas todo parece indicar que el presidente nacional del PRI no se confundió al hacer ese señalamiento, sino que se trataba de una acusación artificiosa y premeditada para golpear a Gordillo. Diversas reconstrucciones periodísticas han comprobado que ese discutible impuesto fue sugerido dentro del PRI y por diputados de la actual Legislatura, independientemente de que sea parecida a otras que se han mencionado en los años recientes. Así que era mentira que se tratase de un proyecto del gobierno. Al sugerirlo así, Madrazo sugería que la coordinadora de los diputados priistas actuaba como agente del interés presidencial y/o de la Secretaría de Hacienda. Esa imputación era falsa, por lo menos en el caso del IPI. Pero en el panorama de malquerencias personales, forcejeos políticos y confusiones informativas que hay en el PRI, permitió detonar el descontento de docenas de diputados de ese partido. Trasladada al grupo parlamentario, la disputa entre los priistas ha encontrado caldo de cultivo propicio en San Lázaro. La estructura de la Cámara de Diputados, que confiere enormes facultades y recursos a los coordinadores de cada grupo parlamentario y muy pocas a los legisladores que no tienen cargos en su fracción parlamentaria, favorece sobremanera el autoritarismo. Menosprecio a diputados. En la Cámara de Diputados, las decisiones sobre la organización del trabajo interno y acerca de las asignaciones financieras son tomadas por el líder de cada fracción y sus colaboradores más cercanos, sin que en ellas participen los legisladores que no forman parte de ese círculo privilegiado. Además del ejercicio de recursos y la asignación de viajes —entre otros privilegios—, determinaciones políticas como el nombramiento de los oradores que suben a la tribuna de la Cámara para representar a cada partido son tomadas por el coordinador de cada fracción sin que, por lo general, sean considerados muchos de los diputados. Ese ejercicio autoritario ocurre en todas las fracciones parlamentarias, pero se resiente más en aquellas que tienen una mayor cantidad de diputados porque las oportunidades de participación política, e incluso de lucimiento personal, son menores. A esa situación hay que añadir el poco tacto con que han sido tratados los diputados del PRI durante los meses recientes. Ocupada como ha estado haciendo política en otros partidos, en los medios y en el gobierno, la maestra Gordillo no parece haber tenido tiempo para atender a su propia fracción parlamentaria. Además algunos de sus operadores más cercanos, diputados también, no se singularizan por su sensibilidad ni por el respeto a sus interlocutores políticos. En ocasiones, incluso, a los diputados priistas sus dirigentes los han tratado con las mismas prácticas clientelares y ofensivas con que en los viejos tiempos ese partido solía encontrar la adhesión de algunos segmentos de la sociedad. El obsequio de computadoras personales que Gordillo hizo hace varios meses a cada uno de los diputados de su grupo parlamentario nunca fue entendido como parte de los recursos de trabajo que ese partido entrega a sus legisladores. Ambiciones desatadas. En el litigio dentro del PRI no hay coordenadas programáticas, sino ambiciones personales. Ni a Roberto Madrazo ni a Elba Esther Gordillo, los anima la búsqueda de un proyecto de país —ni siquiera de una colección de reformas—. Se trata de un pleito por el poder. En esa disputa influyen los reproches —también personales, más que políticos— de muchos diputados priistas y se manifiesta la ausencia de cauces institucionales claros para que ese partido dirima sus controversias. Todo eso ocurre en un panorama nacional desastrado y embrollado. No hay principios, sino un crudo y ordinario pragmatismo político. Hace algo más de cuatro meses, el 19 de julio, la maestra Gordillo fue electa coordinadora de los diputados de su partido por 124 votos frente a 92 que obtuvo su competidor, Manlio Fabio Beltrones. Ayer, en cambio, los legisladores que se le oponen presentaron las firmas de 123 diputados que han buscado la destitución de Gordillo. No hay explicaciones políticas sino codicias, rivalidades, desconsideraciones, aborrecimientos y otras pasiones personales en la inopinada mutación de lealtades —o la inexistencia de ellas— entre los diputados priistas. El espectáculo que ofrece ese partido es tan deplorable como, por lo visto, irremediable. Ayer por la tarde la dirección del PRI pospuso hasta el lunes la expedición de la convocatoria para designar coordinador de sus diputados. Aunque la maestra Gordillo sea destituida, no podrá considerarse que se trate de un triunfo de Roberto Madrazo. Su inhabilidad para resolver ese litigio afectará sus aspiraciones presidenciales. Los auténticos vencedores con el triste pleito dentro del PRI se encuentran fuera de ese partido. No será extraño que, en estos días, podamos ver especialmente satisfecho a Andrés Manuel López Obrador. Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx Página web: http://raultrejo.tripod.com/
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