Insalubridad y pobreza extrema origen del tracoma en Chiapas | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Insalubridad y pobreza extrema origen del tracoma en Chiapas

El oftalmólogo Javier Torroella y su esposa Carmen Portillo caminaban por el mercado del municipio de Oxchuc en mayo de 1962, cuando asombrados se percataron de que había al menos 30 ciegos a su alrededor. “El espectáculo era dantesco. Torroella de inmediato reconoció que se trataba de tracoma; el 65 por ciento del municipio lo padecía”, dijo a Crónica Carmen Portillo. Los tzotziles y tzeltales acostumbraban llegar a Oxchuc los domingos para intercambiar “plátanos, café, maíz, naranja, chile; productos que ellos mismos cultivaban”. Entonces no había camino alguno, eran brechas sobre la selva, montañas muy altas y riscos peligrosos debido a las temporadas de lluvia. El entonces presidente Adolfo López Mateos invitó a Javier Torroella para que realizara una investigación a fondo de la situación de la oncocercosis en Oaxaca, considerada entonces como foco rojo de la enfermedad. “Los últimos dos años del periodo del expresidente, recibimos apoyo para atender a los indígenas, principalmente de las costas oaxaqueñas. Por azares del destino llegamos a Chiapas, veníamos a descansar una semana y nos quedamos definitivamente”, explicó la esposa de Torroella. Luego de los estudios que realizamos en la zona, delimitamos los municipios de Oxchuc, Chanal, Huixtán, Tenejapa, Tenengo y Guaquitepec con un total de 60 mil habitantes de los cuales, el 50 por ciento tenían tracoma. De estos, el municipio más afectado era Oxchuc. El 10 por ciento estaba ciego. —¿Cómo inició el programa de tracoma en Chiapas? —Al enterar del hallazgo a López Mateos, el expresidente le pidió a Torroella que a cambio del silencio le daría todo lo que necesitara para trabajar el tracoma en Chiapas; principalmente para evitar el temor entre el turismo. —¿Qué recibió Javier Torroella? —La oficina de un hospital abandonado en Ixtlán, Oaxaca. Tenía 12 camas y lo acondicionamos con médicos, enfermeras y medicamentos. —¿Cómo atendían a los enfermos de tracoma? —Principalmente con agua y jabón. Para calmar las molestias algunas sulfas, entonces no había nada que lo curara. —¿En qué consistieron sus investigaciones sobre el mal? —Durante tres años recorrimos Los Altos de Chiapas buscando enfermos. Los atendíamos, les enseñábamos a usar el agua y el jabón para evitar contagios e incluso trasladamos a los más graves, ya ciegos para operarlos. —¿Qué pasó después? —Al llegar a la presidencia Díaz Ordaz, el entonces subsecretario de Salud no quiso seguir apoyando el programa. Nos dijo que se trataba de un grupo de indios que estaba encerrado y como no había caminos para llegar, tampoco querían abrirlos. A pesar de los obstáculos, mi esposo y yo decidimos instalarnos en San Cristóbal, fundando en 1965 el Instituto Mexicano de Oftalmología, dedicándonos principalmente a las enfermedades de los ojos, teniendo como objetivo principal el tracoma. En ese mismo año Torroella logró aislar por primera vez en México el agente causal de la enfermedad. —Durante el sexenio de Echeverría, ¿qué pasó con el tracoma? —Construyeron la primera carretera y empezó a bajar toda la población. Había casos de las nanas que llegaban a cuidar a los bebés a Tuxtla y venían infectadas. —¿Tenían alguna propuesta que no fue escuchada por el gobierno en turno? —Por supuesto, hacerles llegar agua. A pesar de las dificultades del terreno, la opción que dimos fue cavar pozos profundos y enseñarles a usar agua y jabón. Nunca nos escucharon, incluso implementaron programas de bombeo, lógicamente que nunca funcionaron. —¿A qué atribuye que el tracoma continúe después de 42 años de haberse detectado? —Sinceramente a la falta de atención por parte del gobierno federal, a la corrupción que desafortunadamente continúa limitando que los recursos lleguen a quien más los necesita. —¿Considera que la enfermedad ha disminuido en cifras como lo afirma la SSA? —No. Principalmente no creo que hayan contabilizado el total de la población porque tienden a moverse de un lugar a otro. Estimo que no hay tantos ciegos como cuando mi esposo y yo los detectamos; sin embargo, la forma activa, que es la más contagiosa es la que sigue latente, porque siguen viviendo en las mismas condiciones deplorables de hace 42 años. * Tradición El tracoma es considerado como un castigo por no seguir las normas socialmente establecidas por los tzotziles y tzeltales, la catalogan como un mal sobrenatural provocado por la envidia de otros que no están de acuerdo en que solamente una persona tenga buena cosecha, también creen que el castigo viene por el hecho de robar maíz de las milpas. * Cultura El tradicional territorio tzotzil se ubica al noroeste y suroeste de la ciudad de San Cristóbal. El tzotzil se habla en las comunidades de El Bosque, Chalchihuitán, Chamula, Chenaló, Huixtán, Mitontic, Zinacatán, Larráinzar, Pantelhó, Bochil, Ixhuatán, Soyaló, Venustiano Carranza, Ixtapa, Teopisca y San Cristóbal de Las Casas. * Superstición Culpan al humo de la leña que entra al ojo cuando se preparan los alimentos o durante el baño temascal. Piensan que pueden contraer la enfermedad al caminar por el campo o dentro de la casa al romper con la cabeza y la cara las redes de las telarañas. Los enfermos fueron trasladados a zonas en donde sí había agua; se construyeron escuelas para conservar sus tradiciones. * Trayectoria El oftalmólogo Javier Torroella Bueno trabajó en el Hospital General de la Secretaría de Salud, fue consultor para oncocercosis en el sur de Sudán, consejero de la campaña contra la oncocercosis de Venezuela, director de la campaña mexicana contra la oncocercosis y enfermedades oculares endemo-epidémicas de la Secretaría de Salud.

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