La Crónica de Hoy | El culto a la Santa Muerte pasa de Tepito a Coyoacán y la Condesa

El culto a la Santa Muerte pasa de Tepito a Coyoacán y la Condesa
Ricardo Pacheco Colín | Cultura | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 15:48:03
La detención de Daniel Arizmendi López, El mochaorejas, en 1998, permitió al público penetrar un mundo de rituales oscuros y violentos conocido solamente por los devotos: el secuestrador mantenía en su guarida un altar a la Santa Muerte; parte de su rutina, como se sabría después, eran las plegarias a esta santa, como escribe Sergio González Rodríguez en su libro Huesos en el Desierto. De esta forma, tal vez injustamente, el culto a la Santísima Muerte o La Niña, como también se la conoce, quedó asociado en el imaginario colectivo con acciones criminales de la peor calaña. Los ejemplos abundan: En abril de 2001, las autoridades federales detuvieron a Gilberto García Mena, uno de los jefes del Cártel del Golfo. “En su mansión”, refiere también Sergio González en su citado libro, situada en un poblado de Tamaulipas, “este sujeto tenía una choza que funcionaba como capilla de la Santa Muerte, un esqueleto vestido con ropaje talar y aura divina, al que se invoca, reza y rodea de veladoras en busca de poder y protección”. Se trata de un culto tenebroso que en los últimos años ha ido dejando las sombras para irrumpir al descubierto con toda su fuerza. Por eso Homero Aridjis, advierte: “La Santa Muerte es la imagen de la muerte violenta”. El escritor relaciona este culto con “el regreso al mito de la Coatlicue, la deidad de la falda de cráneos; es el regreso, incluso, y ésta es la parte peligrosa del rito, al sacrificio humano”, asegura . Aunque el autor de La Santa Muerte no relaciona directamente este culto con el caso de las Muertas en Juárez, sí confirma que en la ciudad fronteriza apareció también esta devoción. El culto aparece ahora con la fuerza que proviene de la novedad y el desamparo, de la violencia y de la crisis. Se acogen a esta fe aquellos que no encuentran acomodo en la sociedad globalizada: niños de la calle, prostitutas, desocupados, pero también los que funcionan al margen o en contra de la Ley: narcotraficantes, contrabandistas, ladrones, secuestradores, en fin, delincuentes, aunque la devoción también llega a su contraparte (que no es lo mismo, pero es igual), los policías judiciales, madrinas y preventivos. En otro nivel participan de esta creencia también amas de casa, taxistas y militares de distintos grados. Si en un principio los creyentes se reclutaban entre los marginados, en estos tiempos el culto ha rebasado las barreras sociales y sus templos y adoratorios ya han aparecido en colonias de clase media y alta como la Condesa y Coyoacán. Además, se tiene conocimiento de que se han instalado santuarios en las ciudades de Taxco, Pachuca y Juárez, revela a Crónica Edgar Escobedo Quijano, autor del libro Santa Muerte. El libro total. Por el tipo de milagro solicitado (protección contra agresiones, éxito en el robo, el deceso de un enemigo o amores imposibles) a ella se acogen “los que no le pueden pedir favores a otros santos”, refiere Aridjis. Hace diez años, en Tepito sólo habían dos templos y ahora hay más de 20 que funcionan con “una estructura de obispos, arzobispos y curas”, refiere Aridjis. El también presidente del Grupo de los Cien recuerda que hace unos años en el Mercado de Sonora sólo se veían uno o dos puestos con imágenes de la Santísima, “pero ahora son corredores enteros que exhiben veladoras, litografías, medallas”. Aseguran que es la “virgencita del interno” Silvia Preuss, abogada y funcionaria durante muchos años en reclusorios de la Ciudad de México, asegura que en las prisiones del país se encuentra una buena parte de los devotos de la Santa. Cuando empezó a trabajar en estos sitios, en 1990, Silvia se dio cuenta de la adoración por la Santa Muerte, pero opina que no era una que se identificara con el narcotráfico, por ejemplo. “Es más, había internas que llegaban sin creer en la Santa Muerte, pero por la influencia de la población carcelaria al cabo de los meses terminaban creyendo en ella. Porque es la virgencita del interno”, asegura. “En las celdas tenían las imágenes de la Santa en diferentes formas, tanto en bulto como en vaso de veladora”, según la también ex directora del Reclusorio Femenil de Tepepan. Los investigadores no se ponen de acuerdo Para Elsa Malvido Miranda, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, la devoción a la muerte se remonta a la Epoca Medieval en Europa, y no a la Prehispánica. La veneración de esqueletos se ha relacionado con episodios en los que los pueblos se han visto amenazados por epidemias y se les personificaba “como esqueletos sentados en carretas, con corona y cetro, lo que simbolizaba el triunfo de la muerte”, según Malvido. Sin embargo, para Aridjis, el origen sí es prehispánico. “Es el regreso al culto de la Coatlicue”. En el mismo tenor se expresa Escobedo Quijano: “Yo considero que es una continuidad de los ritos prehispánicos, desde la adoración de Mictlantecuhtli, Coatlicue, o sus equivalentes mayas”.
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