El primer café ''cantante'' fue abierto en Palacio de Iturbide | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

El primer café ''cantante'' fue abierto en Palacio de Iturbide

El importante cultivo del café fue introducido tardíamente en el Nuevo Mundo; don Salvador Novo (Cocina Mexicana) relata que fue importado hasta principios del siglo XVIII, cultivándose desde 1715 en Haití y Santo Domingo. Se ignora la fecha de las primeras plantaciones de café en México, conociéndose tan sólo que fue en las poblaciones de Acayucan y Ahualulco donde ocurrió; el mismo maestro Novo cita a Miguel Lerdo de Tejada (Comercio Exterior de México) diciéndonos que para 1802 el grano se exportaba a España y otros países, sumando 616 quintales (46.008 kilogramos cada/quintal). En 1803, el barón de Humboldt escribió que “el uso de esta bebida es tan raro que en todo el país no se consumen arriba de 400 ó 500 quintales”. En el municipio de Amatlán, Cantón de Córdoba se introdujo la planta en 1825 por don Antonio Gamez. Don Artemio del Valle Arizpe (Calle Vieja, Calle Nueva) nos da la fecha y ubicación del primer café de la Ciudad de México entre 1785 ó 1786, durante el gobierno del virrey don Bernardo de Gálvez “...se estableció en la calle de Tacuba el primer café que hubo en la ciudad. “Quedaba éste un poco más adelante de la esquina que hacía esa calle con la del Empedradillo (Monte de Piedad)... A sus puertas estaban los camareros... gritando en constante invitación a los transeúntes: ‘Entren a tomar café con molletes (pan con mantequilla), a estilo de Francia’. “Este estilo consistía en ponerle leche y endulzar la mezcla (lo cual en México era una novedad)... después del Café de Tacuba, fue en Veroli... (después Café del Progreso)” donde se siguió con la costumbre de agregarle leche al café”. El primer café “cantante” en México fue abierto en los bajos del Hotel Iturbide (antes Palacio de Iturbide, y desde enero de 2004, Palacio de Cultura Banamex). Don Guillermo Prieto (Actualidades de la Semana) nos narra el hecho acaecido a mediados de febrero de 1869: “A la entrada se expendían boletos para la asistencia al espectáculo, los boletos que dan derecho para asistir a una tanda o acto de los indicados en el programa, y además moneda cambiable, bien por un pocillo de chocolate, o una taza de café con leche, un helado, una copa de cognac, cigarros, puros, etcétera”. El salón era extenso, iluminado “perfectamente” por candiles de gas, espejos elegantes y cuadros en las paredes, hileras de “mesitas aisladas” a los lados y centro del salón, “había bastante animación: incomodaba el calor excesivo, porque el café tiene ventilación escasísima. En el fondo del salón... se encuentra el teatro, con su telón y sus decoraciones adecuadas”. El programa estuvo constituido por dos cantantes, la señora Morales, quien “mereció aplausos, particularmente en su vals”, y monsieur Lepauvre, “conocido del público... (y el cual)... despertó el buen humor”, continuaron con el “espectáculo de las vistas disolventes”; comentando finalmente Guillermo Prieto que tendrá “México una distracción más en sus noches que son realmente tristes y de retraimiento cuando la ‘casta diva’ (la luna) no visita su cielo ni embellece sus calles y plazas”. Don Juan N. Almonte (Guía de Forasteros, 1852), y don Marcos Arroniz (Manual del Viajero en México, 1842), registran los siguientes establecimientos: El Progreso, esquina de la calle del Coliseo Viejo y del Coliseo; La Bella Unión, esquina de la Palma y calle del Refugio; La Gran Sociedad, esquina del Espíritu Santo y Coliseo Viejo; El Bazar, calle del Espíritu Santo; la del Teatro Nuevo de Santa Anna, calle de Vergara; la de Washington, en la calle de Tiburcio; “El nuevo y hermosísimo Hotel de Iturbide, calle de San Francisco, perteneciente a la casa de Diligencias; el del Cazador, Portal de Mercaderes y el Café del Sur en el Portal de Agustinos. Otros cafés mencionados por Antonio García Cubas, Guillermo Prieto y Artemio del Valle Arizpe eran los ubicados en las calles de: San Juan, la Cadena, la Merced, de Manrique, de Medina; entre los que mencionan sus nombres y ubicación están: La Flor y Nata de México; La Ranita; Café de las Damas; Café de Veroli; Café del Aguila de Oro, Portal del Aguila de Oro; Café del Infiernito, Espíritu Santo 10; Café del Jarro, Santísima; Café del Moro, Santa Catarina; Café del Templo de las Dulzuras, bajos Coliseo; Café Fontana de Oro, San José de Gracia. “Hay otros muchos, y algunos en que se almuerza por una peseta y se come por tres reales, como en el Moro de Venecia, Tlapaleros 18 (16 de septiembre)”, nos dice don Marcos Arroniz: en este restaurante que el desayuno incluía “huevos como los pidan, o algún guisado de chile, bistec, costillas o asado, frijoles fritos o corrientes, un vaso de pulque o café con leche” (Juan N. Almonte). novohispano@hotmail.com

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