La Crónica de Hoy | ''¡Tercera llamada!'' Y a la pista del Antiguo Apache 14 salta ''Carla'' en una noche más de desenfreno

''¡Tercera llamada!'' Y a la pista del Antiguo Apache 14 salta ''Carla'' en una noche más de desenfreno
Francisco Reséndiz | Nacional | Fecha: 25-ene-05 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 15:23:48
Medianoche del jueves. Sobre Avenida Politécnico no hay tráfico. De repente una patrulla de la policía judicial capitalina sigue a toda velocidad a una camioneta de la AFI; pasan de largo el número 5310. Nadie se da cuenta, sólo algunos saben del "Antiguo Apache 14". En unos minutos este restaurante se transforma y pasa a la clandestinidad. Aquí, al igual que otros centros y "clubes privados" que operan en la ciudad de México, se aprovecha el concepto swinger para convertirse en centros de venta de drogas, lenocinio y trato de blancas "de alto nivel". A un costado del restaurante hay un estacionamiento en obra negra. Los autos de las parejas que buscan intercambios sexuales son estacionados, no hay cupo para más de 20. Se apersonan dos hombres, insinúan que están armados y cobran 250 pesos a cada persona por entrar a "D'sden", otros 40 por acomodar el coche. Hay unas escaleras que parten de la puerta trasera de emergencia del "Antiguo Apache 14". Está oscuro. Al final de los escalones hay una cortina. Al moverla para entrar, el polvo hace toser a los extraños. Enseguida una pequeña pista de baile. Nuevamente se presenta otro hombre y lleva a los visitantes a su lugar. Las cumbias se intercalan con el regué y algo de dance y rock… después jazz, pero nadie baila. Observan y esperan. En un costado de la pista se sientan las parejas que no son menores de 40 años, en otro los hombres que van solos con un promedio de 30 años, en otro los que van en grupo, un poco más jóvenes, y atrás los que llevan a sexo servidoras en busca de lograr un intercambio de parejas. Hay unas 30 personas. Las mesas son pequeñas donde se pagan otros 250 pesos por persona a fin de cubrir el "consumo mínimo", aun así las cervezas cuestas 50 pesos. Hay una esfera de espejos que gira sobre la pista, algunas luces que se intercalan con un flasheo de luz blanca que no para. De vez en cuando sueltan hielo seco que se mezcla con el humo del cigarrillo. El techo es de madera, las vigas se asoman. Atrás hay un cuarto con sillones de piel y un par de camas, hay una pared falsa con unas pequeñas ventanas por las que los curiosos ven hacia una habitación con luz negra a donde algunos hombres y mujeres entran e intercambian parejas sin saber al final a quien acarician. EL SHOW. Ya es la una de la mañana del viernes. "Tercera llamada, tercera". A la pista salta una hermosa chica no mayor de 20 años. Le llaman "Carla", trae sombrero, chamarra, pantalón vaquero, blusa y botas, todo de color blanco. Baila y como en muchos centros, se desnuda y acerca su cuerpo a los extraños. Le sigue "Vaquero". También con sombrero, el streaper hace su trabajo. Al quedar desnudo se acerca a las mujeres y frente a sus parejas deja que lo besen, alguna se acerca más y tiene sexo oral. Enseguida se va al camerino y aparece otra chica en la pista. Con gafas negras, gorra, short y corsé con camuflaje verde, zapatillas altas y el cabello recogido, "Laydi" se ve exquisita y baila al desnudarse. Camina hacia un grupo de hombres y los roza con su cuerpo hasta que uno de ellos la toma por la cintura, lo besa, le da la vuelta y tienen una breve copulación. En unos instantes sus compañeros salen tras bambalinas. Cada uno baila en la mesa de los visitantes, cada vez más cerca y de una manera más erótica. Ahí uno de los extraños pregunta por el precio de la salida a una de las chicas. "Carla" pide un momento y después le manda su tarjeta. Las meseras colocan un sillón a media pista. Los tres nudistas comienzan a besarse y en unos momentos al ritmo de la música llegan a tener sexo grupal. Primero "Carla" y "Laydi", al final las dos chicas con el streaper. Algunos espectadores cambian de sitio para ver mejor. Luego se van entre aplausos. "Carla" manda llamar al extraño. Al tiempo, las meseras ofrecen a los clientes el servicio de "privados" a 380 pesos. No más de 15 minutos con los bailarines. En la parte posterior la chica se pone de acuerdo y ofrece sus favores sexuales al extraño y a su pareja por 2 mil pesos durante una hora. Hay otras chicas que se muestran por catálogo, algunas, ofrecen, no mayores de 15 años. En la pista se intercambian hombres y mujeres. No dejan que aquellos que van solos se acerquen. Una pareja se aproxima a los extraños e intenta hacer contacto, pero fracasa. Sobre las mesas algunos comienzan a tener relaciones sexuales. Otros inhalan cocaína ante la molestia del personal. No se inhiben. El desenfreno sigue hasta la mañana.
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