''Para ser huesero no se estudia, hay que tener el don'' | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

''Para ser huesero no se estudia, hay que tener el don''

Florencio Martínez Morales asegura que “para ser huesero hay que tener el don, esto no se aprende ni se estudia, se nace con él”. Desde hace 53 años el hombre de cabello cano cura torceduras, falseaduras de columna, empacho, esterilidad y hasta de espanto, a niños, jóvenes y adultos que pasean por el parque de Los Venados en la delegación Benito Juárez. Su consultorio se encuentra al aire libre, frente al hospital de zona número 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Todos los días, la sala de espera y camilla son sustituidas por cuatro bancos de metal y asiento de tela. La publicidad, es un letrero de madera roída pintada de blanco con letras azules que tienen la leyenda: “Aquí se arreglan huesos, cintura, ovarios y cóccix. Se cura de las anginas, espanto y empacho”. Ese, es el “gancho” para que los visitantes del parque e incluso quienes tienen algún enfermo en el hospital pregunten por las consultas del huesero, las cuales van desde los 50 hasta los 500 pesos. Si uno transita por Municipio Libre, no es extraño ver a hombres semidesnudos de más de 100 kilos, sentados en uno de los bancos recibiendo algún tipo de masaje de Florencio. Algunos otros sólo van a que les soben los talones o enderecen los huesos salidos del hombro, dedos o mano. Aunque su primera curación la realizó a los 9 años, en el pueblo de Huichapan en el estado de Hidalgo, oficialmente Florencio comenzó a realizar esta práctica 48 meses después. “Aún recuerdo ese día como si fuera ayer. Llegó un señor a ver a mi papá, porque él también tenía el don, pero le dije que me dejara ver su rodilla que se machucó con una piedra. Un hueso se le salió y yo le unté una pomada, después quedó muy bien y pudo caminar”, narró a Crónica. Aunque sus padres también eran curanderos, Florencio afirma que “esto no se aprende, nadie nos enseña, ya trae uno el don, Dios me dio el don para curar a las personas, porque para ser huesero hay que tener el don”. Después de esta primera experiencia Florencio continuó curando a las personas que lo visitaban hasta que un día tuvo que salir de su pueblo, porque “ahí no había nada que hacer ni qué comer”. Ya en el Distrito Federal, el hombre que actualmente tiene 85 años, se dedicó a realizar trabajos de albañilería “o lo que saliera para comer”. Después, “la necesidad de trabajar” lo obligó a improvisar un consultorio. Florencio dice que seguirá trabajando hasta que “Dios le dé licencia”, ya que no le preocupa que su “don” se pierda, porque una de sus tres hijas también sabe curar y todos los días lo acompaña para sanar a las personas que lo buscan, incluyendo a médicos y enfermeras que trabajan frente su puesto. A unos cuantos metros de Florencio también trabaja Gudelia quien tiene 77 años y también se dedica a sobar y acomodar huesos. Pero la mujer no sólo se dedica a eso, sino que también ayuda a las mujeres estériles, através de una curación, a concebir a sus bebés. Incluso, ayuda a los hombres que sufren de impotencia sexual. “No los toco, sólo les unto en los muslos una pomada, les acomodo los músculos y en un par de días están listos para complacer a su mujer”. Así, aunque los hueseros no son personas reconocidas por los médicos, ellos dicen que se dedican a ese negocio porque es un don que Dios les mandó.

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