La Hacienda Coapa, de emporio agrícola a bastión militar en 1847 | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

La Hacienda Coapa, de emporio agrícola a bastión militar en 1847

En medio de una fértil región llena de sembradíos, con los volcanes como fondo y el ferrocarril de Tlalpan circulando frente a ella, pintó al óleo don José María Velasco la Hacienda de San Antonio Coapa hacia finales del siglo XIX; la zona es rica en historia, y en algunos casos tiene como protagonista principal esta hacienda. Durante la guerra de 1847 fue fortificada para contener el ataque de la capital por el sur, rindiéndose solamente cuando Churubusco sucumbió ante la falta de municiones. Los inmuebles que se conservan del antiguo casco se encuentran sobre la Calzada del Hueso, entre la Calzada de Tlalpan y la Preparatoria Num. 5 de la UNAM; Don Manuel Romero de Terreros (Antiguas Haciendas de México), escribió en 1956: “no hace todavía un cuarto de siglo que se demolió el casco de la antigua hacienda”. Describe el casco como “una hermosa casa de dos pisos, con una galería doble, desde la cual dominaba la vista el magnifico panorama del sur del valle; capilla que parecía parroquia; Floridos jardines y, naturalmente, las consabidas trojes, caballerizas y demás dependencias de una finca agrícola”; a la fecha sobreviven (modificadas), la capilla, la casa principal y parte de las trojes. En los primeros meses de 1834, Mr. Charles Joseph Latrobe (él fue quien en realidad llamó a México “La Ciudad de los Palacios”) estuvo en nuestro país y visitó la hacienda de San Antonio Coapa describiéndola “en medio de una comarca muy fértil que se extiende en ancho trecho desde el camino hacia el este y el sur; mientras que exactamente en frente, una pequeña y pintoresca iglesia (Santa Ursula), rodeada de árboles, señala el limite de un vasto páramo de lava negra, que asola a los aledaños de San Agustín (Tlalpan) y la falda de la montaña del Ajusco. “El camino y el arroyo, que corren frente a la hacienda, están sombreados por hermosos álamos blancos y otros árboles, entre ellos los ‘pirules’, que con sus hojas de un verde vivo y sus racimos de bayas rojas, constituyen uno de los más atractivos adornos de la altiplanicie del país. “Un ancho arco a la izquierda de la calzada, da acceso al interior de la hacienda, cuyo conjunto de edificios impone por su tamaño y sólida construcción. Además de la habitación de los propietarios, con corredores y patio central, como en los palacios de la ciudad, hay una iglesia, casas para los dependientes, caballerizas y otras oficinas en gran escala, y una troje que, por sus dimensiones y maciza construcción podría servir de prisión de estado. Se estima que en este granero pueden caber doce mil cargas de maíz, pesando cada carga 180 libras inglesas. “Los esquilmos principales de la hacienda son el maíz y el pulque; solamente del primero, se calcula una cosecha anual de 8 mil cargas. Toda la propiedad está perfectamente cultivada y muy bien administrada; y tanto por su magnífico sistema de riego, como por su cercanía a la capital, se considera una de las propiedades más lucrativas de todo el valle”. Los datos sobre los propietarios nos los proporciona Madame Calderón de la Barca (La Vida en México en 1840), cuando el 15 de junio de ese año sale hacia la feria de San Agustín de la Cuevas “... por la mañana temprano... nos detuvimos en San Antonio, una noble hacienda... perteneciente a la marquesa viuda de Vivanco; allí desayunamos en compañía de otros muchos invitados... la hacienda es una espléndida y sólida masa de edificios, y cuando se entra al patio por un abovedado portalón, se contemplan las enormes dependencias, las caballerizas y, particularmente las trojes... es una propiedad inmensa y valiosa... desayunamos opíparamente en una hermosa y antigua sala, y sólo tuvimos tiempo de visitar después los jardines y la capilla”. Próximos a la Hacienda de San Antonio Coapa se encontraban el pueblo de San Lorenzo Huipulco (subsistiendo a la fecha la bella capilla que le dio nombre al poblado y que tiene sus orígenes en el siglo XVI), y la Hacienda de San Juan de Dios, justo en lo que actualmente sería “el triángulo colegial que conforman el Seminario Conciliar de México, la Universidad del Valle de México y el Colegio Seminario Salesiano, (Salvador Padilla Aguilar, San Agustín Tlalpan). Esta Hacienda de San Juan de Dios y los vecinos campos denominados “el Arenal” (Tepepan), también fueron testigos de los movimientos de los ejércitos contendientes durante la guerra de 1847. novohispano@hotmail.com

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