La Crónica de Hoy | Participan en guerras 300 mil menores; 120 mil niñas son espías, sirvientas, esclavas sexuales o ''esposas de guerra''

Participan en guerras 300 mil menores; 120 mil niñas son espías, sirvientas, esclavas sexuales o ''esposas de guerra''
Mael David Vallejo | Mundo | Fecha: 2005-05-02 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 14:25:43
Se calcula que en el mundo hay más de 300 mil niños que participan en guerras en al menos 32 países en especial en el continente africano. De estos pequeños combatientes, 120 mil son niñas de entre ocho y 18 años que son obligadas a actuar como soldados, espías, mensajeras, sirvientas y sobre todo, como esclavas sexuales y “esposas de guerra”. En el informe 2005 de la organización no gubernamental (ONG) británica Save the Children (STC), se asegura que en el oeste africano 32 por ciento de las niñas que están dentro de grupos armados han sido violadas, 38 por ciento necesitaron tratamiento para enfermedades de transmisión sexual y el 66 por ciento son madres solteras. Los países más señalados por permitir este fenómenos son Sri Lanka, Uganda, Sierra Leona y la República Democrática del Congo son donde más existen niñas soldados. En Uganda, unas 6 mil 500 niñas son raptadas o entregadas por sus padres a las fuerzas militares como modo de pago de impuestos para ser reclutadas como soldados del Ejército de Resistencia del Señor, por lo que constituyen el 33 por ciento de ese grupo armado. Cerca de 12 mil niñas forman parte de las fuerzas armadas en la República Democrática del Congo, y en Sri Lanka, 21,500 niñas están vinculadas a los grupos rebeldes. Además de estos países, en el continente africano los Estados más afectados por este problema son Argelia, Angola, Burundi, Congo-Brazzaville, Liberia, Ruanda y Sudán. En Sierra Leona, las niñas denominadas “esposas de los comandantes” ejercen una gran influencia en los complejos de los rebeldes y organizan a veces incursiones, secuestros y misiones de espionaje. Desprotegidos. En muchos casos, cuando llega la hora de pelear, los infantes tienen que hacerlo utilizando palos y sin municiones. Las niñas también deben entrar a los combates aunque estén encinta o sean demasiado pequeñas. Asimismo, se encargan del funcionamiento de los campamentos y de las tareas domésticas. Por su parte, la ONG canadiense Derechos y Democracia señala también en su informe “Dónde están las niñas” que muchas de ellas fueron secuestradas o tuvieron que unirse a las milicias gubernamentales o fuerzas rebeldes para poder sobrevivir y que la vasta mayoría ha sufrido abuso sexual, han sido obligadas a ser esclavas sexuales o acompañantes de los combatientes. El documento argumenta que las menores, usadas como “esclavas sexuales” tienen que lidiar con niveles muy altos de enfermedades venéreas. Asimismo asevera que cerca del 30 por ciento de las niñas combatientes en los países africanos quedaron embarazadas durante el periodo en que estuvieron cautivas por las milicias y ahora están retornando a sus casas como niñas madres. El informe de STC explica que “muchas de estas niñas son asesinadas en combate y otras tratan de escapar, la mayoría de las veces sin éxito”. Además, deben vivir con el estigma y el rechazo de sus familias y sus comunidades por haber sido violadas o tener un bebé y no cuentan con ninguna asistencia para reintegrase a su lugar de origen. Consecuencias. “En la mayoría de los casos si las menores han sido violadas o han tenido contacto sexual con hombres fuera del matrimonio —voluntariamente o no— están consideradas como sin valor para la sociedad. Por esta razón muchas de las mujeres no buscan ser liberadas, pues tienen miedo de la condena social que tendrán que enfrentar si regresan a sus comunidades” expresa el informe. Agrega que las niñas “sufren reproches por partida doble : por los grupos armados si desertan y por su comunidad su regresan a su casa. Están demasiado asustadas para irse y demasiado asustadas para quedarse. Mike Aaronson, director general de Save the Children, declaró que “cuando las personas se imaginan un conflicto, piensan en hombres enfrentados en un sangriento combate, pero las niñas son el rostro escondido de la guerra”. Agregó que “este espantoso abuso de los derechos de las niñas necesita de una acción urgente. Es hora de detener la guerra contra los niños”. (Con información de www.savethechildren.org.uk y BBC) “Fui atacada por 20 hombres y jamás pude volver a mi casa” De las 120 mil niñas que están dentro de grupos armados como combatientes o “esclavas sexuales” la organización británica Save the Children seleccionó la historia de Hawa de 12 años y embarazada, de Sierra Leona, como un ejemplo de la atrocidad. Hawa expresa que cuando su aldea fue atacada por más de 20 hombres del ejército rebelde de Liberia, ella fue raptada y separada de su familia a los 8 años. “Al principio me negué a que me violaran, a ser la esposa de los soldados rebeldes, pero después tuve que acceder pues me negaban la comida, aunque tener sexo siempre me dolía pues ni siquiera había tenido mi primer periodo.” Hawa relata que fue la “esposa” de los soldados por ocho meses, hasta que logró escapar. “Después caminé por 3 días por la estepa hasta que encontré a mis padres. Ellos estuvieron felices de verme hasta que les conté cómo me habían violado los soldados y lo que había tenido que hacer. Entonces me expulsaron de la familia, pues no entendían cómo no me había negado”. Después de ser expulsada, Hawa vivió con su tía abuela, pero el “estigma” que pesaba sobre ella no fue borrado. Al haber perdido su “valor como mujer” por haber sido violada, Hawa tuvo que trabajar como sirvienta en la casa de sus parientes para poder tener comida y techo. Tuvo que dejar la escuela y dormía en el piso. Sus padres no quisieron saber más de ella a pesar de sus continuos esfuerzos por acercárseles. Dos años después, cuando tenía 10 años, la volvieron a raptar los rebeldes. Estuvo con ellos otros dos años, tiempo en que los soldados se turnaban para pasar la noche con ella. Había vuelto a ser una “esposa”. A los 12 años, embarazada y sin conocer la identidad del padre, Hawa volvió a escapar. “Esta vez caminé por una semana en medio de los arbustos, sin comida, solo agua sucia. Cuando regresé a la aldea donde vivía con mi tía, ella ya había muerto. Ahora vivo con mis primas, aunque ellas me siguen discriminando por haber sido violada. Ojalá entendieran que yo nunca quise que pasara”.
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