La Panadería proyectó al mundo el arte mexicano | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

La Panadería proyectó al mundo el arte mexicano

En la década de 1990 el arte mexicano vivía una época de fecunda producción contemporánea que exploraba nuevas disciplinas y soportes (video, instalación, arte in situ); sin embargo la proyección internacional del mismo era escasa, casi nula, y los artistas jóvenes apenas y podían enterarse de los acontecimientos artísticos en el extranjero. “Ya un poco antes de los noventa estaba desbordada la necesidad de nuevos espacios y la necesidad de cambiar las líneas hegemónicas de calificación y evaluación del arte”, mencionó a Crónica el artista y curador Guillermo Santamarina. Bajo este desolador contexto, en 1987 sucedió uno de los acontecimientos más significativos para el arte contemporáneo de México. Una serie de artistas, entre los que se encontraban Santamarina, Gabriel Orozco, Mónica Castillo y Silvia Gruner, realizaron intervenciones in situ en el ex convento del Desierto de los Leones, en una muestra que rendía homenaje al artista Joseph Beuys, “de quien, por cierto, no habíamos visto nunca una exposición”, mencionó Santamarina. Lo anterior confirma la dificultad que los artistas mexicanos padecían para acceder y conocer las manifestaciones culturales del extranjero. Motivados por incrementar el insípido flujo de información entre la escena artística mexicana y el extranjero, los artistas Yoshua Okon y Miguel Calderón fundaron un poco más tarde (1994) La Panadería, un espacio de arte independiente ubicado en la colonia Condesa. Ahora, a casi tres años de la desaparición del espacio, la editorial Turner en coedición con Conaculta publica un libro que reúne la historia del lugar “que significó la irrupción de un estilo generacional”, en palabras del crítico Cuauhtémoc Medina. ORIGEN DEL ESPACIO. Yoshua Okon recién regresaba de Canadá inspirado por un circuito de galerías independientes; al mismo tiempo Miguel Calderón regresaba de San Francisco influido por un foro llamado ATA (Artist Television Access, creado por el videasta Craig Valdwin). Ambos esquemas determinaron la metodología que La Panadería habría de seguir. “Tratamos de crear una comunidad en la que el diálogo constante provocara el surgimiento de proyectos artísticos. Ese trabajo en comunidad ayudó a crear un contexto cultural al que se adhirieron muchas personas: el lugar se convirtió en un imán y en un punto de referencia”, expresó a Crónica, Yoshua Okon. La Panadería se convirtió pronto en “un territorio de actividad libre que se mantenía alrededor de su propio circuito de asistentes”, en palabras de Cuauhtémoc Medina. DETONADOR. En aquella época (finales de los ochenta, principios de los noventa) las instituciones oficiales “eran impenetrables por los artistas jóvenes, los foros eran poco accesibles y tenían una prioridad por exponer obra de una sensibilidad diferente a la que los artistas jóvenes hacían”, explicó Yoshua. El proteccionismo a ciertas corrientes como la pintura de los años ochenta y la cerrazón a las nuevas disciplinas motivaron a varios colectivos mexicanos a explorar métodos de gestión y exhibición con independencia de los apoyos estatales. Estos espacios como Temístocles, La Quiñonera, el Salón de los Aztecas, Curare, etc., “fueron modelos de instituciones paralelas, centrales en el desarrollo del arte contemporáneo de nuestro país que establecieron una divergencia frente a la institución establecida”, en palabras de Medina. El esfuerzo de estos grupos, entre ellos La Panadería, motivó con el paso del tiempo que ciertas instituciones culturales se abrieran a las nuevas manifestaciones. “Era ya incontrolable el hecho de que existían nuevas generaciones trabajando con otros soportes que no son los tradicionales. Los artistas estaban cansados y hartos y surge la idea de crear otras opciones que van ayudando a cambiar las cosas”, mencionó Santamarina. En ese sentido, una de las aportaciones más concretas que La Panadería hizo fue darle proyección internacional al arte mexicano, ayudados por un contexto de apertura comercial —el TLC se firmó el mismo año en que el espacio abrió sus puertas. Por todos los cambios estructurales que generó en el arte (con ayuda de los antes citados colectivos) el rescate de la historia de La Panadería en el libro de Turner es un esfuerzo rescatable por conservar la historia del arte reciente en nuestro país, “contrario de lo que sucede con muchos otros esfuerzos que se quedan en la ignominia, en la total indiferencia, sobre todo cuando las iniciativas provienen de artistas independientes”, sentenció Guillermo Santamarina. Si en México hay tres mil personas interesadas en el arte contemporáneo, la edición de Turner se agotará pues “es un libro que nadie puede ignorar para entender mejor la historia reciente del arte en nuestro país”, en palabras de la curadora Sol Henaro.

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