La Crónica de Hoy | En Huehuetán, Chiapas, gracias al ingenio de un ganadero, por fin reciben víveres

En Huehuetán, Chiapas, gracias al ingenio de un ganadero, por fin reciben víveres
Alejandro Sánchez en Chiapas | | Fecha: 2005-10-14 | Hora de creación: 00:00:00 | Ultima modificación: 14:26:25
A Huehuetán, uno de los municipios aislados que dejó Stan, entró por tierra el primer bote de gasolina y ello representó el inicio de una nueva modalidad de comercio entre los pobladores que para la moneda mexicana representó recobrar su valor oficial en la región sur de Chiapas. —Aquí el dinero ya perdió su valor— había dicho el martes un habitante, cuando un periodista le ofreció un billete de 100 pesos, después de haberlo transportado de un punto a otro para inspeccionar las zonas devastadas por el huracán. Hasta el miércoles solamente era posible entrar en helicóptero, pero ayer por la mañana, los pobladores, que se habían organizado desde el lunes, ingeniosamente lograron cruzar los brazos del río Coatán y Huehuetán, los cuales incomunicaron a Viva México de Mazatán y a éste de Huixtla. Así que Sergio Pérez, un ganadero de Viva México al que el río le engulló su rebaño de obejas y cabras, se fue a Tapachula con un garrafón de 40 litros. La caminata (ida y vuelta) representó cuatro horas de su tiempo pero volvió y abasteció su estaquita Nissan para ponerse a trabajar: —A Mazatán. Súbale, súbale -—gritaba. —¿Cuánto cobra?—le preguntó un señor. —Diez pesos. Antes del medio día, las familias que no habían recibido víveres comenzaron a salir y regresaron con alimentos y agua potable: se tendió un puente colgante de 50 metros, se instalaron garruchas y se tendieron cuerdas y cables de acero para atravesar, todo esto entre la conexión de los tres municipios. La travesía de Tapachula a Huixtla (40 kilómetros), ida y vuelta, dura entre cinco o seis horas (antes de Stan tardaban 20 minutos), dependiendo el paso que uno lleve en la caminata y la suerte para encontrar un automóvil en servicio en los tramos en los que se puede transitar. —La gente está recuperando las ganas de vivir. —Dice un oficial del Ejército mientras descarga una camioneta con víveres. Sin embargo, en esos puntos nada más hay dos grupos de soldados. Entrando por Tapachula, hay que cruzar un primer cauce del Coatán, que como el segundo cause puede ser por garrucha (una cuerda de acero atada a una polea), una especie de teleférico rudimentario que desliza a la gente de un extremo a otro. —Con lo que guste cooperar. —Le dice Armando López a una señora como de 80 kilos a la que sostiene antes de ayudarle a tomar vuelo. Pero hay otra opción de pasar las dos ramificaciones del río, donde quedó destrozada la carretera Libramiento: a pie aunque el agua te cubra hasta el cuello. La corriente ya no cruje con la misma fuerza que hace una semana. Los jóvenes más fuertes se ofrecen para cargar las despensas, los botes de gasolina o cualquier paquete pesado, y como retribución también reciben monedas de distinto valor. Es la manera de entrar al primer municipio Viva México, luego se debe pasar otro puente, sobre el río Huehuetan, para ir a Mazatán o Huixtla. El puente fue improvisado con material de hierro que va atornillado entre sí y recubierto de madera, el cual es reforzado por debajo con una pala mecánica de una excavadora del gobierno. —A Mazatán —gritan choferes al estar del otro lado pero también hay los que van a Huixtla. La medida de comunicación ha permitido el flujo de gente durante la mañana y hasta antes del anochecer (quienes estaban en la montaña empezaron a bajar). También permitió que la despensa se comience a distribuir por tierra, recorriendo las carreteras que están en buen estado. Y como el paso de personas se vuelve multitudinario, amas de casa cocinaron quesadillas de queso o hicieron empanadas que las venden a cinco pesos. Otras, cuyos esposos se fueron a la cosecha de mango o papaya empezaron a vender rebanadas de fruta a un peso. Una docena de indocumentados guatemaltecos contratada ilegalmente por el ingenio azucarero de Huixtla quedó en la finca atrapada nueve días con el agua hasta las rodillas, pero la comunicación le permitió ayer volver a pisar tierra. —Ya no hay otro río que pasar —pregunta José Manuel Portillo, quien encabeza la exploración de los guatemaltecos que bajan en fila india, y cuando está cerca de entrar a Tapachula. Cuatro son hombres, tres mujeres y los demás niños de todas las edades que trabajaban en la zafra y que fueron los más olvidados de los olvidados. —¿Cuántos días estuvieron allá? —Cómo cuatro y los demás que llevamos caminando pero nos quedamos atorados porque no se podía pasar hasta hoy. —¿Para dónde van? —¡Uy! Pa’dónde haiga de comer.
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