Toda poesía está compuesta de un gran dolor: Olivera | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Abril, 2016

Toda poesía está compuesta de un gran dolor: Olivera

En la cuarta de forros del nuevo libro de Ernesto Olivera Castro, Isla de memoria (Editoriales Cuiria y Fridaura, 2005) la poeta cubana Elena Tamargo afirma rotunda que “el poeta está solo. Debe buscar lo heroico y lo divino entre los hombres. Por eso ha de participar de sus miserias”. Inspirado en la tierra de la que hace años salió, el poemario Isla de memoria fue “gestado y nacido”, como sostiene el autor en entrevista con CRÓNICA, igual que toda obra: “con sufrimiento”. Escribe el poeta: ¡Ah, islas verdes y húmedas/ ron de naufragios/ islas que también sufren…/ El creador cubano asegura que se inspiró en temas varios, que llenan las páginas de un libro que se encuentra plagado de versos dedicados a La Habana, los niños, mujeres, la isla y al olvido. Porque él mismo asegura, “toda poesía está compuesta de un gran dolor”. LOGROS. Ernesto Olivera Castro cuenta con más de 12 galardones por su trayectoria como poeta. Ha escrito tres libros previos a Isla de memoria que, de una u otra forma, hacen que la mente regrese al ritmo de la tierra caribeña: Habitante provisional, Cuarto menguante y La salvedad. Para Olivera “las palabras no son de nadie”, porque gran parte de su obra se encuentra marcada por lo que se reconoce como un sentimiento patriótico e inalterable.” Sostiene que “esta Isla de memoria nos afecta a todos; es curioso cómo se siente dolor desde el exilio”. Exilio que ha llevado a tantos otros a expresar lo mejor de sí desde el otro lado del mar: “Yo no veo al exilio como una bandera para subir al cielo”, sostiene Olivera, y a renglón seguido afirma con alegría: “se puede ser cubano desde cualquier lado”. Porque Ernesto escribe también estos versos con vocablos muy suyos: Habanecer/ como depredador del tiempo/ entre turistas fulas, maestros, jineteras, poetas,/ brujos milicianos y pingueros […] En Isla de memoria se percibe un reclamo que va desde la añoranza por lo que se vivió y por lo que se ha dejado de sentir. Imágenes que conmueven el alma y a quienes se acercan a las letras del autor. De 65 páginas y con una obra plástica de Arturo Terán en la portada, titulada El exilio es un barco que se hunde, el libro invita a la lectura desde el primer verso. La edición de este texto corrió a cargo de la editorial mexicana Fridaura quienes, según explica el autor, trabajaron de manera directa y entusiasta con él durante la edición de la obra y que permanentemente buscan autores nuevos para su publicación. Finalmente Olivera se despide en el poema XLV con estas palabras: Yo he de seguir en posición araña/conversando conmigo mismo y alegando/y alegando sobre lo que dicen mis poemas/ en la sospecha del más leve gesto/tierra afuera mar adentro bien quisiera/ derramar el ron en tus pezones durásemos/ y olvidar por un rato estos ojos de guerra/ no hay azar ni coincidencias/ nadie escapa del engranaje/ de la sombra de tu sombra del simulacro del amanecer/no hay conversación que nunca sepan/ Entonces el adicto y el contrario han de continuar/ su dilema/ o sobremorir en los tiempos del sida, /del chantaje filantrópico/ ¡OH!, Isla interrogada/ no escribo más.

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