Con el rito “pone bandera-quita bandera”, propician fertilidad | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Con el rito “pone bandera-quita bandera”, propician fertilidad

Intimidades, defectos, debilidades y “uno que otro pecadillo” afloran en la ceremonia prehispánica –aún en boga en nuestros días— llamada “Pone bandera-quita bandera”, donde como hace más de 600 años, pobladores de esta región de Mixquiahuala, Hidalgo, realizan el rito de la confesión pública. El sincretismo está presente en el rito de la fertilidad de la Tierra y la Semilla y de la mujer con el hombre, ceremonia propiciatoria dedicada a San Nicolás Tolentino, y a San Antonio de Padua. En esta cabecera municipal millares de habitantes participan de lo que el pueblo Tolteca ya celebraba con el símbolo del fuego “de una nueva era”. ANTES, UN PULQUITO. Como sus ancestros en la ceremonia pagano-religiosa se invita a reflexionar, “corregir yerros, malos pasos o sacudirse malos espíritus”. Sin embargo, una “obligación” se impone a los varones: “acudir en estado ebrio para sacar los más profundos sentimientos”. Durante una semana millares de habitantes participan de la singular costumbre, que inicia con la colecta de flores silvestres en montañas cercanas al lugar, donde “este año poco más de mil jóvenes apoyaron en lo que fue confección de collares”, asegura el Mayordomo, Rómulo Chávez García. En calles de las colonias Boxtha y Los Tigres —únicos barrios que conservan esta tradición prehispánica— se construyen torres triangulares donde se “pone bandera” y alargadas chozas para venerar a las imágenes religiosas. Una fina alfombra de serrín, cero fino y diamantina de colores separa ambas construcciones. Rezos, oraciones, retraimiento y actos de contrición prevalecen en el ambiente; con ellos se motiva a la reflexión para el día final de la ceremonia, momento en que se habrá de pedir ante los santos patronos públicamente. Tras siete días de “guardarse” y luego de una comida comunal en la que se cuentan por encima de los dos mil concurrentes, la celebración de “Quita bandera” —de la fertilidad de la semilla y la Tierra, y de la Mujer con el Hombre— concluye: “Somos uno solo. Una hermandad dispuesta a ayudarse para solucionar problemas comunales”, asegura en su “lúcida” borrachera Rómulo Chávez García. Como uno más de los 40 mayordomos en los festejos de “quita bandera” y luego de ingerir una buena cantidad de un “delicioso pulque”, asume su lugar en la fila donde se intercalan niños y jóvenes. A sus más de 80 años de edad, sobre su silla de ruedas el Mayordomo Mayor, Rosalío Chávez Calva, observa y reza, allá en el fondo de la choza y compromete: “Ya eres parte de la comunidad... Híncate en el petate y persígnate frente a las imágenes”. Surcos del sol, del viento y la lluvia cruzan su morena cara que deja entrever una sonrisa de ternura, mientras sus manos sostienen un micrófono de moda que por momentos se desconecta y le deja a medias las palabras, le interrumpe... “Encomiéndate a San Nicolás Tolentino y a San Antonio de Padua para que te iluminen”. “Que la vida colme y a los tuyos de bendiciones”, pide. En la fila y a la entrada de la choza mujeres colocan en el cuello de Rómulo Chávez García su collar de flores, quien junto con todos los varones –de orgullosos y claros rasgos indígenas— van en antesala al último paso del rito de la fertilidad. Es ahí donde comienzan las confesiones “porque todos se conocen y se convierten en sus propios jueces”. Látigo en mano un shiíta –capataz, en náhuatl— obliga a nuevas personas a participar y a “chicotazos” les hace tomar su sitio dentro la choza. Varones del lado izquierdo. Mujeres enfrente como observadoras de la tradición Tolteca en nuestros días. Practicado entre pueblos de Mesoamérica, el rito de la fertilidad llega a su culminación cuando —ante el mayordomo mayor y las imágenes religiosas—, cada varón toma un banderín y brinca ante los concurrentes y “aleja de si las malas vibras”. El munícipe representa la máxima autoridad “quita bandera” y deposita su custodia en una nueva familia radicada en las colonias Boxthá o Los Tigres, “hasta que sea tiempo de una nueva era”. Finalmente hay se da paso a un festival con diferentes muestras y manifestaciones culturales con lo que se cierra un ciclo y se abre otro, de éstas ancestrales tradiciones.

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