Emmanuel Carballo cuenta a nuestros lectores anécdotas de los escritores que ha conocido a lo largo de su carrera | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Emmanuel Carballo cuenta a nuestros lectores anécdotas de los escritores que ha conocido a lo largo de su carrera

En el último capitulo de Diario Público 1996-1968 (Conaculta 2006) el ensayista, poeta, periodista y crítico literario Emmanuel Carballo hace las predicciones de lo que él cree pasará con las figuras de la literatura mexicana del momento; le atinó casi en todo: ahí ve como prospectos muy sólidos a Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis. Se trata de escritos hechos con la frescura del momento, pero con la profundidad del conocedor. En sus casi 600 páginas desfilan los escritores más importantes residentes en México. Son anécdotas, reflexiones, pensamientos con los cuales se crea un enorme fresco de lo que ha sido la literatura mexicana en sus momentos estelares. Dice Carballo que empezó a escribir su Diario en 1966, cuando tenía 37 años y era más o menos conocido. “Por ese entonces había publicado mi segunda antología del cuento mexicano (la del 64) y la primera edición de los Protagonistas”. En ese mismo año fundó la Editorial Diógenes, casa editorial que dirigió a lo largo de 20 años. Este trabajo como editor es quizá un aspecto no tan conocido en el presente, aunque en su tiempo este esfuerzo convocó a los mejores escritores mexicanos y a no pocos extranjeros. Por ejemplo, Reinaldo Arenas era un cubano que con poca obra había logrado colocarse como uno de los grandes escritores. En lengua española Emmanuel Carballo fue el primero que lo publicó. Se recuerda las novelas El mundo alucinante y Celestino antes del alba. Luego, cuando Arenas puede salir de Cuba y vivir en Nueva York le reclama a Carballo, en una carta fechada el 9 de enero de 1980, el pago de regalías. La respuesta de Emmanuel, con fecha 23 de enero del mismo año, es no sólo contundente sino que da mucha claridad respecto de cómo concebía Carballo el papel del editor, un editor ciertamente distinto al que conocemos hoy día en el ámbito del capitalismo salvaje. He aquí su respuesta: “Nuestra relación editor-escritor en ningún momento se basó (y tú estuviste de acuerdo, relee la carta que me enviaste el 23 de enero de 1980) en las normas de la ética librera tradicional. “Yo publico libros desde 1967 no como negocio sino como acto de servicio cultural y político. Desde el punto de vista financiero —continúa Emmanuel— soy un editor pirata ya que publico a los grandes escritores (Bendetti, Nicolás, tú) para editar con sus ganancias a autores desconocidos como Edmundo de los Ríos, Parménides García Saldaña y Lizandro Chávez Alfaro. “No pago derechos de autor y autorizo a cualquier editor que lo desee, apropiarse, sin formalismos, de mis libros: son de todos.” (p. 543, de la citada obra). En la historia de esta Editorial está el haber publicado un libro fundamental De la Guerra, de Karl Von Clausewitz, que se estudia en todas las academias militares. “Yo ese libro lo corregí y lo publicamos en Diógenes y fue uno de nuestros éxitos. Era la única edición en español. La tomamos de las Fuerzas Armadas de Cuba. Clausewitz no era un hombre de izquierda ni de derecha, era alguien que sabía del arte de la guerra, nada más”. Finalmente, respecto a su papel como crítico gracias al cual ha podido impulsar a muchos escritores, reflexiona: “En la literatura mexicana hay mucho de ingratitud, dice Carballo en entrevista en su casa de Contadero, en la que da una muestra de su criterio a la hora de juzgar a un escritor: “Hay ahora gentes famosas que creen que se hicieron solos. Te agarran de escalón para subir. Pero yo no soy escalón, yo ayudé a muchos porque estaba haciendo bien a la literatura en lengua española. El talento literario hay que ponerlo por encima de todo. Que seas una piltrafa como ser humano, pero un gran escritor; me olvido de la piltrafa”. El buen tino para escoger escritores lo explica así: “este don profético hay algo de intuición y hay mucho de cultura y buen ojo para estar leyendo y leyendo. Si ves mi biblioteca, abundan más las obras escritas en español no solamente las traducidas a nuestro idioma, sino los escritores en nuestra lengua y fundamentalmente escritores mexicanos, cuentistas, ensayistas, poetas, dramaturgos, y mucho de literatura”. Entonces los recuerdos lo llevan a una anécdota curiosa. EL Premio Mazatlán donde Emmanuel fue jurado. Este galardón tiene a partir de entonces una mancha: Cuenta Carballo que “fui jurado, propuse a Octavio Paz y perdió. Y más tarde la Academia Sueca de la Lengua le dio el Premio Nobel.

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