Henríquez Guzmán, el general que evitó un baño de sangre en 1952 | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Abril, 2016

Henríquez Guzmán, el general que evitó un baño de sangre en 1952

Lucha. El general Henríquez lee un discurso ante sus seguidores en la ciudad de México. A la derecha, “El libertador” en el momento de aceptar la candidatura a la Presidencia de la República.
En 1952 el Partido Revolucionario Institucional (PRI) impuso como presidente de la República a Adolfo Ruiz Cortines, provocando que la izquierda (cardenistas y militantes del Partido Comunista) se movilizara para colocar por la fuerza al candidato Miguel Henríquez Guzmán, postulado por la Federación de Partidos del Pueblo, quien era el que verdaderamente había ganado. Se dieron los enfrentamientos, la guerra civil se antojaba inevitable, pero súbitamente todo se detuvo y la historia tomó el curso que ya todos conocemos: Ruiz Cortines gobernó hasta 1958. ¿Qué fue lo que sucedió?, ¿quién impidió que la marcha comunista se lanzara contra Palacio Nacional?, ¿quién detuvo a la resistencia que estaba dispuesta a entregarle a Henríquez la victoria que le habían arrebatado? La respuesta la da el escritor Francisco Estrada Correa, autor del libro Sin reconocimiento oficial (Centro de Estudios del Liberalismo Mexicano), una rigurosa biografía del general Miguel Henríquez Guzmán (1898-1972), considerado como el último liberal mexicano, que quedó excluido de la historia oficial y desterrado de la memoria de un gran sector de “la izquierda”. Escribe Estrada Correa: “En 1952 sí hubo una elección de Estado en México. Eran los años dorados del PRI, y estaba a su servicio todo el aparato gubernamental: ministros, gobernadores, presidentes municipales, los medios de comunicación y grupos empresariales obedecían a una sola consigna, la del presidente de la República. “A pesar de que quien se perfilaba como seguro ganador” —agrega Correa— “no era el candidato oficial, el resultado pues, era previsible: ganó Miguel Henríquez Guzmán, también llamado El Libertador, pero se dio la presidencia a Adolfo Ruiz Cortines. “Entonces la izquierda creyó tener una oportunidad de acceder al poder. Capitaneados por Lázaro Cárdenas, los comunistas se subieron al barco de la candidatura henriquista y llegadas las elecciones fraguaron un plan: provocar una rebelión popular para derrocar al gobierno e imponer a Henríquez Guzmán por la fuerza”. Numerosas eran las personas que estaban dispuestas a luchar por la causa de Henríquez Guzmán, un verdadero fenómeno de popularidad, quien a los 14 años tuvo un único sueño: ir al Colegio Militar. Así fue como se presentó con sus excelentes calificaciones con Francisco I. Madero, en ese entonces presidente de la República, para que lo aceptara en el Colegio, como finalmente sucedió. ENFRENTAMIENTOS. Al día siguiente de los comicios —relata Correa— los henriquistas convocaron a una gran concentración en la Alameda para festejar la victoria. El partido comunista, armado con palos y piedras, se agrupó en filas dispuesto a hacer estallar la violencia. Se dieron los primeros enfrentamientos, las primeras riñas con la policía. Los ánimos estaban a tope... “Los generales cardenistas sólo esperaban luz verde para lanzarse sobre Palacio Nacional”, dice entonces Correa, quien para su investigación recopiló documentos y fotografías inéditas tomadas del archivo del propio Henríquez Guzmán y testimonios de gente que lo conoció. Pero la autorización para proceder con el golpe de Estado nunca llegó. En cambio hubo una orden de detener cualquier acto de violencia. Procedía increíblemente del propio Henríquez Guzmán. “Henríquez tomó una decisión que molestó a casi todos: más que en sí mismo, pensó en el país y decidió evitar un baño de sangre inútil. Él personalmente salió a las calles y se dedicó a desactivar a los agitadores y a calmar a sus partidarios”. La decisión estaba tomada. No habría ningún enfrentamiento más, ni mucho menos un golpe de Estado. Fue entonces que Adolfo Ruiz Cortines tomó protesta como presidente, en tanto que Miguel Henríquez Guzmán, el último liberal mexicano, pasó a la historia como el hombre que “traicionó” a la “izquierda mexicana”. Quedó desterrado tanto de la historia oficial como de la memoria de los comunistas. Nunca fue perdonado. * Investigación El escritor Francisco Estrada Correa, autor del libro Sin reconocimiento oficial señaló que “es indispensable traer a la memoria la vida y la lucha de Miguel Henríquez Guzmán, el último liberal mexicano, como lo llamó José Valadés, y uno de los pocos que desafió al aparato frentepopulista. El volúmen, que se basó en dos investigaciones que se hicieron en 1988 y 1998, surge con motivo del 100 aniversario de la creación del Programa del Partido Liberal Mexicano y fue editado por el Centro de Estudios del Liberalismo Mexicano “Miguel Henríquez Guzmán”. Para su investigación, Correa se valió de información aportada por Enrique Quiles Ponce, ayudante del general Henríquez; el coronel Roberto Pérez Aguirre, piloto del avión de la campaña; Rafael López Carvajal, ex secretario del general Henríquez, e innumerables líderes.

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